CÚCUTA.
En el 2008, comenzó la travesía. Han pasado 17 años desde cuando la curiosidad metió a José Alexander Ortiz en el mundo del arbitraje. La casualidad se dio en la cancha del barrio Pescadero. Ahí, mientras observaba el partido de fútbol, recibió la invitación que lo tiene encumbrado y con el sueño de llegar más lejos.
A los 7 años quedó huérfano de padre. El infortunio no lo amilanó, por el contrario, con el hermano salieron en búsqueda de latas y botellas plásticas para reciclar. De esa manera ayudaban al sostenimiento de la familia. En las canchas de fútbol oficiaban como recogepelotas. Así se divertían y pasaban los momentos que les deparaba la vida.
Un día, de esos que el destino tiene marcados como el ideal, llegaron a Pescadero donde se disputaba el torneo de taxistas. Observaban a los jugadores y tenían la mirada fija en el juez central. Veían los movimientos, las carreras y los gestos. Víctor Gutiérrez es el responsable de que hoy, Ortiz tenga escarapela FIFA.
- Se nos acercó y nos dijo que si queríamos ser árbitros. Dijimos que sí y nos ofreció el curso.
Los muchachos, entusiasmados con las puertas que se les abrían tomaron en serio el ofrecimiento. No fueron al colegio de Gutiérrez, se digirieron al de Figueroa. Ahí comenzó la carrera arbitral.
Este oficio le ha permitido escalar posiciones en la sociedad, ser reconocido por los aficionados al fútbol y tener nombre en este ámbito, a veces, desagradecido. De todo lo ganado, Alexander prefiere el de haber alcanzado el título honorífico de “ser, primero, un gran ser humano. Ser una persona con muchos principios y valores”. De ahí para adelante que venga lo que sea.
Vestido de negro, o de colores llamativos y a la moda, ha conocido amigos, ciudades y estadios. Es consciente de que con las decisiones que se tomen en el terreno de juego se mueven sentimientos, emociones, amores y desamores. Las felicitaciones llegan por parte de los ganadores del encuentro. Los perdedores, en cambio, no quedan conformes y hacen las críticas, en ocasiones, alzadas de tono.
- Es difícil tener a 22 jugadores, más la gente que está alrededor, contentos.
Entre los aficionados hay quienes lo quieren y lo respetan, porque saben quién es, cómo ha subido hasta ese sitial, cuál ha sido el esfuerzo que ha hecho para coronar la cima y cómo se ha sacrificado para ganar los honores que lo diferencian de los demás.
Son más los agradecidos que los desagradecidos por la labor que Alexander cumple al dirigir el fútbol aficionado y profesional colombiano. La Academia Olímpicas, a finales de octubre, hizo el reconocimiento, le entregó una placa y lo exaltó por representar a Cúcuta y Norte de Santander en el balompié nacional.
- Me siento emocionado, muy feliz. Esto me conmueve. Me llena de orgullo para seguir en la lucha por las metas y los sueños que tengo.
El árbitro es aquel ser humano que tiene sentimientos, sufre, tiene familia, se alegra cuando le va bien o se entristece, porque le va mal en el terreno de juego. Eso no lo vive la gente que lo juzga, que lo señala, que lo tilda con los peores epítetos.
Desde las tribunas los aficionados no comprenden el trabajo y en respuesta a cualquier equivocación o decisión desacertada lanzan insultos y groserías con las que ofenden a la familia.
- No saben que detrás de nosotros están los hijos, la esposa y la madre, que también sufren. Cuando me va mal mi familia sufre. Mi mamá sufre. Llora conmigo cuando llego triste a la casa.
Otros causantes del dolor que agobia a este árbitro cucuteño son los comentarios de los periodistas, los señalamientos en los medios de comunicación y los descalificativos le duelen. José Alexander pasa la página, tacha los momentos aciagos y sin mirar qué tan infeliz lo puedan hacer, habla del futuro.
Repasa los sueños. Al frente les escribe, ‘cumplidos’. Mira hacia adelante y observa que las metas están lejos. Entonces, pasa al capítulo de propósitos. Quiere demostrarles a la madre y a la familia que tiene cómo caminar esa distancia a buen ritmo.
- Quiero representar a este lindo departamento y a Cúcuta, y ser una de esas personas que los enaltecen en un Mundial o en un certamen más alto (Juegos Olímpicos).
¿Qué le ha quitado el arbitraje?
- Me ha dado mucho. Más de lo que me ha quitado. Me ha dado más de lo que soñé y que pensé que no iba a cumplir. Estoy agradecido y soy un privilegiado de esta linda carrera y esta linda profesión.
¿Cuál es su héroe mundial en el arbitraje?
- Tengo el sueño de conocer a (Pierluigi) Colina (italiano), espero que Dios me dé la oportunidad. (Wílmar) Roldán me ha ayudado mucho. Y muchos otros árbitros que han sido insignias en el arbitraje colombiano.
¿Hasta cuándo será árbitro?
- Hasta cuando la vida y Dios me lo permitan. El día que deje de ser árbitro seguiré ayudando a muchos que quieran cumplir este lindo sueño.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Contraluz.CO Sólo Periodismo



