Luis García, de 68 años, estatura mediana, barba larga y blanca, sombrero y chaleco, sale de casa, en el barrio La Pastora (Cúcuta), con destino a Lourdes. Va en la bicicleta adornada con la bandera de Colombia. El recorrido en carro hasta el municipio, en el occidente de Norte de Santander, dura dos horas. “Yo me demoro 10 horas. Salgo a las 3:00 de la mañana y llego por la tarde, dándole parejito”.
Ha ido a Sardinata, Chinácota, Bochalema, Santiago, Salazar y Gramalote a embetunar zapatos para ganarse el sustento diario. ‘Pirri’, le dicen los que lo conocen, porque se la pasa en todas partes, camina por las calles en busca de calzado para limpiar y brilla.
Nació en 1947, en Lourdes. Ahí vivió parte de su vida con la familia y en el campo, en un rancho grande. Dedicaba las horas a las labores agropecuarias y a cazar animales en la montaña con trampas. El hermano lo acompañaba en la travesía y bajaban con leña para venderla. Siempre ha caminado largas horas, por eso tiene buen físico. La gente se sorprende al verlo por las carreteras a pesar de los años que tiene.
De lunes a viernes, trabaja en la sexta. El día comienza a las 4:00 de la mañana con la acostumbrada oración. En la ciudad le va mal, razón por la cual viaja a los pueblos cercanos. Allá, a la gente le gusta que les pula los zapatos y disfruta del ambiente. “Me gusta ir a cuidar de la gente”.
Luis está sentado en una banca del parque. Tranquilo continúa el relato y recuerda que en la juventud trabajaba en restaurantes como mesero, le gustaban la fiesta, el trago y las mujeres, hasta que enfermó por andar de mujeriego.
La madre murió a los 100 años. Al nombrarla las lágrimas ruedan por el rostro, hace memoria y trae a colación al hermano, que murió a los 15 años. Este hecho no lo esperaba la familia. La tristeza lo embarga porque en el tiempo que compartieron estuvieron juntos. Luego de vivir en Lourdes se trasladaron a Gramalote y vivieron en Pueblo Viejo. Me dedicada a la pesca junto con mis hermanos para comer y vender”.
Desde la juventud ha visitado lugares en cicla, le gusta ver el ciclismo por la televisión y el esfuerzo de los pedalistas lo toma como fuente inspiración para continuar con esta afición. La vida ha sido difícil, con poca estabilidad económica y metido en el rebusque para comer y mantenerse. Dejó el trago hace 15 años, para cuidarse en salud y no perder el físico.
Otra amargura que embarga a Luis García es que no puede montar en bicicleta como antes, una hernia inguinal se lo impide. “Ahora, me toca venirme poco a poco y pedir la colita en volquetas o camiones”. En el pueblo le gusta hablar con los parroquianos y hacerles bromas. Entre los sueños está escribir un libro con las experiencias vividas como trabajador y con los viajes largos en cicla por algunos municipios de Norte de Santander.
Es un hombre carismático, alegre, camina casa por casa en busca de zapatos. Cada embetunada cuesta mil pesos y al día puede ganarse entre $ 30.000 y $ 40.000. La seriedad y el cumplimiento de la palabra empeñada los aprendió del abuelo y no lo ha defraudado. “El hombre es creador de muchas cosas maravillosas y que lo más malo que ha creado son las armas”.
Sentado en el parque principal de Lourdes espera al primer cliente de la mañana. Vive orgulloso por los viajes y sin asomo de humildad dice que cualquiera no lo hace, ni un muchacho con físico es capaz de igualar esas hazañas. La experiencia ganada mientras caminaba por montañas y caminos, y el recorrido a los pueblos lo hacen ver como un aventurero que vive sin preocupaciones, a pesar de los problemas que le ha afrontado en la vida.
DANILO GALLO
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co
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