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OPINIÓN. Educación: La cenicienta

Es sistemático el planteamiento acerca de la necesidad de cerrar la profunda brecha que existe en la educación de los sectores más desfavorecidos de nuestra sociedad, punto en el cual todos estamos de acuerdo. Las dificultades aparecen cuando se habla del compromiso presupuestal que la nación colombiana debe invertir en la educación, porque en concreto “Colombia es el que menos recursos destina a la educación básica”, según estudio  publicado en el diario La República (9 de septiembre) y que tituló: “Para OCDE (Organización  para la Cooperación y Desarrollo Económico), Colombia es la nación que menos gasta en la educación básica entre los países de la región”.

De arrancada tenemos que decir que no estamos de acuerdo con el término o verbo “gastar” cuando se refiere a la educación. Es mucho mejor referirse en término de “inversión”, pues los resultados a la vuelta de los años son altamente benéficos para la sociedad colombiana en particular y para el conjunto mundial en lo general.

La opinión nacional, desafortunadamente, se acostumbró a considerar la educación como un “gasto suntuoso” y allí está ubicada parte fundamental de nuestra tragedia, pues mientras otras naciones consideran que la educación es el eje central de sus preocupaciones, situación que les permitió ubicarse a la cabeza de los países desarrollados, respetuosos y armónicos de la tierra, nosotros comenzamos a sobresalir en América Latina por ser un país que menos invierte de su presupuesto, en educación básica. Actualmente, el gasto fiscal por estudiante es de  2041 dólares para este sector educativo, mientras que la educación terciaria recibe 6882 dólares.

Si analizamos el caso más emblemático de educación que es el de Chile, el Estado invierte 4551 dólares en la educación básica al año por cada estudiante. En esta forma Chile es un país ejemplo en América Latina por ser el que más presupuesto oficial destina a la educación: 8333 dólares cada año por estudiante en el nivel terciario.

El presidente Santos, en su discurso  de posesión para el segundo periodo, al que fue reelegido por los colombianos, planteó la educación como una de sus tres preocupaciones básicas fundamentales junto con la equidad y la paz. Esto tiene mucho sentido y coherencia, pues no es posible lograr una sociedad equitativa e incluyente si no se garantizan significativos logros en educación. Del mismo modo, se requiere un  esfuerzo profundo y cotidiano para que la paz sea la realidad que se viva desde el corazón de cada colombiano, porque en el proceso educativo se reciba con calidad la formación ética que permite vivir armónicamente en comunidad, dentro de una perspectiva de felicidad y buen vivir, como insistían los filósofos griegos. De este modo, podríamos hablar de una cultura de paz y convivencia para todos, estable y duradera.

Los titulares de vergüenza que han invadido los medios de comunicación, donde la educación en el país sale muy mal librada y ocupa los deshonrosos últimos lugares como el caso de la prueba PISA, deben constituirse en el impulso  que le permita  al país efectuar un verdadero y profundo replanteamiento en esta grave situación. Es hora, entonces, de que la educación colombiana, al igual que la salud, salgan de este estado de postración, de ser las empobrecidas cenicientas que a duras penas pueden lograr resultados mediocres como los que estamos analizando. De este modo podríamos recuperar con fuerza  el famoso calificativo que designaba a Bogotá como “La Atenas Suramericana”.

Son muchas las esperanzas que abriga la Universidad Pedagógica Nacional desde el programa de Paz, en el sentido que ahora sí y de verdad se cumpla la promesa de que  el presupuesto de educación sea superior al militar, para que  sin tardanza  de ninguna especie se logre un mejoramiento profundo y efectivo en la educación, tanto básica secundaria y terciaria, de nuestros sectores populares que son los que han llevado la peor parte en lo que el famoso estadista liberal Carlos Lleras Restrepo llamó el “descuadernamiento” de nuestra sociedad.

ALONSO OJEDA AWAD

Exembajador de Colombia

Director del programa Paz  Universidad Pedagógica Nacional

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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