1.- Quienes desde la radio y la prensa hemos reiterado la necesidad de unos encuentros binacionales, y al más alto nivel, que permitan concertar acciones y definir auténticas y ejemplarizantes políticas de Estado, con el fin de atender el complejo y delicado momento que experimentan los habitantes de las zonas fronterizas colombo-venezolanas, que incuestionablemente siguen abandonados y marginados de normas y disposiciones que solucionen las vivencias que experimentan y los limitan, tenemos que confesar que no recibimos ningún apoyo de quinees por sus responsabilidades, encargos y obligaciones debieran velar por el bien común y la defensa de una sociedad que no puede progresar, ni proyectarse, si no hay un equipo humano dinámico e innovador y unas normas y regulaciones especiales que otorguen estabilidad y desarrollo a iniciativas y empeños para aplicarlas en estas fajas territoriales, que son muy distintas a las que se hallan en los centros nacionales, como es el caso de estas congregaciones poblacionales periféricas, sujetas a variables cambiarias, giros monetarios y conductas llenas de atajos, porque la ley de la oferta y la demanda radica en el rebusque por la búsqueda de lo inmediato y facilista en la mayoría de las operaciones que en cuantías menores o mayores se produzcan.
2.- Enfocar la realidad de la frontera es comprender que los Estados han sido inferiores a la realidad que cruza los puentes internacionales y a la esperanza de los miles de pobladores – incluidos los desempleados y los vendedores ambulantes que inundan calles, plazas y avenidas – porque no hay proyectos gestores de fuentes de empleo, ni hay estímulos e incentivos que permitan obrar en franca y legal acción para aprovechar las ventajas comparativas que existen, si se pudiera integrar la labor con tareas y empeños mancomunados a uno y otro lado de los límites, dada la ubicación geoestratégica vigente. Por eso, y porque hasta el libertador Simón Bolívar llegó a comprender lo que significan y representan estas tierras de colindancia, en el Congreso Constituyente de 1821, en la histórica – y también desatendida – Villa del Rosario llegó a plantear la conveniencia de crear una faja territorial para que la explotaran los Estados nacientes de Venezuela y Colombia. Infortunadamente, nadie captó la dimensión y la proyección de lo que insinuaba y proponía.
3.- Tomando este registro histórico, que bien captó, entendió y advirtió Rafael Eduardo Ángel Mogollón, nuestro ilustre historiador – desaparecido recientemente – un grupo de profesionales, encabezadas por quienes conocen bien estos valles y la situación que se experimenta, como Cesar Vallejo Mejía, Sergio Entrena López, Pedro Sayago Rojas y Alfonso María Padilla, han formulado a los gobiernos de las dos naciones una justa y urgente atención y para consideración sin prórrogas, ni mayores expectativas.
Ese documento, en nombre de todos, lo entregué en la Embajada de Venezuela en Colombia, representada por Iván Guillermo Rincón Urdaneta y a la canciller María Ángela Holguín, el 30 de diciembre, luego de diálogos en la Embajada de Venezuela en Bogotá y de acercamientos con la Cámara de Comercio Colombo Venezolana, que dirige Magdalena Pardo de Serrano y en procura de crear una faja territorial binacional y para establecer parques industriales y tecnológicos para que con zonas francas especializadas y una zona aduanera especial y disposiciones impulsoras de investigación, innovación y capacitación en las universidades y centros docentes pudiéramos dar inicio a un nuevo despertar y desarrollo favorable a todos y en estas horas en que se alude a China, USA, Rusia, Irán, etcétera, pero pareciera olvidarse que el poder de la unión, de la paz y de la fraternidad, más el deseo y el anhelo de superación, son factores fundamentales y trascedentes por su poder inconmensurable.
JOSÉ NEIRA REY
Contraluz.CO Sólo Periodismo