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HOMENAJE AL MAESTRO. Monólogo de un lápiz

Hoy estuve mirándome al espejo y noté que mi punta estaba un poco desgastada; sin embargo, me sentí feliz porque aún me quedaba mucha vida por delante y muy seguramente estaré en manos de ese personaje al que le dicen maestro. Me han contado que cuando yo era grande me miraba con mucho cuidado y buscaba el tajalápiz más nuevo para no lastimarme cada vez que tuviera que sacarme punta y escribir suavemente cada una de las ideas que aparecían en su mente, las que consignaba con sumo cuidado en su libreta de notas.

Debo reconocer que con él he aprendido a corregir muchos errores, pues gracias a quien me dio cuerpo, dejó sobre mí un pequeño sombrero con el que el maestro borra lo que considera que no debe estar escrito. Por eso, gracias a este sabio personaje nunca dejo que en los escritos se cometan errores, de ortografía, pero menos humanos que con el tiempo puedan ser empleados para hacerle daño a la sociedad. Gracias al maestro he tenido la oportunidad constante de revisar mi presentación y cuando noto que conmigo no se pueden hacer trazos firmes, le guiño el ojo para que tome de nuevo el tajalápiz y se corrijan las líneas de comportamiento que no han quedado muy claras. Él, lleno de sapiencia, toma con calma y pausa la decisión de borrar estos irreconocibles  trazos y da rienda suelta a su imaginación para crear círculos de realidades que cada uno de sus discípulos deberá aprender para poner en práctica en su vida y lograr que sus sueños se conviertan en el futuro en incontables realidades.

Siendo un humilde lápiz he podido reconocer en este gran hombre y en muchas mujeres que han seguido su ejemplo, la mirada diáfana de quienes se apresuran a edificar hombres y mujeres que han de servir a la humanidad como constructores de una sociedad sin exclusiones y plena de oportunidades para la niñez y la juventud que Dios ha puesto en sus manos.

Pero hoy que se acerca el día del patrono, el santo de la Salle, veo con profunda tristeza que así como se reduce mi tamaño por el buen  uso que de mi hacen, así mismo se agota la vida de quienes con su entrega y sus enseñanzas han trazado los caminos para  que muchas generaciones abandonaran la ignorancia y dedicaran tiempo a ser arquitectos de su realidad en el mundo. Sí, se agota su vida y con cabellos canos y la frente en alto lastimosamente tienen que seguir luchando para escribir conmigo los maltratos de que son víctimas por parte de gobiernos y sociedad.

Mientras en otras latitudes a mí me han desechado cambiándome por cursores láser y otras técnicas, allí la vida del maestro se escribe con mayúscula y en computadores que llevan inmersa en su tarjeta la dignidad para escribir sus nombres. Pero acá, en mi hermosa tierra, subsisto y soy importante para quienes escriben poemas, trazan líneas o dibujan rostros de dolor e incluso para los grandes economistas que conmigo en mano rayan cifras de presupuesto para no tener en cuenta a mis maestros. Así, no sé cómo se podrá cambiar.

Ayer, un joven estudiante me tomó en su mano y quiso hacer de mí un instrumento para escribir un improperio contra alguien y fue precisamente un maestro quien apareció en escena  y con voz pausada advirtió al infractor para aconsejarle que yo no debo ser utilizado en los muros, menos cuando se trata de faltar a la honra de los demás. El desalentado ofensor comprendió que conmigo sólo se debe escribir para el bien. Trémulo en su expresión miró al maestro y con un abrazo le expresó gratitud.

Por eso yo, un humilde lápiz, quise hablar porque los gobernantes no quieren comprender la importancia del maestro y a cambio de exaltar la loable labor que desempeñan los obliga a dictar con voces de dolor, la parálisis en su accionar y con ello me dejarán por varios días escondido en un rincón oscuro a donde no llegará de nuevo la ilusión de ser el instrumento para escribir conmigo el cambio que mi país necesita.

Querido maestro, admirada maestra, gracias a ustedes soy un lápiz feliz, porque mi vida termina con la palabra escrita, esa que quedará grabada en la historia. ¡Feliz día del maestro!

FERNANDO CAÑAS CAMARGO 

Profesor de Educación Física

Colegio Sagrado Corazón de Jesús – Cúcuta.

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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Un comentario

  1. ALBERTO MORA MORA

    Mi muy querido y recordado LAPIZ:
    Con cierta nostalgia capte el mensaje de su formidable personificación, en el recuerdo de 33 años de labor magisterial al servicio de la Educación en Norte de Santander. En las Escuelas Normales, donde preparaban a los maestros basados en los elementales principios pedagógicos para desempeñar con profesionalismo tan hermosa dignidad de llevar el título de maestro. Allí pude comprender el valor tan grande y la misión tan altruista que nos encomendaban al constituirnos en guías, tutores, consejeros, orientadores de las Nuevas Generaciones. Era latente la dignificación del maestro y las relaciones educador-educando tenían el respeto y la seriedad que los procesos requerían. El uso constante del tajalapiz por parte de los administradores de la educación convirtieron al maestro en una especie de conejillo de indias que casi siempre cae en la improvización de escuelas pedagógicas que experimentan y experimentan desde las entidades gubernamentales con resultados no muy claros, donde se muestran las grandes equivocaciones de quienes tienen la misión de mejorar la educación en nuestro medio.
    Desde mi retiro en calidad de pensionado, veo con mucha preocupación la difícil situación por las que están pasando mis compañeros maestros. Que la Divina Providencia ilumine a quienes tienen el deber de dar las pautas necesarias, para que las incongruencias y desigualdades presentadas tengan pronta solución y al maestro se le dignifique como debe ser. GRACIAS QUERIDO LAPIZ POR SU BELLO APORTE.

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