A los 90 años, murió hace unos dos meses, el doctor y comandante Fidel Castro, héroe de la revolución armada cubana, que derrotó la dictadura del sargento Fulgencio Batista, quien por golpe de estado derrocó al gobierno legítimo del presidente Carlos Manuel de Céspedes, con el apoyo del gobierno estadounidense, y de su Secretario de Estado Summer Welles, el 4 de septiembre de 1933.
Conocimos personalmente a Fidel Castro, el 9 de abril de 1948, quien a los 22 años, asistía a una reunión de estudiantes latinoamericanos. No vino a asesinar al doctor Jorge Eliécer Gaitán, con quien tenía una cita en su oficina a las 3:00 de la tarde de ese día, ni a sabotear la Novena Conferencia Panamericana, como mentalidades perversas lo han dicho.
Fidel era desde entonces un joven corpulento, de atractivo perfil, activo, buen orador, que con otro estudiante cubano se alojaron, si mal no recuerdo, en el hotel Claridge, de la calle 15 a espaldas del hotel Continental.
Encabezó con su hermano Raúl un movimiento de resistencia armada contra la dictadura de Fulgencio Batista, que dio lugar al asalto del poderoso cuartel Moncada, en el oriente de la isla, con un fracaso y una derrota, que casi les cuesta la vida. Fue apresado, juzgado y condenado a varios años de cárcel, ocasión en la cual afirmó, “podéis condenarme, pero la historia me absolverá”.
Liberado de la prisión, encabezó desde México un pequeño grupo de rebeldes con su hermano y el argentino ‘Che’ Guevara, que al desembarcar fueron diezmados y solo quedaron vivos, no más de una decena con los que se internaron en la Sierra Maestra y las selvas, donde organizaron la resistencia armada, que tras tres años de lucha lograron derrocar la dictadura, que terminó con la fuga del dictador, el primero de enero de 1959, como suele ocurrir en ocasiones similares.
Formó un gobierno revolucionario, estableció relaciones con la Unión Soviética. Estados Unidos había roto las relaciones y embargado el comercio. Enfrentó el embargo y con colaboración de la potencia rusa logró salir adelante y sortear las contingencias que le cayeron.
Enfrentó el inmenso poderío yanqui. Derrotó en la bahía Cochinos una poderosa invasión de cubanos, auspiciada y financiada por el imperio. Con dificultades, que supo sortear, logró que la isla sobreviviera con el fomento del turismo, la agricultura y el trabajo campesino.
Terminó con el analfabetismo. Fomentó el deporte y la salud, fundó hospitales, fabricaron vacunas, nuevos tratamientos para enfermedades de difícil curación y en algunos aspectos de la medicina son objetivos de referencia.
Con la ayuda de la Unión Soviética se convirtió en potencia militar, que le permitió ayudar a la liberación de algún país africano, con el envío de fuerzas militares armadas y equipadas.
Mantuvo rotas las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, por más de medio siglo, hasta cuando por intervención del papa Francisco, las restablecieron y el presidente Obama visitó la isla, después de más de media centuria, que no lo hacían.
Finalmente, podemos decir que Fidel Castro es una importante figura del panorama político mundial, controvertido, como el que más, amado hasta el delirio por centenares de miles de hombres y mujeres del mundo y odiado por muchos más. En Latinoamérica el más importante de todos, después de Simón Bolívar.
PABLO EMILIO RAMÍREZ
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Foto: Tomada de internet
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