CÚCUTA.- Cero y van dos. En los últimos encuentros del Cúcuta Deportivo en el General Santander, los escasos aficionados reunidos en la tribuna Sur han despedido al técnico ocañero Miguel Prince con un grito que resume el inconformismo que sienten por la manera como ha dirigido contra Unión Magdalena y Real Santander. Desde arriba, en coro sostenido, los integrantes de Banda del Indio gritan ‘burro, burro, burro’.
Ese calificativo, traído de estadios extranjeros, significa que hay descontento con el entrenador, por la manera como maneja los partidos, por los cambios que ordena y que no dan resultados, por amañarse con algunos jugadores a los que ha declarado inamovibles de la titular, por no saber organizar al equipo en la cancha, por dejarse ganar en casa, por tener al once motilón al borde de los cuadrangulares, por no exigirle a José Augusto Cadena mejor nómina, por hacer gastar unos pesos en domingo sin retribución en el espectáculo.
Los otros pocos hinchas no exteriorizan a todo pulmón los sentimientos que en estos momentos los atormentan. Vociferan de uno en uno y las palabras se las carga el viento sin hacer eco en los oídos del dueño del cuadro motilón. Pelean solos, contra los molinos, sin que se consiga el efecto pretendido. Cuando el presidente va al estadio se encierra en la cabina de cristal para no escuchar todas esas razones que les exponen desde los graderíos para que renuncie y libere al Cúcuta de sus cadenas.
Este domingo no fue la excepción. Los cánticos, a veces salidos de tono como los que salen, otra vez, desde Sur contra los futbolistas, no son más que la interpretación de un sentir. “Jugadores, la p… de su madre…” y de ahí en adelante los consabidos insultos que deben desmotivar a quienes corren detrás del balón, del salario y del buen nombre.
El ambiente no es sano, no es agradable, no anima a volver al General. Los 35.000 cucuteños que decidieron dedicarles el domingo a los hijos, salir a elevar cometas, ir al río Zulia, visitar familiares, pasear a Chinácota, Salazar o Pamplona, recorrer centros comerciales para salir del estrés, almorzar en Cornejo o ver las últimas competencias olímpicas, hicieron bien. Seguro, en esas actividades individuales o colectivas encontraron más gusto.
Asistir al estadio es deprimente y, en ocasiones, es mejor buscar esas rarezas que pueden pasar inadvertidas para muchos, que ponerle cuidado al fútbol que trata de jugar el Cúcuta Deportivo. Aquí algunas de esas piezas extrañas.
1.- El narrador que describe el uniforme del portero visitante. Dice que viste de naranja y parece una mandarina.
2.- Los siete pares de guayos con algo de color naranja que lucieron jugadores de ambos equipos.
3.- La frase de batalla de la Alcaldía de Cúcuta que no ha interpretado José Augusto Cadena: ‘Se puede progresar’.
4.- La disminución en el grupo de las porristas. Quedan seis, con posibilidades de ser menos por falta de patrocinio. Otrora una caja de compensación las vestía.
5.- Ver al Indio Motilón blandiendo la bandera rojinegra desde Oriental, a pleno sol.
6.- No contar en Occidental con la presencia de los familiares de los jugadores. Quizás para reservar esos puestos a los hinchas invisibles.
7.- Oír música en el entretiempo en la emisora Vox Dei, porque los comentaristas salieron a tomar refrigerio. Era poco lo que había por decir del primer tiempo.
8.- Aguantar la queja de una jovencita, porque no dejaron entrar a la abuelita, que este domingo sí quería ‘disfrutar’ de un partido del Cúcuta. Tal vez no había puesto y dejaron a la señora vestida con blusa roja y pantalón negro.
9.- Lamentar la desaparición de los fotógrafos. En los buenos años se contaban por decenas, ahora solo cuatro van a cubrir los partidos y detrás de la portería visitante. Siempre se pierden los goles que le marcan al Cúcuta.
10.- Pedirles a los vendedores que bajen los precios de los churros, el agua y la gaseosa. Ajústense al público que hay, no quieran sacar ventajas.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Foto: cucutadeportivo.com.co
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