La mayoría de las escuelas en Colombia, hasta hace poco, tenían dos condiciones: pobres y católicas. Eran igual al continente americano: pobre y cristiano. Ahora, tienen una característica más, son certificadas. Pobres, católicas y certificadas, tres realidades que no sirven de mucho para lo esencial, pero que pueden convivir sin mayor dificultad. Ser pobre y cristiano tiene cierta lógica, si nos atenemos al mandato de Cristo, que el mensaje del Reino de Dios es para los humildes, que es más peligroso que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico toque las puertas del cielo o que los pobres siempre los tendrán entre ustedes. Nuestras escuelas públicas son la materialización de los pobres anunciados en el Evangelio de Lucas, como aquellos que no tienen nada materialmente. Para comprobarlo bastará haber sido directivo, docente, padre de familia, estudiante o visitante de alguna de ellas.
En conclusión, y sin ser muy profundo, el mensaje de Jesús tiene cabida en todos los actos institucionales que celebremos. Es una manera de recordar lo fundamental de los valores humanos perdidos en las calles. Sin ser dogmáticos, estilo Alejandro Ordóñez (Procurador General de la Nación), se puede formar desde lo cristiano para tratar de contraponernos a la realidad negativa imperante en las instituciones privadas o del Estado. Aun cuando en los últimos 519 años no se haya logrado mucho, no es culpa de la religión cristiana, es simplemente culpa de la condición humana y de los políticos. A la Iglesia Católica habrá que reconocerle en la historia, por lo menos colombiana, el valiente papel para llegar a los extremos más recónditos de la geografía nacional, con educación y con el evangelio, algo inherente a su misión, pero llegaron donde nadie más hubiera llegado.
La tercera característica de nuestras escuelas, en poco o en nada mejora las condiciones de la pobreza, ni remplaza el mensaje del Evangelio. Es un añadido más del mundo empresarial. ¿Cuánto pagaron los colegios para certificarse? ¿Invirtieron los únicos activos que reposaban en sus arcas? Algunos lo perdieron, porque después no pudieron mantener el estatus que devengaba estar certificados y fueron desertificados. O sea, ser certificados no garantiza nada. Cambia algo: la mentalidad. La mentalidad de docentes, directivos y administrativos, que creen que por estar certificados son buenos. Cambia la mentalidad de creerse certificados y encasillados en formatos sin esencia y sin fondo, donde la escuela se concibe como una fábrica que saca productos que cumplan ciertas características. Los demás, debido a ciertas “engorrosas trabas”, llamadas procesos de calidad, deben ir a la canasta como desechos que no sirven y la didáctica y los maestros son solo herramientas, instrumentos, objetos, mecanismos que deben utilizar para mantener la certificación a toda costa.
Certificar algo es mostrar que tiene lo necesario que debe tener para ofrecer lo que ofrece. En otras palabras, son escuelas ideales para estudiantes ideales en óptimos escenarios pedagógicos, con los mejores resultados académicos. Todo gracias a la certificación, porque es de calidad, no certificación de necesidad. ¿Será verdad tanta calidad? Mentiras, esas Instituciones no existen en el país llamado Colombia.
La certificación de calidad es propia de productos, no para personas que no tienen posibles resultados. Todo en el ser humano es impredecible. La solución a un problema académico no está en llenar una casilla o un formato, o aplicar la norma de calidad. La solución está lejos de cualquier instrumento creado como evidencia de las supuestas alternativas. Cuando en una empresa con certificación de calidad se produce algo defectuoso, se destruye y debe aplicársele nuevamente el proceso hasta alcanzarlo como se quiere. Por lo tanto, las instituciones educativas no podrían graduar sino a aquellos estudiantes con el máximo nivel de desempeño, competentes en todas las áreas estudiadas. Los demás deben repetir el año hasta que alcancen los indicadores propuestos. Siendo optimistas, la mayoría de estudiantes necesitaría dos años para lograr las competencias respectivas en cada nivel. Sin embargo ¿por qué la repetición en grado once es mínima? Pero los resultados del Icfes no son los mejores. Algo raro pasa allí.
Prefiero pensar que la certificación de calidad está por el lado del liderazgo de los directivos, de la organización curricular de la Institución, del compromiso abnegado de cada miembro de la comunidad educativa, de la actualización de los maestros en el dominio del discurso primario y secundario, o sea, del conocimiento que tengan de su área, pero además de la forma como la llevan hasta el aula, de la capacidad de hacerse comprender en el momento de compartir una clase con los estudiantes, del aprendizaje adquirido por los estudiantes, donde todos aprendan pero que además, lo que aprendan sea útil y les permita seguir aprendiendo. De las experiencias de vida que les permitan vivir, sean retiros espirituales, convivencias y paseos, de las respuestas que la institución ofrezca a la comunidad a la que pertenece en un momento determinado y a unas necesidades concretas, de la calidad humana de los docentes, del cumplimiento rígido de las normas necesarias, de la facilidad que la Institución le ofrezca a los estudiantes para el desarrollo de la personalidad, de la formación crítica que tenga el estudiante sobre la actualidad, de las relaciones interinstitucionales que se establezcan, de la existencia de redes tecnológicas que permitan la facilidad para acceder al mundo globalizado, de la capacidad de convocatoria formal a los padres de familia, de la investigación que se genere en las prácticas didácticas cotidianas que respondan a necesidades reales de cada institución, de los grupos de docentes que comparten experiencias significativas y alternativas desde el lugar de trabajo para mejor cada día las clases, de la inversión que se haga en cada institución en materiales didácticos, espacios académicos, personal de servicios, del sentido de pertenencia que se logre generar en el grupo de docentes, del trato digno a la comunidad educativa, del bueno uso de los medios que dispone la institución.
Todo lo anterior, ocurre en nuestras instituciones, solo que tienen un problema: no son vistas como válidas ante los ojos del Ministerio de Educación y de la Secretaría de Educación y en muchos casos no son ítems para tener en cuenta para la certificación. Por eso, no necesitamos tener certificación de calidad, necesitamos ser mejores que los certificados cuando respondamos a nuestras necesidades desde la escuela y para la escuela, no para Icontec.
WENCITH GUZMÁN G.
Contraluz.CO Sólo Periodismo
Totalmente de acuerdo. La certificacion es una calificacion para las cosas y no para los seres humanos. Esta bien que una fabrica se certifique, por que me da la seguridad que toda la produccion esta hecha con ciertas caracteristicas buenas, pero en el nosotros es un sin sentido. }Es un snobismo, que a buena hora un Hno de La Salle, cuyo nombre no quiero acordarme, concidero que era neceserio para un colegio que toda una vida ha tenido buen nombre. Se gasto un suma grande de dinero, que bien usado se pudo usar en otros menesteres mas importantes.El colegio sigue siendo el mismo, con la pequeña diferencia, que ahora los docentes, gastas tiempos muy valiosos en llenar formatos, que es mejor que dedicarle mas tiempo a la preparacion de clases, que es la verdadera mision del maestro, junto con la formacion del alumno