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El recuerdo del mal pasado es alegre: Cicerón

Jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. Considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana. Reconocido universalmente como uno de los más importantes autores de la historia romana, es responsable de la introducción de las más célebres escuelas filosóficas helenas en la literatura republicana, así como de la creación de un vocabulario filosófico en latín.

Gran orador y reputado abogado, Cicerón centró toda su atención en la carrera política. Hoy, es recordado por los escritos de carácter humanista, filosófico y político. Sus cartas, la mayoría enviadas a Ático, alcanzaron un enorme reconocimiento en la literatura europea por la introducción de un depurado estilo epistolar. Cornelio Nepote destacó la riqueza ornamental de las cartas, escritas «acerca de las inclinaciones de los líderes, los vicios de los comandantes y las revoluciones estatales», que transportaban al lector a esa época.[]

Constituido en uno de los máximos defensores del sistema republicano tradicional, combatió como pudo la dictadura de César. No obstante, durante la propia carrera no dudó en cambiar de postura dependiendo del clima político. Esta indecisión es achacable a su carácter sensible e impresionable, pues era propenso a reaccionar de manera excesiva ante los cambios (*).

Don Marco Tulio Cicerón, gracias por aceptar esta invitación a charlar.

Gracias a usted y me imagino que me tuvieron en cuenta por el premio Simón Bolívar que recibió el tocayo.

¿Dónde y cuándo nació?

En Arpino, en el año 106 a. C. de una familia poco conocida, acomodada, perteneciente a la clase de los caballeros rurales.

¿Dónde estudió?

Mi padre admiraba la formación griega. Cursé mis estudios superiores en Roma. Allí conocí a las mentes más preclaras de mi época. 

¿Cómo se describe?

Como un hombre ávido de saber, dotado de gran inteligencia y agudeza intelectual y con pretensiones de acceder a la vida pública.

¿Hacia dónde se dirigieron sus primeros pasos?

Hacia la jurisprudencia, la filosofía y la retórica. Viajé por Grecia para conocer la cultura helenística. En el año 77 a. C. regresé a Roma y contraje matrimonio con Terencia.

¿Cómo le fue en Sicilia como cuestor?

Destaqué por mi honradez y en el año 67 obtuve el cargo de pretor desde el que apoyé a Pompeyo. Tres años más tarde fui elegido cónsul y descubrí el complot dirigido por Catilina que pretendía acabar con mi vida. Con las ‘Catilinarias’ conseguí convencer al Senado del castigo a muerte de los conspiradores.

¿Qué provocó su decadencia?

El Triunvirato de Pompeyo, Craso y César motivó mi decadencia y  fui condenado al exilio durante un año. De regreso a Roma apoyé abiertamente a Pompeyo, y provoqué el enfrentamiento con César.

¿Entrar a las magistraturas fue fácil?

Qué va. Los nobiles me miraban con cierto desprecio, pero lo hice y no tenía reparos en vanagloriarme.

¿Cómo político qué defendió?

La concordia ordinum, la colaboración armónica de las diversas clases para el sostenimiento de las instituciones republicanas. Pero me granjeé tanto las iras de los optimates (conservadores), como de los populares (demócratas). Los unos por haber apoyado a Pompeyo, los otros por mi dictamen de pena de muerte contra los partidarios de Catilina.

¿Qué partido tomó en la guerra?

Antes de estallar la guerra civil traté de mediar, sin éxito, entre los adversarios, y durante el trascurso de la confrontación me incliné por el bando de Pompeyo. Cuando lo derrotaron, César me trató con con benevolencia. A partir de ese momento me dediqué más a las letras que a la política.

Entonces, en política no le fue bien…

No. La muerte de César me acercó de nuevo a la política. Escribí contra Antonio las ‘Filípicas’ en memoria de Demóstenes y entré en la lista de proscritos durante el Segundo Triunvirato. Antonio dirigió contra mí a sus sicarios, que me dieron muerte cerca de Fornia.

¿Cómo se difundió su vida?

La verdadera personalidad se pone de manifiesto en mi correspondencia. Se conservan más de 900 cartas, parcialmente redescubiertas por Petrarca, a mediados del siglo XV. Los temas que abarcan las cartas, privadas o públicas, son variados: acontecimientos íntimos o familiares, oficiales, políticos, etcétera.

Usted trabajó la retórica…

Sí. Escribí varios tratados de retórica en los que recopilé los conocimientos que adquirí mediante el estudio de la retórica griega y la investigación de la historia de la oratoria romana, junto con los que extraje de mi experiencia como abogado y estadista.

     

¿Qué enseñanzas dejó en este campoa?

En De oratore (acerca de la formación del orador) y Orator (retrato del orador ideal) se enumeran las cualidades innatas que debe reunir un orador: figura, tono de voz, memoria, etcétera. A ellas debe añadirse una formación que abarque los campos del saber: leyes, historia, filosofía, literatura, etcétera, y el conocimiento de las técnicas del discurso.

También escribió sobre la elocuencia…

Claro. En Brutus, obra que recibe el nombre de la persona a la que va dedicada, reconstruí la historia de la elocuencia griega y romana.

¿Qué otros tratados escribió?

De optimo genere oratorum, que trata acerca del mejor tipo de elocuencia. Partitiones oratoriae, que se refiere a las divisiones de los discursos. Tópica, que trata sobre los lugares comunes de los discursos.

¿Qué puede decirnos de los discursos?

En esos puse en práctica mis principios sobre retórica. Los publicaron en gran número y se convirtieron en obras literarias. Mis secretarios los tomaban taquigráficamente y después los retocaba a mi conveniencia. Algunos, nunca llegaron a ser pronunciados.

¿Esas piezas de oratoria lo encumbraron?

Se dice que en los discursos más brillaba mi genio. Por la maestría demostrada llegué a la cumbre de la política romana. Se conservan más de 50

¿Y los discursos judiciales?

Predominan los de defensa: en favor de amigos, protegidos o simples clientes. También los hay de acusación: por ejemplo, los discursos In Verrem (Contra Verres, un propretor de Sicilia acusado de abusos y corrupción), conocidos con el título de Verrinas.

No pueden faltar los discursos políticos

Imagínese. Fueron pronunciados ante el Senado o ante la Asamblea del pueblo. Destacan las Catilinarias, serie de cuatro discursos famosísimos con los que conseguí abortar la conjura de Catilina durante el año del consulado (63 a. C.), y las Filípicas, 17 discursos con los que intenté frenar la subida al poder de Marco Antonio (antiguo lugarteniente de César) y que serían la causa de mi muerte. 

¿Cómo fue su incursión en la filosofía?

Las obras filosóficas ocuparon los últimos años de mi vida. Expuse y analicé el pensamiento de la mayoría de las escuelas griegas, en especial la Academia (Platón), el Liceo (Aristóteles), y la Estoa (estoicos).

¿Hacia cuál se inclinaba?

Mis inclinaciones personales, dentro de mi carácter ecléctico, parecían dirigirse hacia el escepticismo académico, mostrándome combativo frente al epicureísmo.

¿De quién tomó mayores ejemplos?

Aunque asimiló obras de otros pensadores, fue de Platón de quien tomé los títulos, los temas y la forma dialogada para mis tratados políticos De república y De legibus. En el primero propugné como mejor sistema político el resultante de la fusión de la monarquía, la oligarquía y la democracia. En el segundo, traté sobre el derecho natural, las leyes sagradas y el orden estatal, y sobre las funciones propias de los magistrados.

¿Cuál fue su aporte a la lengua latina?

Adopté la forma dialogada para el resto de mi obra filosófica, compuesta en aquellos momentos en que me encontraba alejado de la política. El esfuerzo por crear un vocabulario apto para la expresión de temas filosóficos me llevó a adaptar muchos términos griegos que sirvieron para enriquecer la lengua latina. Además, el valor literario de primer orden. Por mis obras filosóficas se conoció el pensamiento de filósofos importantes cuya obra original se ha perdido.

Gracias, don Cicerón, por este recuerdo.

Gracias a usted, muchacho, y una enseñanza para el resto de su vida:   “Una cosa es saber y otra saber enseñar”, y  “Si quieres aprender, enseña”.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

(*) ARTÍCULO ADAPTADO DE www.profesorenlinea.cl Y WIKIPEDIA.

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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