Para la sicología la Personalidad puede ser el repertorio habitual de conductas sicosociales que expresan en cada individuo la integración singular de sus características, cognoscitivas, afectivas y cognitivas, reconocidas por él y por los demás como individualidad autónoma y constante. Concepto que se amplía cada vez que un sicólogo habla o escribe. Tema que no es de mi interés en este momento, pero que necesitaba definirlo para saber más o menos de qué voy a escribir.
Cada sicólogo considera una manera distinta la forma de desarrollar o de adquirir la personalidad en un joven. Para algunos es innata y para otros es adquirida. O sea, que la genética la determina o que el medio influye. Para otros, será asunto de las dos, y para los cuartos no será ninguna de las tres anteriores, sino que la culpa es de otros que influyen en la manera de constituirse como persona. De otros, no sé de quiénes, porque los papás dicen que de los maestros y los maestros dicen que de la familia y la familia dice que del colegio, y el colegio dice que de la sociedad y como la sociedad no responde por nada, ahí se termina el ciclo del desarrollo o adquisición de la personalidad. Creo que ‘la culpa es de la vaca’.
De lo que si estoy seguro es que para los jóvenes, que sin ser expertos en sicología, la personalidad es una cuestión que se desarrolla, pues siempre reclaman “el libre desarrollo de la personalidad”. Al parecer, son conscientes de que todavía no la tienen, que la están adquiriendo, pero que la quieren adquirir libre. Posibilidad que es limitada, si nos atenemos a solo las tres posibilidades anteriores: o innata o adquirida o las dos juntas. Ello, porque las tres no permitirían que fuera libre, pues están condicionadas, la una por la genética, la otra por el medio y la tercera por ambas. Entonces ¿no hay una cuarta posibilidad que sea libre y que permita a estos sufridos jóvenes hacer lo que la voluntad les plazca?
Tranquilos jóvenes. El libre desarrollo de la personalidad no está limitado a los principios o reglas de la sicología, también está regido por los gustos personales que, al fin y al cabo, terminan siendo adoptados, estudiados o reconocidos por los sicólogos. Para algunos jóvenes el libre desarrollo de la personalidad consiste en un cabello, muchas veces despeinado y mal arreglado; para otros, usar accesorios que requieren de una perforación más en el cuerpo; para otros, lucir pulseras con variados motivos; para otros, portar el uniforme mal puesto, las medias de otro color, llegar tarde, ser groseros, vagos, mal educados. Para mí, eso ayuda a desarrollar la identidad externa, más no la personalidad. O sea, que lo reconocerán por lo que se pone más no por lo que es. Y ahí está el dilema. ¿Tener personalidad o crear señales externas de identidad, o mejor de identificación?
WENCITH GUZMÁN G.
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