A Jhon Cruz, de 31 años, se le dio la oportunidad de viajar a Estados Unidos, conocer otro mundo y no la desaprovechó. Este operario en máquinas para terminación de cemento en construcciones cambió las calles del barrio Palmeras (parte baja), en la Ciudadela Juan Atalaya, por las vías gringas. En esta nueva vida lleva 3 años.
A pesar del cambio, extraña de Cúcuta la familia y algunas amistades. Al principio, le parecía picante la comida, pero con los días se compuso. En el camino ha encontrado a otros cucuteños y algunos bumangueses. La mayor diferencia entre la capital de Norte de Santander y el nuevo lugar de residencia está marcada por el grado de cultura.
Por eso, no traería mucho de esa ciudad del país del Norte para adaptarlo a la cotidianidad rojinegra. Claro que Cúcuta podría alcanzar ese nivel de desarrollo, solo que hay que enseñarle “a la gente a ser gente”.
El momento más difícil lo ha pasado cuando está sin los hijos y la esposa. “Todo se vuelve rutina”. Y la felicidad, “para gloria de Dios”, la ha sentido “desde que llegué”; por eso, todavía no ha pensado, ni un instante, en devolverse.
Para no olvidar a Colombia usa camisetas de la selección y de vez en cuando echa una miradita a los billetes (pesos) que no alcanzó a cambiar por dólares. En cambio, ha trasmitido el calor cucuteño “con el hablado y el temperamento”.
John no sabe cuánto tiempo más estará fuera del país, esa decisión la ha puesto en manos de Dios, quien dirá que es momento de regresar. Y cuando vuelva le gustaría ver a Cúcuta cambiada en muchos aspectos y a los habitantes culturizados.
El comparativo entre los gobernantes de allá y los de acá lo resume en una frase: allá no roban.
Se entera de lo que ocurre en Cúcuta por redes sociales y por una aplicación en el teléfono celular que le permite ver noticieros colombianos. Le gusta estar al tanto de todo lo que sucede, porque “al fin y al cabo somos amarillistas y solo vivimos pendientes de lo malo”.
La partida de nacimiento, que dice que nació en el hospital San Juan de Dios, frente al parque Colón, es el distintivo rojinegro que lo identifica como cucuteño. Al principio se erizaba al escuchar alguna canción colombiana, pasados los meses lo toma con calma.
Los tiempos libres los disfruta con los hijos mientras conoce otros lugares, sin dejar de pensar en Dios. A diario se conecta con los familiares cucuteños, y aprovecha que la diferencia horaria solo es de 60 minutos.
Lo emociona imaginarse que sus padres puedan marcharse de este mundo y no esté a su lado. Esa posibilidad lo hace pensar como el militar, que no ve nacer a los hijos ni ve morir a los padres.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
rafaelpabon58@hotmail.com
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