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El cuadro rojinegro ha perdido presencia, honor y afición. A este encuentro no asistieron 500 aficionados/www.contraluzcucuta.co

CÚCUTA DEPORTIVO. Un triunfo que no ilusiona, ni despierta pasión

CÚCUTA.- No es un triunfo para el repique de campanas, ni para el estallido de fuegos artificiales. Menos, para quemar triquitraques. Tan solo es un partido ganado y ante un rival de poca monta que no tiene la grandeza en el horizonte. Cúcuta Deportivo debió golear, ser superior y apabullar al adversario de turno, pero carece de los elementos necesarios para conseguirlo.

El Atlético, visitante por calendario, es de esos cuadros de fútbol armados en Colombia con la finalidad de servir de escuela a clubes de algún renombre. Es una sucursal que muestra productos con el propósito de ponerlos en el mercado nacional. La esperanza, cargada de ilusión, es que uno de esos muchachos cuaje y llegue al profesionalismo criollo para luego dar el salto internacional.

El Cúcuta, en cambio, es un viejo zorro del balompié nacional que ha pasado por la máxima categoría y hoy, merced a políticas mercantilistas impuestas por los directivos, viaja a los estadios de la Segunda División. El cuadro rojinegro ha perdido presencia, honor y afición. A este encuentro no asistieron 500 aficionados, y pasar de estadio lleno a tribunas desocupadas sí debería preocupar a los mandamases.

El partido tuvo varias características; unas, propias  del fútbol; otras, paralelas al espectáculo. La tarde fría, el cielo encapotado y el viento fresco adormecen. Las jornadas dominicales de sol ardiente, calor sofocante y goles, hacen parte del recuerdo lejano. Este ambiente no es propio de la capital de Norte de Santander.

La soledad en los graderíos,  la ausencia de las barras, con excepción de la Banda del Indio, la falta de adornos rojos y negros que descuelguen en las tribunas, el silencio impuesto por la huida de los hinchas, la escasez de madrazos, la abundancia de vendedores de comida y bebidas, la no presencia de mujeres elegantes vestidas para una tarde de fútbol y la prohibición para la venta de cerveza van en contravía del espectáculo puro.

En la cancha no se ven ídolos, hombres que destaquen y marquen diferencia, jugadores que impongan pundonor deportivo, atletas que corran, aleguen, griten, ordenen y sean líderes, deportistas carismáticos, capitanes que señalen la ruta del éxito y lleven la barca a puerto firme. Los que hay son motivo de burla, de comentarios soeces, de apuntes desobligantes, de groserías y de hachepetazos. No les tienen respeto, porque no se lo han ganado con la camiseta.

En la tribuna, esposas de jugadores que soportan esos insultos, hijos de futbolistas que no tienen edad para escuchar el lenguaje que se maneja en el General Santander, niños que prefieren dormir en brazos de las madres antes que comprender por qué a su padre no lo respetan, mamás que no entienden por qué desde Sur se canta ‘Jugadores, la puta de su madre…’, familiares que sin jurarlo no volverán al estadio para no corromperse y amigos que toman nota mental para luego trasmitir esas vivencias a quienes en el campo de juego tratan de ganar el partido.

La cabina destinada a los directivos motilones aparece desocupada y oscura. Es la mejor vista que puede ofrecerse como testimonio del cariño que tienen por la institución. En otras ocasiones, por Occidental se paseaban orondos gobernantes departamentales y municipales, funcionarios de cualquier pelambre, empleados de buena calaña, empresarios de alta cuna, damas con el escote bien puesto, ejecutivos entre yupis y pupis. Ahora, no los hay de una clase ni de la otra.

Por fortuna, el Cúcuta Deportivo ganó (2-1). Y la respuesta a cualquier inquietud acerca del futuro de los escasos aficionados la entregó el médico Rosendo Cáceres, al preguntársele ¿qué vamos a hacer con el equipo? Sonrió como lo hacen los sabios, levantó la cabeza y dejó ver los ojos claros experimentados. La mirada guardaba esa ilusión del enamorado que  sufre por su amada ingrata. La sentencia selló la conversación. “Volver”. Seguro, en el próximo partido estará en la misma fila, atento a cualquier jugada motilona.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Foto: www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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Un comentario

  1. Jaime Eliecer Calvache

    Rafael, no hay duda que el profesor Arizmendi no perdio el tiempo enseñandole en las clases de Taller de Redaccion i y Taller Ii, en la aun naciente Universidad de La Sabana (1081-1984) a escribir buenas cronicas que ahora la experiencia le permite almidonar con claros comentarios. Excelente articulo.

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