SAN GIL – Santander.- El 29 de junio de este 2014, no ha sido igual a los otros domingos en San Gil (Santander), porque amaneció con la alegría del triunfo de la selección Colombia el día anterior, lo cual le asegura un puesto entre los ocho mejores equipos del mundo.
La celebración dejó el pueblo sucio en la zona céntrica donde se reunieron miles de aficionados para seguir por pantalla gigante el partido jugado en el estadio Maracaná contra Uruguay. Para algunos los rayos del sol se sienten como castigo, porque la resaca está en su esplendor y urge hidratarse y alimentarse con el caldo, acompañado de la arepa propia de esta tierra para mitigar los efectos tardíos del alcohol.
El día comienza con la expectativa puesta en la nueva jornada del campeonato mundial de Brasil 2014. A la mitad de la tarde jugará Costa Rica, el equipo que dirige Jorge Luis Pinto, hijo de este terruño y sus paisanos lo acompañarán en el enfrentamiento contra Grecia, que ganó el paso a la segunda ronda a punta de empujones. Si los centroamericanos ganan, gana Pinto y esto hará historia. Hasta ahora nadie ha logrado ese tipo de triunfos y este pueblo tendrá otro motivo para festejar.
Las horas pasaron rápidas, contrario a lo que suele ocurrir en cualquier pueblito de Colombia. Las 3:00 de la tarde, es el horario fijado para que se dé inicio a ese cotejo deportivo y cuando se acerca esta hora es apremiante encontrar un sitio para seguir jugada a jugada el partido. Nada mejor que una tienda con un televisor de 40 pulgadas, expendio de cerveza y la buena compañía de los paisanos.
En los minutos previos se vio impecablemente vestido al hijo de don Luis Ernesto Pinto y doña Raquel Afanador – maestra de muchos sangileños y exconcejala del pueblo-. No podía ocultar el nerviosismo frente a la responsabilidad que tenía por delante. Sus palabras dejaban entrever un moderado optimismo. El rival no es fácil y en estas instancias del campeonato todo es ganancia, pero también cualquier error se paga con la eliminación.
Manos a la obra. Empezó el partido, los minutos pasan y no llega el gol. La cerveza ayuda a mitigar la ansiedad. De pronto vino el pitido que marcó la culminación del primer tiempo, el marcador 0-0. Uno de los asistentes a este condumio se apresura a lanzar su pronóstico -tan pronto le bajan el volumen al televisor-. “En el segundo tiempo los arreglamos”.
Hablaba como si tuviera puesta la camiseta de Costa Rica. “El profe Pinto ha hecho muy bien las cosas y seguro que gana este partido, ya verán”, remató este aficionado mientras ajustaba su sombreo. Los demás asintieron y estuvieron de acuerdo.
Para el comienzo del segundo tiempo no cabía un cliente más en la tienda. No bien había comenzado el juego en esta etapa, cuando Ruiz le dio la ventaja a Costa Rica al anotar un gol que dejó estática a la defensa y al portero griegos.
La algarabía no se hizo esperar y los brindis se oyeron en todo el local. “Hay que defender la ventaja”. “No se pueden dejar empatar”, gritaban los reunidos con la intención de que Pinto los oyera y se sintiera respaldado. Los muchachos dirigidos por el santandereano hacían bien la tarea, excepto el defensor Duarte, que se hizo expulsar y dejó al equipo en desventaja numérica frente a los griegos que se vinieron encima.
Cuando el tiempo asomaba a la frontera que marcaba el final del partido, llegó el empate. Se vieron caras largas y bajó el ánimo, alimentado por los comentarios que daban cuenta de la superioridad física de los helénicos y el mejor estado anímico, factores que cuentan mucho para la disputa de los 30 minutos suplementarios.
Se acabó el partido, pero no la cerveza, ni la paciencia, tampoco la confianza en el técnico que nació aquí. Llegaron los cobros del tiro penal. Comenzaron igualados. La gritería se sintió dentro y fuera de la tienda cuando un griego, por fin, falló; o mejor, el portero Navas acertó al detener el balón.
Faltaba un cobro y le correspondía a Umaña. La clientela se puso de pie y una vez el balón traspasó la línea de gol, el aplauso fue sonoro y los gritos de aprobación para Pinto no se hicieron esperar. Un nuevo brindis era preciso. Luego, el más recio de todos, se atrevió a increpar al paisano, quien luego de dar una entrevista en la televisión se frotó los ojos. “Los machos de Santander no lloran, no sea pingo”. Luego, una cerveza más y todos para la casa. La próxima cita será contra Holanda.
JORGE OMAR PABÓN
Especial para www.contraluzcucuta.co
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