Nicolás Copérnico, astrónomo polaco, se atrevió a refutar la teoría de Claudio Ptolomeo que decía que el Sol giraba alrededor de la Tierra y los demás planetas. El también médico y sacerdote observó durante largos años las estrellas, sin ayuda de telescopio, para concluir que el movimiento se daba al revés. Incluso, calculó la rotación de la Tierra, en un día, y la traslación, en un año. Estos descubrimientos le valieron críticas.
Tiempo después, otros científicos avalaron la teoría y la defendieron hasta imponerla. El sistema de Copérnico pasó a ser el modelo del universo. A finales del siglo XVII fue aceptado.
Don Mikolaj, gracias por aceptar hablar desde la eternidad para recordar su paso por la Tierra.
Muy amable. Una pregunta ¿cómo supo mi nombre de pila?
Fácil. Búsqueda en internet, ajuste de textos y conocimientos adquiridos.
No olvide que mi apellido original es Kopernik y que los volví latinos para mayor comprensión.
Vamos al diálogo. ¿Cuándo y dónde nació?
En 1473, en Thorn (hoy Toru), un pequeño puerto polaco sobre el río Vístula, cerca del mar Báltico.
De niño sufrió la pérdida de su padre ¿fue traumático?
Cuando tenía diez años, mi padre, de profesión comerciante, falleció. Mi educación quedó a cargo de un tío materno, un importante obispo de Polonia.
¿Cómo guió su tío?
Muy bien, gracias a él recibí una esmerada formación universitaria. En 1491, ingresé en la Universidad de Cracovia.
¿Algún recuerdo de esos años de estudiante?
Sí, claro. Conocí a Alberto Brudzewski, afamado matemático y astrónomo, que despertó en mí el gusto por estas ciencias.
¿Usted es licenciado en medicina?
Por consejo de mi tío estudié licenciatura en Medicina. Aunque en Cracovia recibí una sólida formación matemática y descubrí las contradicciones del modelo astronómico ptolemaico. Allí, también, aprendí el conocimiento del arte de la observación de las estrellas.
Es raro. ¿Después estudió derecho canónico?
Abandoné Cracovia, en 1495, e ingresé en la célebre Universidad de Bolonia (Italia), para estudiar Derecho Canónico. Allí permanecí hasta 1500.
¿Cómo cultivó la pasión por la astronomía?
Lo hice con el profesor Doménico María Novara, crítico de la geografía de Ptolomeo. Me alojaba en su casa y las enseñanzas resultaron fáciles. En Bolonia aprendí griego, lo que le permitió leer los textos originales sobre astronomía en esa lengua.
¿Cuándo hizo la primera observación sobre astronomía?
El 9 de marzo de 1497, concluí que la distancia de la Luna a la Tierra no varía en los cuartos y en la fase llena. Esto contradecía lo previsto por Ptolomeo y mostró el camino de mi superación: la asociación del razonamiento y la observación.
Hasta que lo titularon astrónomo…
Por supuesto. En 1500, recibí el doctorado en astronomía, en Roma. De una vez fui nombrado profesor de la Universidad. Pero mis dudas sobre el modelo de Ptolomeo, que se enseñaba por entonces a los alumnos, me llevaron a renunciar a la cátedra.
¿Qué lo inquietaba por ese entonces?
Ingresé a la Escuela de Medicina de la Universidad de Padua. En esa ciudad profundicé los conocimientos de la lengua griega y de la literatura clásica. Pero seguía inquieto en la búsqueda de una solución a las anomalías mostradas por los modelos ptolemaicos, que ponían en crisis el Postulado de Homogeneidad y Armonía del Cosmos.
¿También fue sacerdote?
En 1503, recibí la licenciatura en derecho canónico en la Universidad de Ferrara. Luego regresé a Polonia. Me ordené sacerdote y viví hasta 1510 con mi tío. Ejercí la medicina y colaboré en la administración de la diócesis.
A pesar de esos estudios y títulos la astronomía no lo dejaba quieto…
Vea. Entre 1507 y 1515, redacté la primera obra sobre astronomía, conocida como el Commentariolus. En un principio circuló por medio de unas pocas copias manuscritas. Imagínese, fue publicada en el siglo XIX.
¿Qué exponía?
Mi concepción heliocéntrica. Sin apelar a demostraciones matemáticas, describí el sistema solar señalando la ubicación de los planetas según la distancia respecto del Sol.
¿Por qué demoró tanto para volver a escribir sobre astronomía?
El segundo de mis tres escritos astronómicos apareció en 1524. Era una crítica al tratado Del movimiento de la octava esfera de Juan Werner de Nüremberg. Me abstuve de presentar mi modelo heliocéntrico, y mejor señalé los errores de método y contenido de la obra criticada.
Pasaron otros tantos años para que llegara su obra maestra…
Entre 1515 y 1530, redacté Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes, pero no la publiqué. De todos modos, las noticias sobre mis investigaciones y la teoría se filtraron poco a poco, y eso que no había periodistas.
¿Por qué accedió a publicarlas 13 años después?
En 1533, la corte papal sometió a discusión mis descubrimientos. Tres años después, el cardenal Nicolás Schonberg (procurador general de los dominicos) me propuso que los publicara. Los sacamos a la luz en 1543, pocos días antes de mi muerte, ocurrida el 24 de mayo en Frauenburg (Polonia).
¿Usted fue el primero en señalar la centralidad del Sol?
No. A ese respecto, basta nombrar a Aristarco de Samos, quien en la antigua Grecia enseñaba que la Tierra y los demás planetas giraban alrededor del Sol.
¿La duda lo llevó a sus descubrimientos?
Sí, claro. El modelo que imperaba en mi tiempo era el de Claudio Ptolomeo, que afirmaba que la Tierra se hallaba estática y que tanto el Sol como los planetas giraban a su alrededor. Al hacer mis observaciones astronómicas, descubrí anomalías en el sistema ptolemaico y comencé a dudar de los postulados básicos.
¿Con qué ejemplo explicó sus teorías?
En mi obra principal escribí: […] cuando un barco navega sin sacudidas, los viajeros ven moverse, a imagen de su movimiento, todas las cosas que les son externas y, a la inversa, creen estar inmóviles con todo lo que está con ellos. Ahora, en lo referente al movimiento de la Tierra, de manera totalmente similar, se cree que es todo el Universo íntegro el que se mueve alrededor de ella […]”
¿Y cuál fue su conclusión?
Pues que la Tierra se movía, girando sobre sí misma (un giro completo equivalía a un día) y alrededor del sol (un giro completo equivalía a un año). También, sostuve que el eje de la Tierra estaba inclinado. Y mantenía la concepción tradicional de una esfera exterior donde se encontraban inmóviles las estrellas.
¿Usted hizo esas observaciones sin telescopio?
Hombre, ese aparato se inventó mucho tiempo después. Para observar los cuerpos celestes pasaba las noches en la torre de mi casa, en las montañas. Complementaba las observaciones con la lectura de las obras antiguas y clásicas y con mis anotaciones y cálculos. Si bien estos últimos no eran del todo precisos, todas las observaciones respondían a necesidades de orden teórico y se hacía según un plan preestablecido.
¿Usted sentó las bases de la astronomía moderna, supo quiénes las desarrollaron luego?
Imagínese. Casi nadie, Galileo, Brahe, Kepler y Newton, entre los que recuerdo.
Pero en su tiempo no tuvo seguidores…
Tuve unos pocos seguidores. Era muy criticado —especialmente por miembros de la Iglesia— por afirmar que la Tierra no se hallaba en el centro del Universo. Hasta Martín Lutero me acusó de ser un necio que quería «poner completamente del revés el Arte de la Astronomía».
¿Qué tanto demoró el heliocentrismo en imponerse?
En el juicio de 1633, Galileo fue condenado por sostener mi tesis, que quedó prohibida. Sin embargo, algunos jesuitas la estudiaban y enseñaban en secreto.
¿Hubo un segundo impulso para la teoría?
Sí, obvio, con la formulación de la Ley de Gravedad por parte de Newton, en el siglo XVII, en especial en el norte de Europa. Los pensadores católicos del sur de Europa tardaron un siglo más en reconocerle al heliocentrismo su validez.
Don Kopernik, una frase que sirva de lección para los políticos colombianos en esta época…
Recuerdo esta, muchacho, que bien puede interpretarse en este momento: “Para un viajante yendo desde cualquier lugar hacia el norte, el polo de la rotación diurna se eleva gradualmente, mientras que el polo opuesto baja en una cantidad igual”. Gracias.
Artículo adaptado del publicado en internet por la ACADEMIA DE CIENCIAS LUVENTICUS
RAFAEL ANTONIO PÁBÓN
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