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CONCIERTO. ‘Momentos que no volverán’

CUCUTA.- Los cucuteños que aprendieron a tararear canciones románticas en la década de los 70 del siglo 20 se dieron el gustazo de su vida la noche del 25 de octubre. Cientos de hombres y mujeres mayorcitos gritaron hasta más no poder las tonadas de ‘Pasteles Verdes’, ‘Ángeles Negros’ y ‘Los Terrícolas’.

Esas letras que memorizaron de tanto escucharlas en rocolas, acetatos y casetes afloraron en ese ‘momento que no volverá’. Aprovecharon cualquier estrofa para retrotraerse y repasar las imágenes del pasado que despertó al ritmo de la música.

Los tragos impulsaron a los asistentes a seguir la música con gestos, movimientos de brazos y alaridos para respaldar a los cantantes y pidieron al dios del pentagrama ‘haz de esta noche perpetua para que nunca amanezca’.

La lluvia impertinente por poco aplaza el reencuentro con los artistas venidos de Perú, Chile y Venezuela. El aguacero alcanzó a postergar la llegada de los cincuentones al colegio Sagrado Corazón. Al final, el coliseo se llenó.

Las voces se unieron en coros desafinados y desatinados. A nadie le importaba llevar el ritmo, solo valía demostrar que se sabían la canción y pare de contar, porque ‘mi sentimiento no lo cambiaré jamás’.

Los aplausos sobraron para los cantantes, mientras los chiflidos se los cargó a la espalda el anunciador por meterle política al asunto. Jairo Maldonado quedó en fuera de lugar y así se lo hicieron saber cada vez que quería congraciarse con algún asistente, en especial si es aspirante al Concejo o a la Gobernación.

El tapa azul, el whisky de cualquier marca, el ron y el vino hicieron saltar a la tarima al imprudente de siempre; mientras otro, sin importar el espectáculo, se paró sobre la silla para no dejar ver. Seguridad actuó y se acabó la gracia para estos dos hombres.

Las mujeres continuaron blandiendo los brazos como queriendo alcanzar a los ídolos de la juventud. Los señalaban como culpándolos de ese amor que sintieron o de ese desamor del que fueron víctima. Y los acompañaron en el canto, porque con amor o desamor vivieron la época que ahora se les hacía presente.

La promesa silenciosa se escuchó a gritos ‘tú vivirás en el recuerdo’ y la respuesta llegó en entrega inmediata desde la tarima ‘tú vivirás en la historia de mis días’. En ese diálogo musical y sin otra interrupción que los cientos  de voces de cantaban al unísono volvieron a declararse la admiración que los años no ha borrado ‘porque no pudo ser que nunca cambiaras’.

Al telonero de la noche, ponderado por la voz y la interpretación de canciones de la época no le fue bien. Por un rato divirtió al público, pero el alcohol en la cabeza apura los tiempos y nadie quería escuchar algo diferente a los invitados. “Para eso pagamos”.

Los artistas, tranquilos, reposaban en el salón del fondo del colegio. Allá, reunidos como la familia de las estrellas de los 70, conversaban. El aguacero arreció sin desesperar a las mujeres de cinco décadas para arriba. ‘Afuera está lloviendo  ¿más por qué lloras?’.

Otra tanda de música bailable y de nuevo los pitos en reclamo por Los Terrícolas. ‘Pensando mil cosas, quizás distante de mis amigos, con el humo por testigo esta carta empecé a redactar’. Y de nuevo a gritar, a auto abrazarse, a mirar hacia la distancia en busca de ‘Néstor’.

De repente, la lágrima furtiva y el sentimiento a fondo. ‘Mas no estoy arrepentido y si acaso tú lo estás ya no debes llorar más’. La noche avanzó caliente a pesar de la lluvia. Las imágenes del anteayer hicieron el repaso ligero por la mente. Volvieron intactas y permanecieron largos minutos, rebeldes por desaparecer.

Los tragos, los amigos, las calles del barrio, las locuras de esa juventud lejana, las vivencias, la libertad y el consejo aprendido para trasmitirlo a los hijos, ‘Que nunca pruebe licor, que nunca sufra una pena y que nunca se enamore de las mujeres ajenas’.

La madrugada se insinuó lenta. Y llegó la despedida con sabor amargo, porque en pocas horas se haría realidad esa promesa y terminaría el sueño. ‘Mañana me iré, amor mío, pero esta noche, pero esta noche, la paso contigo’.

Los nuevo enamorados, los de menos de medio siglo de vida también gozaron hasta el amanecer y salieron del plantel trastabillando. Los brazos amigos no alcanzaron para sostener el pesado cuerpo deshecho por el alcohol, los recuerdos y los buenos instantes de la vida revividos en pocas horas de música.

Hora de partir y de volver a la realidad para los de más de 50 años cumplidos. Momento para reconocer que ‘Dentro de mí, mi alma angustiada, lloraba en silencio’. Los cientos de cantantes voluntarios abandonaron el lugar ‘Sintiendo en el pecho el rencor y el celo’ porque la vida debe continuar.

Algunos, compraron el disco compacto con esas canciones que seguro guardan en casa en discos larga duración o en casetes que jamás volvieron a utilizar. Terminó el concierto y los asistentes quedaron con la impresión de que serán ‘momentos que no volverán’, porque quién sabe cuándo regresen ‘Los Pasteles Verdes’, ‘Los Ángeles Negros’ y ‘Los Terrícolas’.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Foto: www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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