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Las tribunas, en momentos, se alteraron y hasta los agentes de la Policía fueron objeto de ataques. / Fotos: MARIO CAICEDO

CLÁSICO DEL ORIENTE. Motilones y leopardos, otro empate para el recuerdo

CÚCUTA

El clásico del oriente colombiano, esperado con ansias por los aficionados cucuteños, cumplió con las expectativas en lo futbolístico. El encuentro resultó emocionante, aunque en lo extradeportivo, de nuevo, hubo extralimitación de los hinchas locales. En lo económico, el estadio no se llenó como se esperaba, y en la clasificación dejó al Cúcuta Deportivo en el puesto 15, con un punto.

El once motilón necesitaba ganar el primer partido de la Liga, luego de dos derrotas consecutivas. En el reestreno en la A, Once Caldas, con Dayro Moreno como punta de lanza, se llevó el triunfo (2 – 1), lo que dejó un mal sabor entre los seguidores fronterizos. Luego, en Bogotá, Inter, con idéntico marcador (2 – 1) le clavó la segunda estocada al recién ascendido.

Las cuentas no daban para pensar en la tercera derrota y qué mejor que tener a Atlético Bucaramanga como rival para despertar y comenzar a andar el camino de la primera división a buen paso. La historia tiene sus números y recuerda que se han disputado 210 partidos. Cúcuta Deportivo acumula 75 victorias y Bucaramanga 67. El de este lunes fue el empate 68.

El pitido inicial se dio puntual. Las camisetas rojinegras resaltaban en los graderíos, mientras el espacio que siempre se asigna a las barras visitantes aparecía desocupado. Las autoridades locales decidieron cerrarles el ingreso para evitar desmanes. Este cometido se cumplió a medias, por cuanto uno que otro santandereano se coló y llegó a las tribunas.

En la cancha, también se vivía el clásico con pasión. Primeros minutos y los locales buscaron poner las condiciones. La visita se acomodó en el terreno, tomó las riendas luego de una oportunidad desperdiciada por Luisfer en la portería sur. Y se aplicó el dicho de los viejos aficionados, ‘el que no los hace, los ver hacer’.

El argentino Luciano Pons, figura con molde internacional, anotó y el General quedó mudo. El VAR reviso y anuló la acción. El General explotó de alegría. Minuto 29, de nuevo el 27 búcaro vulneró la valla motilona. En esta ocasión no hubo revisión. 1 – 0. La tarde se enfrió.

Los asistentes, sin resignación, se sobrepusieron al golpe anímico y alentaron con cánticos, tambores y redoblantes. Siete minutos duró la alegría bumanguesa. Peralta, sí, el cuestionado Jaime Andrés, demostró porqué El Rolo le tiene confianza y lo devolvió a la titular. Minuto 36, gol del Cúcuta. 1 – 1. Alegría al por mayor.

El descanso sirvió para el replanteamiento del juego. Mientras Nelson Flórez aprovechaba los largos segundos para dar instrucciones, los aficionados buscaban de entre los asistentes espías leopardos. Hombre que tuviera apariencia de visitante era esculcado, vilipendiado, insultado y hasta golpeado. Las tribunas, en momentos, se alteraron y hasta los agentes de la Policía fueron objeto de ataques.

Por fortuna el árbitro Luis Delgado (Valle) regresó al campo y reanudó el juego. El tablero electrónico, monumento a lo que nunca hubo, no registra ni la hora, ni el marcador, ni los equipos. Ese esperpento se mantendrá ahí, hasta cuando la FIFA agache el dedo.

El clásico continuó y los viejos, mayores de 70 años que aún creen que el fútbol es para disfrutarlo en paz y en familia, rememoraron a los goleadores. El máximo es José Omar Verdún, uruguayo, con 20 goles (18 con Cúcuta y 2 con Bucaramanga). Lo sigue Américo Montanini, con 13, todas con Atlético Bucaramanga.

Ah, pero Peralta, sí, el criticado y al que no le perdonan su manera de ver la vida, también quiere estar en las reseñas. Al minuto 65 puso al frente a los motilones. Doblete. ‘¿Cómo lo hizo?’ Preguntaron en Occidental. Es Jaime Andrés, que cuando quiere los hace a su manera. 2 – 1. Tiempo para soñar.

En el fútbol la alegría no dura tanto. Solo hubo seis minuticos de regocijo, porque Kevin Londoño empató. Al búcaro no le bastó con el gol, se excedió en la celebración, provocó a los de la Banda, rebasó los límites del festejo y por sobrador activó el resorte impulsor de ovnis desde Sur. La extralimitación desesperó a la banca rojinegra que saltó a la cancha a recriminarle. Comportamiento cuestionable y sancionable con tarjeta amarilla.

Las últimas acciones permitieron a los contrincantes sellar el empate. Los veteranos de mil clásicos viajaron al pasado y suspiraron al recordar que el 24 de julio de 1960, en el otrora estadio Alfonso López, Atlético Bucaramanga goleó (6 – 0) al Cúcuta Deportivo. Y sonrieron, cuando regresaron al 17 de junio de 1973 y se vieron sentados en el destartalado estadio General Santander. Ese día Cúcuta Deportivo apabulló (8 – 1) al Atlético Bucaramanga.

Los desmanes protagonizados en la Plaza de Banderas por los jóvenes que no entienden el fútbol como pasión del corazón, sino como motivo de violencia, no dejaron que ese par de amigos de la vieja guardia caminaran serenos por la calle. Debieron apurar el paso y rogar protección divina, porque los policías estaban ocupados. Trataban de ejercer control.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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