Hola, Falcao. Te escribo en voz de millones de colombianos que, al igual que yo, se sienten orgullosos de reconocerte los sacrificios que has afrontado a lo largo de tu carrera profesional. Especialmente, por el propósito de regresar a la selección Colombia en el mejor nivel y aportar como en las eliminatorias a Brasil 2014.
En el partido por Champions League, frente al CSKA de Moscú, le demostraste al mundo del fútbol que tus goles están de vuelta. La picardía para atacar, astucia y sutileza para definir dejaron escuchar tus dos rugidos en el principado de Mónaco. Desde el 2013, no convertías por duplicado en 90 minutos.
En Colombia hemos extrañado el terror que dabas en el frente de ataque de la selección y que los defensas contrarios dejaban notar dentro y fuera de las dieciocho. También, muchos colombianos han llorado por las lesiones y por los comentarios de algunos personajes que creen saberlo todo y aseguraron que no jugarías más.
Olvidaron que en el fútbol aficionado conseguiste 486 goles, debutante en el balompié profesional a los 13 años, en Lanceros Boyacá (segunda división colombiana); ídolo de River Plate con más de 45 goles; primer jugador en la historia en quedar máximo goleador dos veces consecutivas de la Liga Europea (2011 y 2012). Como si fuera poco, el único colombiano en hacer parte del once ideal de la Fifa en el 2012 y goleador histórico de la selección colombiana. Pero no son los récords o los goles lo que te han hecho grande. La humildad y el trabajo constante han sido el éxito en realidad.
La esencia de niño te llevó a conocer a Maicol Stiven Restrepo, él quería conocer al mejor nueve del mundo del 2012. Sin importar las cámaras, ante las palabras de apoyo de este joven futbolista por la lesión de ligamento cruzado, lloraste como nunca, dejaste en evidencia que eres un tigre con sentimientos y apegado a Dios.
La insistencia de mi madre, una de tus seguidoras desde River Plate, me motivó a escribir. Ella se cansó de discutir con los conductores de buseta por las críticas por tu estado físico. Ayer, gritó los dos goles como nunca, con una bronca tan enérgica que hizo sentir que te alentaba desde el palco de los príncipes, en el Estadio Luis II.
El sufrimiento de mi mamá lleva tatuado tu nombre, pero también tus más apreciadas alegrías. Este mismo sentimiento acompaña a Gonzalo Ludueña, quien en las divisiones menores de River Plate te apodó como “El tigre del partido”, después de marcar por duplicado.
Al igual que Paulo Roberto Falcao, o como se le conoció en la selección Brasil 1982, “El rey de Roma”, Radamel es un poeta con el gol. Una tarde barranquillera, el calor no daba abasto y de pronto apareció la magia, Diego Lugano intentó quitar el balón y con un enganche tuyo quedó tendido en la gramilla, Arévalo Ríos con su fuerza al marcaje que lo caracteriza decidió chocarlo y con sutileza poética le tiraste un caño.
José Néstor Pékerman, seguramente, es quien más está ilusionado con tu regreso. Lo respaldan 25 tantos y la voz de un pueblo que aclama poder ver la nueve en tu espalda. Añoran sentir la agitación de tus brazos, la fuerza en la boca y el salto final aclamando a la tribuna que el dueño del trono llegó para quedarse.
Esperamos que el líder cafetero se ponga la cintilla de capitán. Pensar en Chile y recordar el último partido en el Metropolitano contra la ‘roja’ motiva. En silencio están los incrédulos, porque un tigre anda suelto, y próximamente llegará a estas tierras a recuperar su terreno, para rugir. Nosotros gritaremos frente a la pantalla del televisor, “Lolo looo lolo looo Lolo looo Falcaooooooo”.
ISMAEL CAICEDO
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Foto: Diario La Prensa
Contraluz.CO Sólo Periodismo