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Allende: La historia es nuestra y la hacen los pueblos

Salvador Allende buscó con ahínco la presidencia chilena y la consiguió en el cuarto intento. Su gobierno, de corte socialista, duró tres años. Las ideas que pretendió impulsar chocaron con la fuerte oposición que prefirió entregarles a los militares la conducción del país a seguir bajo el mandato de ese médico con ideales diferentes, a pesar de haber nacido en el seno de la burguesía.

Don Salvador, hace poco se cumplió otro aniversario del golpe de estado contra usted. ¿Cuáles fueron sus palabras en ese momento?

¡Viva Chile!  ¡Viva el pueblo!  ¡Vivan los trabajadores!

¿Ese sacrificio suyo resultó en vano?

No creo. Tengo la  certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

¿Su vida y su muerte pueden tomarse como ejemplo?

Sí. De dignidad, de entrega a una causa, a principios en los que se cree.

¿Qué buscaba con su revolución y con el proceso que lo llevo a la Presidencia?

El proceso que conduje, entre 1970 y 1973 en Chile, contribuyó a mejorar las condiciones de vida del pueblo y a enfrentarnos al imperialismo estadounidense.
¿Estados Unidos tuvo que ver su derrocamiento?

Claro. El gobierno estadounidense, en confabulación con la derecha chilena y las fuerzas armadas, intentaron quitarme del poder por medio de un golpe de Estado, el 11 de septiembre de 1973. Mi dignidad revolucionaria, mi apego con la causa que impulsaba, me llevaron al suicidio en medio de la sublevación militar. Preferí la muerte a la rendición ante los enemigos.
¿Dónde nació, don Salvador?

En el puerto de Valparaíso, el 26 de julio de 1908. Fui el quinto de los seis hijos del matrimonio de Salvador Allende Castro y de Laura Gossens Uribe. Mis hermanos son Alfredo, Inés, Salvador y Laura. Por la muerte de los dos últimos hubo dos nuevos Salvador y Laura.

¿Su familia pertenecía a la burguesía chilena?

Sí. Mi padre viajó y trasladó a la familia a lo largo del país, por los cargos que debía asumir en la administración pública.

¿Cómo trascurrió la infancia?

Los primeros ocho años los viví en Tacna. Luego, la familia se trasladó por un pequeño período a Iquique, en 1918. Valdivia sería el próximo destino. Mi padre se instaló  como abogado del Consejo de Defensa del Estado, en 1919. En el Liceo de Valdivia gané fama de dandi por la alta posición social y mi  vestimenta.

¿Cuál fue su primera influencia política?

Mientras continuaba los estudios en el Liceo Eduardo de la Barra, en Valparaíso, conocí a Juan Demarchi, viejo zapatero anarquista. Ese contacto tuvo una influencia fundamental en mi vida.

¿Cómo lo indujo a la política?

Mientras jugábamos ajedrez sostuvimos largas conversaciones. Muchas de las banderas de lucha social que me moldearon salieron de esas charlas.

¿Qué pasó en la juventud?

Finalicé los estudios secundarios en 1924, y decidí ir al servicio militar,  en el Regimiento de Lanceros de Tacna. Luego, ingresé a la Universidad de Chile a estudiar medicina, a pesar de dudar entre seguir esa carrera y derecho. Viví con la tía paterna Anita,  llevé una vida de inestabilidad residencial, recorrí de pensión en pensión para sobrevivir. No deje de ser dandi.

     

¿El grupo Avanced es la catapulta política?

En 1929,  entré al grupo, y llegué a ser vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Chile. Por  oponerme a ciertas posiciones del grupo durante los meses previos a la caída de la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo, me expulsaron. Seguí como líder estudiantil y me detuvieron. En esos días murió mi padre, de diabetes.

Y se fundó el Partido Socialista…

Eso ocurrió en 1933. Organicé la sede en mi ciudad natal. Dos años después me uní a la masonería. Así comenzó mi etapa política, esa que me llevó a la muerte.
¿Cómo fue su paso por el parlamento?

En 1937, fui parlamentario por Valparaíso. Luego, senador por Valdivia, Llanquihue, Chiloé, Aisón y Magallanes. En 1953, por Tarapacó y Antofagasta. En 1961, por Aconcagua y Valparaíso. En 1969,  por Chiloé, Aisón y Magallanes.
¿Era una especie de símbolo nacional del socialismo moderado?

Imagínese, ejercí desde 1966 la presidencia del Senado de una manera tan ecuánime que cuando la abandoné le rendí un homenaje a mi archienemigo, el diario El Mercurio.

¿Y se decidió por la Presidencia de la República?

Ocurrió en 1952, y conseguí un magro 5,4%. Eso se debió, en parte, al rompimiento de un sector del socialismo que apoyó a Carlos Ibáñez y a la proscripción del comunismo.

Pero no se quedó quieto, insistió…

En 1958, me presenté  como candidato de la alianza socialista-comunista FRAP (Frente de Acción Popular). Conseguí el 28,5% de los votos. La derrota se atribuyó a la participación del candidato populista Antonio Zamorano.

 ¿Y llegó la vencida?

No, qué va. En 1964,  representé al FRAP. Obtuve el 38,6% de los votos, contra el 55,6% de Eduardo Frei.

Pasaron otros cuatro años y la ilusión presidencial no se desvaneción…

Conseguí respaldo de la Unidad Popular (nueva alianza socialista-comunista, más otros partidos menores). El apoyo del Partido Comunista resultó decisivo.

     

¿Fue dura la campaña?

Era 1970, fue dura pero sin violencia. Las primeras encuestan daban por ganador  a Jorge Alessandri Rodríguez, candidato de derecha.  El 4 de septiembre, se celebró la elección presidencial en un clima de orden y tranquilidad. Pasada la medianoche se supo el resultado de los comicios: Allende: 36,6%; Alessandri: 34,9%; Tomic: 27,8%.

¿Ese triunfo fue bien recibido?

Cómo se le ocurre. La confianza de los alessandristas se convirtió en miedo a un gobierno socialista,  el presidente Richard Nixon ordenó evitar que  asumiera la presidencia, la CIA organizó dos planes para detener la elección  en el Congreso pleno y crear un clima de inestabilidad política.

¿Cuándo lo reconocieron como Presidente?

El 24 de octubre, el Congreso me ratificó  como Presidente de Chile.  El 3 de noviembre,  asumí el cargo. Ese día juraron los primeros ministros.

¿En qué consistió el ‘Socialismo a la chilena’?

– Estatización de las áreas claves de la economía

– Nacionalización de la minería

– Aceleración de la reforma agraria

– Congelar los precios de las mercancías

– Aumentar los salarios de los trabajadores, pagándolos con emisión de billetes.
Sin embargo, no le fue bien en la práctica…

No, hasta las mujeres se amotinaron y me hicieron escuchar la primera cacerolada.

De ahí en adelante el país se descompuso en lo social…

La economía dejó de crecer. La emisión inorgánica cobra las primeras víctimas y la inflación se disparó. El crecimiento del país llegó a ser negativo, cayeron los salarios reales, el déficit llegó al 25% del PBI y aumentó a 253 millones de dólares la deuda externa. En el mercado negro se venden productos a precios no oficiales y con el precio multiplicado. El mercado negro y el estancamiento económico causan la desaparición de productos básicos de consumo en almacenes y supermercados, se arman largas colas de gente para obtener mercancías. El dinero estaba, los sueldos eran altos, pero no había en qué gastarlo.

¿Los civiles instigaron el golpe?

Mire, civiles opositores al Gobierno se manifestaron frente a los cuarteles y les arrojaron trigo y maíz e insinuándoles que eran gallinas.

      

La violencia callejera se agudizó…

Se volvió más y más intensa. Se acercó a la barrera de los 100 muertos.  Un nuevo foco de violencia se creó entre el estudiantado por el proyecto de la Escuela Nacional Unificada (ENU). El desabastecimiento,  la reforma agraria, las “tomas”, los grupos armados, los cordones industriales se convirtieron en motivos de discordia. La convivencia democrática chilena estaba rota, y había grupos que hablaban directamente del golpe de Estado.

Pero antes hubo un pregolpe

Sucedió el 29 de junio. El regimiento blindado 2,  protagonizó un levantamiento militar contra el Gobierno. Usaron varios tanques, un porta tanques y dos camiones con 40 hombres cada uno. Los sublevados intentaron tomar el palacio, se enfrentaron a las fuerzas de la guarnición santiaguinas.

El saldo fue desfavorable para los organizadores…

Por supuesto.  Los miembros de Patria y Libertad, que estimularon el golpe, se asilaron en la embajada ecuatoriana. El resultado final de ese intento, conocido como ‘El tanquetazo’, fue de 20 muertos,  gran parte civiles.

¿Qué pasó con el plebiscito? ¿Por qué falló?

Esa fue la única solución viable que vi. El plebiscito debía consultar a los chilenos sobre mi mandato, y prometí renunciar si el resultado era negativo. Si se aprobaba el plebiscito, el golpe se volvía improbable, y si perdía me retiraría con la cabeza en alto por dejar el mandato no por las presiones opositoras sino por designio del pueblo.

¿Quiénes planearon el golpe?

La plana superior de la Armada, la Aviación y el Ejército.

¿Cómo apareció Augusto Pinochet en escena?

El general Prats renunció a la comandancia en jefe y recomendó  a Augusto Pinochet Ugarte, que tenía una larga hoja de vida como soldado profesional y apolítico.  Nos reunimos en la Moneda con Prats y Pinochet. Al finalizar la reunión Pinochet salió convertido en el flameante nuevo comandante en jefe del Ejército.

¿Cómo se fraguó el golpe?

El 7 de septiembre, los generales fijaron el día D, el 11 de septiembre, y la hora H (6:30 en Valparaíso y 8:30 en el resto del país). El 10, a las 16 horas, zarpó la escuadra, tal y como estaba previsto, y el Ejército se acuartela. En la madrugada del 11,  la escuadra reapareció en Valparaíso y las fuerzas armadas tomaron la ciudad. A las 7:15 de la mañana, en mi Fiat 125, y el GAP nos enfilamos hacia la Moneda. Cargaba un fusil AK-47 Kalashnikov y el GAP ingresó al palacio dos ametralladoras y tres RPG-7, además de las armas personales. Me dieron un ultimátum: si la Moneda no es desalojada antes de las 11:00 horas, sería atacada “por tierra y aire”. El ambiente en la Moneda era de tristeza. Los militares se contactaron con la Moneda y proponen   sacarme del país. Respondí claro:  no me voy a rendir. A las 11:52 los aviones  iniciaron el ataque a la casa de gobierno. Dispararon en cuatro oportunidades los cohetes. Otros dos aviones bombardearon la residencia presidencial. El ataque prosiguió al palacio de gobierno con  gases lacrimógenos. En La Moneda  nos negábamos a rendirnos. A las 2:30 de la tarde dispuse rendirme: “¡Bajen todos! ¡Dejen las armas y bajen! Yo lo haré al último”.
Con la metralleta que me regaló Fidel Castro durante la estadía en Chile, me disparé en la barbilla. Explotó la bóveda craneana y morí al instante.

¿Cómo se enteraron afuera de su muerte?

Simple. Palacios entró al salón Independencia y me encontró.  Llamó al oficial de radio y entregó el escueto informe: “Misión cumplida. Moneda tomada, presidente muerto”.

Gracias, comandante Allende por este recuerdo.

Con gusto, muchacho, este es un ejemplo de cómo se paga la traición. Hasta pronto.

Artículo adaptado de Encontrarte.org

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

      

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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