CÚCUTA.
Categoría infantil, peso 44 kilos, edad 13 años. Brayan Alejandro Parra se abre paso en el boxeo nortesantandereano. Sobre el cuello descuelga un manojo de las medallas que ha ganado en torneos departamentales y nacionales. El anhelo es ser campeón olímpico y destacar en el ámbito internacional como profesional.
Llegó al pugilismo hace 5 años. “Al principio me gustaban los golpes y me gustaba ver las peleas”. El papá, al ver el gusto por esa disciplina, le preguntó si le interesaba el deporte. La respuesta fue positiva y a partir de entonces está encaramado en el cuadrilátero forjándose el futuro deportivo.
El entrenamiento es fuerte y duro, a pesar de la edad. Ese esfuerzo le ha valido para ganar las preseas que hoy muestra con vanidad infantil. “Todos los días son duros, de lunes a viernes”. A los compañeros, sin importar los golpes recibidos, los tiene en buen concepto. “Son buenos y me ayudan”.
No hay mañana y tarde, entre semana, que Brayan deje de asistir al Ecoparque (San Rafael) para cumplir con la rutina impuesta por los entrenadores. El sacrificio constante tiene como meta cumplir el sueño de salir adelante y para hacerlo realidad cambió el método de estudio. Dejó el sistema presencial y ahora asiste a clases de manera virtual en el colegio Alejandro Gutiérrez Calderón (barrio Cundinamarca).
Los compañeros lo admiran por la constancia con la que se prepara y la amabilidad es recíproca en el grupo. El espejo en el que se refleja cada que se pone los guantes es el japonés Naoya Inoue, apodado El Monstruo. Ha sido campeón mundial en cuatro divisiones y el segundo en ser campeón indiscutido en dos divisiones de peso diferentes. (Wikipedia). Entre los colombianos es fan de Jhon Orobio, El Tigre, peso superligero.
“Cargar con todo esto es difícil”, dice Brayan y mira las medallas que reposan sobre el pecho. Destaca el respaldo de padres y nonos para seguir en este camino escogido. El padre Brayan Parra, para animarlo, se pone los guantes, hacen uno, dos rounds. Los jueces, invisibles, dan el veredicto y el árbitro levanta la mano del hijo. No es paliza, solo respeto.
“He ganado muchas peleas, ya hasta perdí la cuenta”. No es humildad, es cierto, la cifra de combates en los que se ha impuesto no aparece. Solo sabe que ha perdido dos, ninguna por nocaut. Y ha noqueado a 15 rivales. El golpe al hígado es el preferido. “Soy fajador y estilista”.
Estoy enfocado con él
Brayan Parra, padre, escuchó con atención las palabras del hijo. En ese momento le comunicó que deseaba entrenar boxeo. Lo tomó como la manera rápida de bajar de peso, porque el niño “era bastante gordito”. Además, por la disciplina que impone este deporte. Probaron “y salió bueno en el boxeo”.
Lo importante de esos primeros instantes en el ring es que Brayan Alejandro demostró talento. Aunque el padre no dimensionó el sufrimiento que le ocasionaría ver al chico dándose duro con los rivales. “Al principio, se sufre bastante”. Allá, afuera, los pensamientos se cruzan con los ruegos para que no llore ni reciba un mal golpe.
Pasado el tiempo, la confianza impone su ley y el padre va relajado a los entrenamientos y a los combates. Ahora, sabe que no saldrá mal librado; por el contrario, “es el que golpea”. Desde las cuerdas lo anima y le da instrucciones para que salga vitorioso. “Ojo, tiene espacio; vaya abajo”, son palabras claves que caen bien a los oídos del hijo.
“Estoy enfocado con él”. Brayan padre está pendiente de la alimentación, las dietas, el apoyo y el entrenamiento del niño. Así, se forman los campeones, con respaldo desde el hogar para el cumplimiento de metas y proyectos.
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