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Ver a María Camila feliz por el mundo, en las canchas de los grandes torneos internacionales, frente a las mejores atletas del circuito, ante público de toda nacionalidad, hace feliz a Juan Carlos. / Fotos: Contacto Deportivo

BOLA A BOLA. Le di una hija al tenis: Juan Carlos Osorio

CÚCUTA.

En la entrada a la casa permanece el pesebre, porque Adriana Serrano viajó al exterior y no alcanzó a guardarlo. En la primera sala de espera hay dos maletas todavía sin desocupar, porque Sebastián Osorio recién llegó del extranjero. En el sofá azul, Juan Carlos Osorio aguarda la visita para hablar de María Camila, recién campeona del Abierto de Filipinas. Pronto le llegará el turno de tomar el avión.

La niña, en un principio, no tenía definido el deporte que practicaría. La madre fue basquetbolista, el padre futbolista y el hermano también. Ella tenía tres opciones: natación, patinaje o tenis. A la primera disciplina no le hicieron fuerza. De la segunda se desencantó al ver la caída de una deportista. Por descarte había que comprarle la raqueta.

Edgar Muñoz la recibió en la academia y tal fue la sorpresa cuando la vio desenvolverse que preguntó por antepasados tenistas. Ninguno. La respuesta apuntaba al fútbol. El abuelo materno Rolando jugó en el Mundial de Chile 62 y el papá en el Cúcuta Deportivo. Lo demás era innato. Ahí comenzó la carrera deportiva de la hoy 80 del mundo en la WTA.

Juan Carlos Osorio dejó la práctica del balompié profesional por sugerencia materna. Y estudió derecho en la Universidad Libre. Trabajó tres décadas al servicio de la administración municipal. Aunque le faltan dos años para pensionarse, hizo a un lado el escritorio, los libros, las leyes y está dedicado a pasar los días en la casa.

  • Me gustaba el tenis, pero verlo. Seguía a Serena Williams, (María) Sharapova, Federer, Nadal. Veía los partidos de los open.

También tiene fascinación por el ciclismo. Hincha de Lucho Herrera. Era la época de estudio en la Libre. Ahora, en los últimos años, sigue a Nairo Quintana, ganador del Giro de Italia (2014) y la Vuelta a España (2016), y múltiples podios en el Tour de Francia.

Vive tranquilo, a pesar de cargar con el remoquete de ‘papá de María Camila’. Los triunfos de la hija los ve como fruto del trabajo que desempeña, porque el tenis es la profesión elegida.

  • Cuando le dimos la raqueta se enamoró y ahí se quedó. Tenía 7 años.

En los adentros de María Camila el patinaje seguía dándole vueltas y le pedía al papá que la llevara al patinadero para ver los ensayos. La caída de una niña fue suficiente para alejarla, en definitiva, de esa idea. El patinaje no pudo tenerla entre las practicantes y continuó con los entrenamientos en las canchas, donde también dio los primeros pasos Fabiola Zuluaga.

En esos comienzos tomó interés por el aprendizaje y conoció de la existencia de Roger Federer, a quien hizo su ídolo deportivo. No detuvo la preparación académica y la complementaba con la participación en torneos nacionales. Avanzó y compitió en otros campeonatos, subió de categoría y llegó a la Copa Cosat.

  • Me dijo que le quedaba pesado jugar y estudiar. Propuso la opción de estudiar virtual. Tenía 12 años.

De repente apareció la oportunidad de viajar a Estados Unidos para entrenarse. La rigidez del trabajo llevó a María Camila a vivir de manera diferente la etapa de la niñez. Las horas eran dedicadas a mejorar el estado físico y a practicar saques, devoluciones, reveses, subidas a la red, voleas y remates.

Foto: Facebook

En la cancha olvidaba cansancio y dolores de cabeza, le pasaban las enfermedades. Simplemente, era feliz.

  • Le di una hija al tenis y espero que me devuelva una gran persona. La mayor felicidad de un padre es ver feliz al hijo.

Y ver a María Camila feliz por el mundo, en las canchas de los grandes torneos internacionales, frente a las mejores atletas del circuito, ante público de toda nacionalidad, hace feliz a Juan Carlos. La apoya en todo momento, sigue los partidos por televisión, cuando no está en los graderíos. Sin olvidar los momentos de tensión y ansiedad durante la disputa de cada punto.

Al comienzo de la carrera de María Camila, Juan Carlos sabía poco de tenis. Ahora, sienta cátedra acerca de la disciplina y explica con propiedad cada momento del partido, cada golpe, cada movimiento del jugador. Hoy, admira al serbio Novak Djokovic y trata de disfrutar al máximo con el tenis. Ha estado 15 años metido en este ambiente que lo ha llevado a varios países.

Ese ir de un lado a otro permite pocos espacios para compartir en familia. Las vacaciones son cortas y María Camila las aprovecha para estar en casa. No cuenta mucho de lo visto y de lo que conoce. Está relajada.

  • Le gusta estar acá y no le gusta salir. Por ahí sale a comer, prefiere descansar. Le gusta leer. Le encantan las pastas.

Juan Carlos es cristiano y pone en manos de Dios el futuro de la hija, quien se santigua cada vez que gana un torneo. Como padre, le fortalece los valores para que sea buen ser humano. Y para que luche por los sueños. Está lejos cualquier insinuación de retiro, en diciembre cumplió 24 años. A cambio, está concentrada en continuar la tarea como profesional.

Por el seguimiento que ha hecho a María Camila, está seguro en qué aspectos debe mejorar y cuáles fortalecer para cuando deba enfrentar a las mejor posicionadas en el ranquin.

  • Tiene que fortalecerse físicamente para ponerse más fuerte. Cambiar la potencia por la velocidad. Tiene que volverse más rápida, más ágil.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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