CÚCUTA.- Camilo Daza, capitán y nieto, guarda grandes recuerdos de Camilo Daza, general y fundador de la aviación en Colombia. La emoción con la que habla transmite el respeto y el sentimiento de aprecio que mantiene por ese hombre que se atrevió a montarse en un avión cuando nadie lo había intentado en el país.
Desde el hogar en Fusagasugá (Cundinamarca), donde mantiene viva la figura del primer piloto nacional, define al abuelo como “un hombre que dejó gran ejemplo, una herencia y una marca grande por haber sido el fundador de la aviación. Hombre de grandes sentimientos, virtudes y cualidades. El recuerdo que tengo es la honradez, la dignidad y el respeto por los demás”.
En cambio, le da otro tono a la voz al hacer memoria y no encontrar en la natal Pamplona (Norte de Santander) un lugar que haga honor a la figura del precursor de la aviación. “En Pamplona ha estado un poquito olvidado, o mucho. La Casa colonial es pobre, no han destacado por programar exposiciones”. Recordó que en una ocasión envió material suficiente para exhibir y hacer memoria de Camilo Daza, pero los documentos, las fotografías y las demás piezas históricas desaparecieron en medio del misterio. Hoy, no se sabe quién las tiene en su poder.
¿Cómo era el general Daza en la casa?
En casa el General era todo un gallardo caballero del aire. Un gran caballero. Destacó como padre y abuelo, hermano y amigo, y esposo.
¿En casa quién mandaba?
El General delegaba las funciones en la respetada esposa, a quien llamaba ‘mi generala’. Era la que mandaba en la casa, y hacía todas las labores. El General se dedicaba a entenderse con su gran aspecto para marcar historia. Era todo un personaje en su casa.
¿Qué aprendió de su abuelo?
Aprendí, desde pequeño, a ver su ejemplo, su tenacidad, su caballerosidad. Ver que se sentía orgulloso de su dinastía, de su familia, de la herencia de aviadores que había construido en Colombia y que dejó con mucho orgullo. Aprendí las proezas que enseñó a muchos congéneres como fundador de la aviación civil y militar con planeadores, enseñando a volar a quien se lo pidiera. Era un caballero que departía y compartía. Aprendí esa generosidad. Era un hombre culto, probo, bien expresado, parco, pero locuaz, directo. Nuca tuvo enemigos. Desde presidentes a los más sencillos lo admiraban, lo respetaban. He aprendido y he seguido ese gran ejemplo junto con mi honorable familia.
¿Cuál fue el mayor regaño que recibió del General?
No era de regaños. Era con una conciencia y una grandeza, de un amor y un sentido filial. Nunca con violencia. No fue hombre violento. Fue siempre ese gran caballero, ese gran centurión, ese gran gladiador de la aviación colombiana. No utilizaba violencia, ni malas palabras. Siempre su expresión era grande, de léxico expresivo. Así lo entendíamos y así lo entendí.
¿Le ha causado beneficios el ser nieto de Camilo Daza?
Sí. El beneficio es llevar esa memoria grande como lo he hecho a lo largo de 40 años. He luchado, he hecho programas radiales, televisivos, he escrito artículos. Me he propuesto, lo he hecho y lo he logrado, a través de barreras de envidias, de muchos seres. He superado muchos momentos y a ciertos no les doy importancia, porque me siento ser quien soy, después de Dios y la Virgen, con el poder que me han dado. Seguiré hasta cuando Ellos me lo destinen.
¿Qué le faltó para ser como el General?
Todo. Para mí fue un ser único y privilegiado. Nació con esa visión de ser ese gran Ícaro. Decía: ‘No sirvo más, sino para ser aviador’. Esa fue su consigna. ‘Creí ciegamente en la visión con la que nací y fue la de fundar la aviación en Colombia’. Es difícil de superarlo y de igualarlo.
¿Hoy, cree que el Gobierno le ha retribuido los sacrificios al General?
Muchos gobiernos le hicieron homenajes, honores y reconocimientos. Abadía Méndez lo envió a España, se codeó con el rey Alfonso XIII. Tuvo un accidente grave, casi perece (agosto de 1929). La base militar Catam Camilo Daza, el aeropuerto Camilo Daza (Cúcuta), la Cruz de Aviación Camilo Daza. Misael Pastrana lo ascendió a general honorífico y Gustavo Rojas Pinilla lo nombró capitán general.
¿Lo escuchó quejarse algún día por ser aviador?
Nunca lo oí quejarse. Era un ser que, estuviera como estuviera, nunca se quejaba. Tenía ese sentido de superar esas etapas, ni se amilanaba ante esos aspectos. Simplemente, les ponía iniciativa, ese sentido visionario de gladiador del aire y no tenía el sentido de quejarse o dar quejas o lamentarse. Nunca. Lo contrario, daba grandezas como las que dejó para Colombia.
¿Es merecido el homenaje que se rendirá en Cúcuta, a 49 años de la muerte del General?
Sí. Y faltan muchos más recordatorios que le hagan. Bien merecido. Dios quiera que se pueda efectuar.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Contraluz.CO Sólo Periodismo




