Juan. 19, 30.
El fin de las horas de Jesús lo llevan a exclamar esa frase con la que le rinde cuentas al Padre. La misión está concluida en la tierra. La participación en el plan de salvación llegó hasta el final, cumpliendo con las profecías. La culminación de su vida terrena está cerca.
Jesús en su hora última nos recuerda que no en vano sufrió y padeció para que encontráramos en su sacrifico la salvación de nuestra alma. El padecimiento ha superado los límites humanos y el dolor lo vence. Sabe que el final pronto llegará, por lo que no deja de orar, de comunicarse con el Padre para rendirle cuentas y dar su parte, el haber hecho la voluntad del Creador.
Pasamos momentos de angustia, estamos con temores, una enfermedad ha cubierto la tierra y en algunos lugares arrasa con la vida de muchos de nuestros hermanos, especialmente ancianos, los sabios y los expertos en la familia, en el barrio, en la comunidad. Las noticias cada día nos agobian con las estadísticas y dan cuenta del avance a nuevos territorios y expresan en números los infectados y fallecidos a causa del mismo mal para el cual no tenemos remedio.
Nos hemos quedado en la casa para protegernos, para evitar el contagio, para huir a la muerte, para cuidarnos entre nosotros, para ser solidarios con los demás. No estamos cercanos al fin, si permanecemos unidos y con fe oramos para que este mal pronto pase, que la curación definitiva llegue, que podamos volver al trabajo, a la vida normal de familia y como miembros de una colectividad.
Hoy, de manera diferente a otros años, las manifestaciones masivas de fe en los templos y las procesiones no pueden darse y la Iglesia, fiel a su responsabilidad social, mantiene cerrada la casa de Dios, lo cual nos mueve a reservar momentos de oración y comunicarnos con Dios para pedirle por nuestras familias, parroquias, ciudades y país. Por el mundo entero que vive momentos de tribulación y más que nunca se aferra a la fe salvadora del plan trazado por Jesús y ejecutado en su vida y pasión.
Nuestras oraciones en el hogar y en familia van dirigidas a Jesús para que nos proteja. No es el fin. Es el momento del reencuentro desde la fe con todos los que amamos verdaderamente. Es, también, el tiempo de pedir que esa fe nos sea acrecentada; también, la confianza en el Salvador y pedirle por los que pasan momentos de dificultades, bien sea por esta enfermedad o por las consecuencias que se derivan de la falta de empleo, de ingresos, la soledad de algunos y las carencias de otros.
Hagamos una reflexión para encontrar el consuelo que necesitamos urgidos hoy en tiempos de pandemia: Jesús, en la salud alaba, en la desgracia purifica, en la enfermedad redime y en la muerte dolorosa salva. Es el Cristo presente en el hombre de hoy que experimenta el dolor, el sufrimiento y la muerte para resucitar y para nunca más morir.
Con la fe que no se quiebra pasaremos esta situación, porque Jesús antes de su muerte nos bendice y nos salva.
JORGE OMAR PABÓN
Médico nuclear
Contraluz.CO Sólo Periodismo