1.- Quienes por vinculación y afecto experimentamos y compartimos la realidad de la vivencia fronteriza, reconociendo que la actual etapa constituye la secuencia más insólita y atentatoria contra el anhelo integracionista y la auténtica mancomunidad de interés, en procura de darle vigencia, no solo al mensaje de unión, unión, unión que fijaron libertadores y constituyentes al establecer la Gran Colombia, el proceso político-institucional de mayor trascendencia constitucional del continente americano, sino al deseo de conformar una zona, región o área binacional fronteriza, para canalizar motivaciones y esfuerzos en procura de fuentes de empleo, mejoramientos infraestructurales y de servicios básicos, bajo el propósito de crear desarrollos industriales, investigación y capacitaciones mediante políticas de Estado conjuntas o de aprovechamiento especial, ante las favorabilidades de la ubicación geoestratégica y política, mediante incentivos, estímulos y mecanismos aplicables a las empresas que promuevan y participen en estos empeños que beneficien a las dos naciones.
Y ¿Por qué estamos sorprendidos? Porque se cerró la frontera, se crearon muchas situaciones de implicaciones agresivas y deterioradoras, hasta el extremo de no existir una corporación, comisión o junta binacional – con presencia y participación de las dos regiones, zonas o áreas que se pueden complementar- que estén evaluando y definiendo propuestas y alternativas, no obstante las solicitudes formuladas. Y, mientras esto sucede, los servicios de transporte se paralizan o se afectan seriamente y en lugar de acercamientos, lo que se provoca es una pugna de pareceres, porque al no haber auxiliares y asistencia, como lo requiere y le urge a la frontera, lo que hay es apatía, indiferencia, olvido, marginalidad. Y, actos y conductas de esta naturaleza, no es ayuda para nadie.
2.- Ante la magnitud y crecimiento de la inasistencia y cuando está a punto de terminarse el puente internacional de Tienditas, vale igualmente indagar ¿se han hecho los enfoques y las consideraciones apropiadas para el mejoramiento y aplicación de las zonas inmediatas de entrada y salida, así como lo pertinente a La Parada y la facilitación y seguridad de las movilizaciones de personas, vehículos y mercaderías?
Además ¿qué pasó con la Zona Franca Industrial y Comercial de Cúcuta, cuya entidad promotora y operativa se ubicó en Quindío, como si aquí no hubiera nadie? ¿Qué pasó con el agua y el gas? ¿Qué pasó con los estímulos a la capacitación y la investigación universitaria, en proyectos binacionales y acciones compartidas?
3.- ¿Qué pasó con ‘la opción de crear el Banco Colombo-Venezolano’, en el que participen o se vinculen los bancos centrales de Colombia y Venezuela, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF), así como los que quieran vincularse a los procesos de cambio monetario y expansión industrial, para tener una fuente de apoyo y respaldo económico y financiero? ¿Por qué no promover un gran empalme vial, sin olvidar el férreo triángulo de oro Maracaibo, San Cristóbal –San Faustino-Cúcuta y el aéreo, que tanta falta hace?
Lo increíble de todo esto, radica en constatar que es tanta la pasividad que se ha forjado y la ninguna atención a las peticiones y los llamamientos que se han hecho a Caracas y Bogotá, que si esto prosigue habrá que formular una convocatoria pública para que en el sitio de mayor referencia se congregue un masivo llamamiento urgente y prioritario para preguntar a los presidentes de Colombia y Venezuela ¿qué se hizo la histórica unión bolivariana, si no hay avances, ni apoyos? ¿Cómo superar la informalidad y el desempleo ante el cierre de la frontera y la indiferencia de los poderes centrales? ¿Por qué no crear una promotora comisión binacional fronteriza, que reviva el espíritu integracionista y fraterno para el avance y el progreso de las dos naciones?
El libertador Simón Bolívar tenía razón cuando dijo “el no habernos compuesto con Santander, nos ha perjudicado a todos“.
José Neira Rey
Contraluz.CO Sólo Periodismo