CÚCUTA.- ‘Entre gustos, no hay disgustos’, como diría la abuela. Cúcuta, la perla del norte, vive rodeada de majestuosos lugares, gente amable y, sobre todo, rica y variada gastronomía que le da vida a la ciudad. Esa con la que el paladar se vuelve vulnerable a la hora de saciar la ansiedad y con la que muchos se deleitan. También, hace parte de las prioridades de los turistas.
Para los cucuteños no hay problema reunirse un domingo en familia y disfrutar de recetas tan originales que día a día van en la lucha por no perder el valor. La capacidad que tienen los motilones de cumplir con las necesidades de los demás es abrumadora. La buena sazón del mute, el cabrito guisado o el arroz con pollo devuelven el alma al cuerpo.
En los hogares no puede faltar los fines de semana la hallaca, apetitosa, con la masa en su punto y con ingredientes que marcan diferencia con otras ciudades. Se encuentran en barrios humildes y restaurantes sofisticados.
El mute tiene un sabor enigmático y se ha vuelto una delicia para muchos comensales. No cabe duda de que el cucuteño promedio le apuesta a este plato. Los ingredientes para prepararlo no son caros y brinda la oportunidad a los vendedores de obtener una ganancia. Un plato vale entre $ 2500 y $ 3000. En restaurantes tienen mayor precio y oscilan entre $ 7000 y $ 8000.
Lo curioso de este manjar es que no lo sirven solo, lo acompañan un delicioso aguacate, arroz y el familiar el ají. Estos componentes buscan ser el complemento perfecto para decir ‘barriga llena, corazón contento’.
Bajo el radiante sol, se encuentra la más grande plaza de mercado de la ciudad, Cenabastos. Allí, platos y el movimiento de la gastronomía son reconocidos. La gente se caracteriza por ser parte de esos cucuteños que la dan toda por la familia, hasta la última gota de sudor para cumplir con los deberes del hogar. Pero lo que deja huella es la majestuosidad, la tolerancia y la seguridad a la hora de ofrecer un bocado de esa porción que hacen con amor.
En Cúcuta se organizan diferentes actividades relacionadas con el sector. Uno es el festival gastronómico anual, en el que muestran los maravillosos platos que representan a cada municipio de Norte de Santander. Cúcuta, también está registrada en el libro de Récord Guinness por crear el pastel de garbanzo más grande del mundo. Los mejores pasteles de garbanzo se elaboran en esta capital y son muchos los negocios que los ofrecen al público.
Otros espacios permiten el disfrute de esta comida rápica y como lo prefiera con ají, con gaseosa o con agua de panela, de esas que le dan un toque específico al clima cucuteño. No cuestan más de $ 1000 a$ 1200. Cómo no regocijarse a la sombra de algún árbol para degustar esas exquisiteces criollas.
El Zulia y Cornejo son testigos de los paseos de olla. La rampuchada se hace protagonista al permitir vivir momentos inolvidables en familia, con amigos o entre conocidos. Que el sonido de la naturaleza le dé el toque especial al acompañamiento que le hace el arroz, la yuca y la petacona.
La gastronomía es un elemento que valoriza la cultura y en las festividades sale a flote el trabajo en equipo o individual para apostarle a seducir con variedad platos a quienes desean ser conocedores de estas obras de arte de la culinaria.
Y como todo cuento tiene su final, los cucuteños aseguran que la gastronomía local es para chuparse los dedos y no dejar nada en el plato. Deleitarse, experimentar y quedar con ‘la barriga llena y el corazón contento’ son placeres que pocos pueden darse.
YULIANA MARTÍNEZ
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