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‘Los Duendes’ nacen como alternativa para manifestarse en Cúcuta donde escasea la escena artística.

CRÓNICA. Domingo con ‘Los Duendes’

Caminar por el aire, experimentar un vacío en el estómago producido por el miedo a caer, percibir tensión en los músculos y, sobre todo, sentir adrenalina, son solo unas de las sensaciones que se viven al ejecutar actos circenses.

Los domingos, el Parque Cultural Pamplonita,  en la ribera del Pamplonita junto a El Malecón, se convierte en uno de los sitios turísticos más visitados por los cucuteños. La variedad de la flora y la brisa del río lo  convierten en lugar fresco y agradable para soportar las altas temperaturas de 36 grados, en promedio, de la ciudad.

Más allá de estas maravillas naturales existe otro encanto. El grupo de jóvenes ‘Los Duendes’, corporación de circo-teatro dedicada a llevar alegría adonde llega. Los domingos se toma el espacio para compartir conocimientos con aquel que desee acercarse a participar en los talleres de arte. 

Los orígenes del circo se remontan casi al inicio de la cultura del hombre y surge como expresión humana. La constante necesidad de entretenerse fue el escenario preciso para el nacimiento. En principio, tenía una utilidad altamente relacionada con la preparación de guerreros, con los rituales religiosos y con las prácticas festivas.

‘Los Duendes’ nacen como alternativa para manifestarse en Cúcuta donde escasea la escena artística. Influenciados por la escuela de mimo y clown de Marcel Marceau, técnica traída por el pupilo ‘Chuin’ Clavijo, y mezclados con el circo Venezolano y con el deporte representativo de la ciudad, la gimnasia, forman el estilo único de circo en la frontera.

En la búsqueda del espacio adecuado llegaron al paraíso, ese bosque detrás del restaurante Rodizio. Muchos de los viajeros que visitan a la capital de Norte de Santander  dicen que no han visto en otro sitio un lugar como ese para compartir arte, sombra, naturaleza, brisa, tranquilidad y diversión.

Los integrantes de ‘Los Duendes’ son 14 y tienen en común la pasión por el arte. Practican malabares con pelotas, aros y clavas; también, desarrollan equilibrio, acrobacia y contorsionismo. La mayor sensación son los actos de funambulismo, acompañados de piruetas en el aire impulsados por el slackline (cuerda tensa). Para templarla se requiere el trabajo en equipo, entre más ayuden, mejor. Mientras unos jalan, otros ajustan el malacate hasta conseguir la tensión necesaria.

El funambulismo es el arte de caminar sobre una cuerda en las alturas. Los que lo practicaban eran conocidos entre los griegos como schoinobateso (danzantes en la cuerda) y dawazi, para los chinos.

Con ‘Los Duendes’ puede apreciarse la práctica del aerealsilks (danza aérea), para la que se requiere de una tela champion, de 16 metros de largo, que al colgarla queda en la mitad. Para suspenderla, ‘Los Duendes’ se trepan en un árbol de ramas gruesas, atan la tela y luego se deslizan hasta el piso.

La Danza Aérea es la trasformación de disciplinas artísticas y deportivas. Combina la danza contemporánea con las artes circenses, las acrobacias, el ballet y el teatro. Exige una relación corporal, mental y espiritual, rigurosa disciplina y constancia. Los actos o coreografías se hacen, principalmente, en el aire.

Los entrenamientos inician con el calentamiento, acompañado de yoga y acro-yoga. Una vez preparados, ‘Los Duendes’ sacan las clavas, los aros, las pelotas y los hula hula, para compartir el arte. Cuelgan las telas, amarran las cuerdas flojas de árbol a árbol, tensan el slackline y empieza el entrenamiento cargado de diversión.

‘Los Duendes’ no son los únicos que disfrutan y aprovechan el bosque, los transeúntes que recorren El Malecón también lo hacen. Los saberes artísticos los comparten en talleres abiertos, que les permiten a los cucuteños acercase para aprender. A quienes lo intentan les comparten los instrumentos de trabajo y les enseñan cómo hacerlo.

Un domingo en la mañana, el cucuteño sale de la zona de confort para disponerse a vivir momentos diferentes en El Malecón. Ese lugar, rodeado de  frondosos árboles, tiene en el extenso trayecto de más de 7 kilómetros discotecas, bares, restaurantes, parques, sitios de diversión y mirador, entre otras atracciones. Además, están los escenarios deportivos, el patinadero de ruta y de pista, salto de bikers (bicicross), skatebording y cicloruta.

En medio de este escenario cultural se encuentra este lugar mágico, que resalta por las risas que se escuchan y que expanden en el sector el aura de alegría que contagia.

Sandrid Mejía

Foto: CAMILO PINTO

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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