El ex ministro nortesantandereano Enrique Vargas Ramírez decía sobre la frontera: “Es sui generis y cambiante. Lo que aquí pasa, no pasa en otras partes, pues la necesidad es diaria y la solución apremia”. Eso lo escribió en uno de sus libros, esos mismos que nuestros dirigentes desconocen y por ello están condenados a cometer los mismos desaciertos cíclicamente.
La reciente decisión de Corponor de sancionar a Terpel por tener en existencia más gasolina que la autorizada, es algo dentro de lo compresible risible. Eso podríamos entenderlo si Cúcuta fuera una ciudad autónoma en ese sentido, y esta, al contrario, es una ciudad de consumo donde esos inventarios se rotan, se eliminan, por ello se acopian.
Llama la atención que el organismo regulador, que está más para preservar las fuentes hídricas, nos salga con que el problema ambiental en Norte de Santander es el acopio de gasolina y no el del agua. Conociendo, como los nortesantandereanos conocemos a Gregorio Angarita, desconcierta que una persona que conoce la región como él nos salga, a estas alturas, con esa ‘charada’.
El problema ambiental aquí no está en el calor de esas sabanas, ‘Goyo’, está en que Corponor ha sido permisivo con los depredadores del medio ambiente en un departamento donde la preservación de ríos y bosques es constante. La deforestación deja secuelas, tanto en invierno como en verano. En invierno, las montañas ceden, como hoy ocurre en la vía La Donjuana – Chinácota, porque el retenedor natural, que era la raíz del árbol no está. Y en verano, el agua escasea por el mismo motivo. Y qué decir de las cientos de quebradas que desaparecieron de la hidrografía de Norte de Santander: La Negra, El Tablazo, La Culebra y muchas más que no van al Táchira, Pamplonita, Zulia ni Algodonal. Así, en menos de 50 años, Norte de Santander ha perdido casi el 40 por ciento de la capacidad hídrica, su fábrica… su acopio, pero de agua.
Ese es el acopio que debe interesar, no el otro, el que durante años los nortesantandereanos han reclamando al Gobierno “gasolina para la frontera”. Ese es meramente circunstancial. El que interesa, en verdad, es el del agua, del que dependen muchas generaciones. Ese concepto, además, deben tenerlo claro los nortesantandereanos, hay que recalcarlo a los funcionarios de Corponor, en especial a aquellos a los que la comunidad señala de dejarse sobornar para permitir la tala de las montañas nortesantandereanas.
De lo demás, aplique la ley, pero como todas las cosas tiene sus prioridades y Corponor sabe cuáles son. No hay necesidad de recalcarlas.
JUAN RICARDO GÉLVEZ
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