Daniel Pittet, con este título sugestivo, relató el horror que vivió en la infancia. Víctima de abuso sexual, con este libro ha liberado su espíritu del dolor acumulado durante su vida. Para Pittet, uno más en la larga lista de niños violados por representantes de la religión católica, mostrarse ante el mundo significa abrir su corazón deshecho desde la infancia cuando en la complicidad del silencio de un monasterio el padre suizo Joel Allaz quitó su inocencia.
El papa Francisco escribió el prólogo de este testimonio expresando dolor ante los pecados cometidos por la Iglesia. Reconoce que la pederastia ha sido y seguirá siendo una mancha en el catolicismo. Basado en esa relación asimétrica, de poder del adulto hacia el niño, la pederastia es el afloramiento de los más bajos instintos sexuales. Esa actitud de dominio, execrable de personajes de la religión católica induce irremediablemente a la indignación de la comunidad.
¿Cuántos niños han sido objeto de estas aberraciones? ¿Cuántos han sufrido en carne propia los vejámenes? ¿Cuántos han sufrido física y sicológicamente las consecuencias de este acto sexual sin ningún tipo de contemplaciones? Innumerables, incontables son las víctimas.
En Colombia también vivimos estas dolorosas experiencias. Hay más de 18 sacerdotes denunciados, unos condenados, otros son prófugos de la justicia. Cada uno es un caso de horror, de miedo, de soledad, de temores. Del miedo de hablar, porque a los pequeños se les coacciona fácilmente, porque en muchas ocasiones no entienden la magnitud del problema, porque son tan inocentes que confían plenamente en los adultos. ¿Cómo no hacerlo con un cura? Si ellos son los representantes de Dios en la tierra solo tendríamos que recibir ternura y solidaridad.
Un caso que ha tenido cobertura mediática es el del padre William Mazo, violador de 4 niños y que recibió 36 años de prisión. El hecho, ocurrido en 2009, recibió la condena en el 2012 y ha sido objeto de atención nacional, porque los familiares han presentado demanda a la Arquidiócesis de Cali por el comportamiento del padre. El abogado expresó una hipótesis culpando a los padres de familia por no cuidar a los hijos. Como quien dice “los pájaros tirándoles a la escopeta”. Entonces ¿ahora es culpa de los padres de familia lo que les suceda a los niños cuando se dejan en la iglesia? ¿Son culpables los papás de los instintos malsanos de los sacerdotes?
Las instituciones están para brindar seguridad al niño, no lo contrario. La culpa es del individuo, del hombre falto de principios espirituales que vive para dar rienda suelta a las inclinaciones sexuales. En la elección de curas, así como de otros funcionarios que estén en contacto directo con niños, como profesores, deben visibilizarse estos posibles problemas y practicárseles exámenes estrictos de control para el desempeño. No debe aceptarse personas sin el debido análisis de comportamiento sexual y, por ningún motivo, tanto la Iglesia como el ministerio de Educación asumir un papel pasivo frente al caso y solo trasladar el problema a otra región. Destitución inmediata del cargo, es lo que se espera tajantemente.
Isbelia Gamboa
Foto: PanAm Post
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