CÚCUTA.- Martín Gómez no ha perdido las esperanzas de vivir y sigue adelante en ese empeño. Desde niño le tomó cariño a la pintura y luego la convirtió en su modo de vida. Hoy, a los 50 años, está orgulloso por haber adquirido en libros el conocimiento que desarrolla en cada obra. Y sonríe cuando recuerda que la gente lo considera estudiado, titulado y egresado de una facultad de artes plásticas.
Este hombre sencillo, humilde, de hablar rápido y vestir simple tiene en mente una serie de esculturas que cambiarán la imagen de Cúcuta. Serán animales gigantes que ocuparán espacios públicos a los que podrán legar niños y adultos a conocer de esas especies en vías de extinción.
¿Cómo se hizo artista plástico?
Toda la vida me ha gustado pintar. En el desarrollo de mi tiempo, desde la niñez pasaba por una galería, veía las pinturas y me gustaban. Siempre dibujaba, de manera innata, es un don de Dios. Me gustaba todo, pero quería tener ese acercamiento con alguien que me ilustrara, pero me parecía difícil.
¿Cómo fue su ingreso al mundo de las artes?
Nací en el seno de una familia numerosa, de bajos recursos, por lo que era difícil pensar en tener una carrera como estas. De manera independiente comencé a buscar en libros cómo pintar y compré los textos. El desarrollo fue autodidacta.
¿En la policía cómo le fue?
En la Policía dibujaba y me daban materiales para murales y obras de las actividades de la institución. Pintaba los carros, los logos y otras figuras.
¿Algún mal recuerdo?
La violencia no la comparto y quedé asqueado de esa situación tan absurda. Ver niños con fusiles más altos que ellos daban ganas de llorar. Verlos morir y diciendo ‘dígale a mi mamita que la quiero’ es una situación terrible. Por eso decidí retirarme.
¿Al tomar esa decisión qué camino tomó?
Me dije esta no es la forma de vida que quiero, voy a buscar otro camino. Hoy la tecnología nos acerca a un conocimiento que hay que aprovechar. Comencé a aprovecharlo, a estudiar juicioso y desde años atrás aprendí sobre las artes plásticas.
¿Hubo un maestro en el comienzo de esa carrera?
Hice unos talleres con el maestro Cerón, en Cúcuta. Empecé a vender mis cuadros, hacía pinturas clásicas, bodegones y con eso sostenía a mi familia y a darles estudio a mis hijos.
¿Cómo dio el paso a otras técnicas?
Quería hacer algo más, crear, y busque el vidrio para manejarlo, a hacer obras en crudo, y con piedras, conseguí las herramientas para tallarlas. Evolucioné, agarré habilidades, siendo mi profesor. Aprendía del error.
¿Ha habido progreso en su aprendizaje?
He ido desarrollándome de manera autodidacta. Para mostrar un proyecto tenía que sentarme en un computador con un dibujante y decirle, mire haga esto, váyase por aquí. Todo estaba en mi cabeza, él solo manejaba el programa. Me puse a estudiar y ahora domino varios programas.
¿Al mostrar los trabajos cómo los aprecian?
La gente se equivoca, piensa que soy profesional, con títulos, con grados académicos. Esto lo he aprendido como autodidacta. Lo que ocurre es que creo mis diseños y los medios me lo facilitan.
¿Qué ha pensado hacer con los conocimientos?
Creo que hay que trasmitírselos a los muchachos que piensan que no tienen oportunidades. Hay que aprovechar los computadores, porque lo acercan a uno al conocimiento y para que puedan desarrollarse como seres humanos y sentirse que son útiles para ellos y para la sociedad. Quisiera que mucha gente lo tomara como ejemplo y aprovechara las oportunidades que brinda la vida.
¿Cuáles son sus obras representativas?
Pinturas clásicas he hecho bastantes. En escultura las hay en vidrio. En Casanare hay un Cristo de ocho metros; obras decorativas para el hogar que están en Venezuela, México y Estados Unidos; un toro de 60 centímetros de alto por 90 de largo. En caucho he hecho unas bailarinas, un Cristo, una iguana gigante…
¿En qué proyectos trabaja?
La gente le fabrica a uno necesidades. Ahora, trabajo en unas iguanas de 10 metros de altas, que serán instaladas en Cúcuta. Los animales los voy a hacer en el color de cada especie para mostrarles a los niños los tonos naturales. La rana venenosa, el oso de anteojos, y otras especies.
Todo esto tiene un propósito.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Foto: www.contraluzcucuta.co
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