El escritor nortesantandereano Álvaro Cristancho sacará a la luz esta semana el libro ‘Cicatrices de una revolución fallida’. Hace referencia directa a Venezuela y Colombia y compara a los gobernantes Nicolás Maduro y Juan Manuel Santos.
Los siguientes son apartes del texto, cedido por el autor, en el capítulo ‘De cada presidente algo hemos aprendido’.
Un humorista venezolano original, en su humor negro y picardía muy bien pensada. Ventrílocuo excelente, que guarda sus creaciones en una maleta de viajero. En estos personajes peculiares veo la representación de mis dos presidentes acorralados por las circunstancias: el uno asemeja al delicado y refinado hombre de virtudes y prudencia diplomacia y buenos modales; el otro, desabrochado, patán vulgar y grosero; hasta guardan alguna semejanza en sus perfiles y rostros. Excéntrico el uno y el otro, por demás recatado como refinada dama. De hablar desgarbado y desabrochado su interlocutor y almidonado y pulcro el cortés estudiado en Harvard. Todo lo que se escriba o diga sobre esos dos personajes ustedes lectores deben enriquecerlo con lo que de ellos conocen en las presentaciones que desde hace muchos años deleita el venezolano ventrílocuo, parodiando a S.E. Nicolás Maduro Moros y a S.E. Juan Manuel Santos Calderón. Es mera coincidencia en todo caso.
Nicolás Maduro Moros
Ni que decir, que con tres metros de alambre púas comprado en Colombia por la guardia venezolana, ¡porque ni eso fabrica! Trató el tirano hacerse valer con escena teatral mal escrita, de un libreto en desuso; episodio ridículo, infantil y cantinflesco. Protagonizado por él, como actor protagónico en guión por escribirse, aquí primero se actuó y luego dejó a los libretistas que le escribieran el resto: ‘cancillera y ministras’ en apuros. Hazmerreír del mundo en el papel protagónico de tan mala comedia, émulo de un personaje estrafalario también en el ámbito de la política en el concejo de Bogotá en el año de 2002 cuando en un abrir y cerrar de ojos, este de estar en cuclillas tras una caja de embolar sentado en los calcañares, saltó a arrellanarse en cómodo sitial con tinto y secretaria, carro blindado y conductor elegido pagado con dinero del erario público; de ganarse centavos por su reconocida labor a percibir la nada despreciable suma de dieciocho millones mensuales de pesos ($18’000.000.ooM/ Cte). Poder desbordado y fama mundial obtuvo; vaya apetecido y codiciado puesto burocrático. Cómo no escribir novela si todo estaba dado: trama, nudo, desenlace, personajes, y la publiqué con el título: “A la altura de los pies”.
A usanza del renombrado personaje excéntrico por sus chafarotadas y modales cuestionables, a su modo en menos de una década nos vuelve a sorprender otro sin igual personaje de la vida pública. Caracas y Bogotá escenarios ideales para desarrollar el vasto mundo de las cosas y casos insólitos: del volante al escritorio presidencial, a usanza del concejal en mención este grandote es objeto de cámaras y miradas, “las maduradas” hacen parte del obligado tsunami viral en las redes por cuanto diga o haga. Dice y deshace. Me traigo el hilo en la cuerda de mis ideas el alambre de púas que templó el sabio Nicolás, para no perderme ni perder al amable lector de cuanto hizo tomar decisión infortunada a S.E. Nicolás Maduro Moros. Grandes titulares de prensa amarillista:
-Nos están robando.
-Nos están saqueando el país los bachateros con el contrabandismo.
-Los paramilitares quieren matar al presidente Maduro.
-Debo impedirlo.
Apareció tan brillante idea. Que sea una cuerda de alambre de púas, para que nos vayan respetando los tales paisanos colombianos. ¡Chico!
Se su excelencia Juan Manuel Santos Calderón
Si del otro lado de la cuerda las cosas dice la prensa que está arruinado y acabado y que de este estamos nadando en abundancia y derroche no se lo crean porque ni nosotros estamos tan bien como dicen, ni Venezuela está tan mal –todavía- como cuentan y arman los medios. De este lado un señor expresidente se cree presidente en ejercicio de sus facultades plenas, opacando y haciendo sombra al constitucionalmente elegido en sucesión democrática. Armando camorras y en juego de pirómanos y bomberos. Pero tiene pantalones a todas estas y se hace valer y hace escuchar como eco las voces de quienes claman seamos respetados y del maltrato y ultrajes nada queremos.
Es efímero el poder cuando la democracia traza sus plazos, y por bueno que sea o se recuerde pasa a la historia en un periodo y a lo sumo dos, como fue el caso del antecesor del presidente S.E. Juan Manuel Santos Calderón. Ya pasó a la historia aunque rehúse aceptar las imposiciones de la carta magna colombiana. Probado en su aspiración cumplida como estratega político se acomodó en curul senatorial. Y está en su derecho; seguidores a montón muestran afecto y admiración fieles hasta la muerte, otros se sienten respaldados al ver los vacios que han quedado en todas partes de la nación y que él, hábilmente asiste para acompañar a esas gentes en la deriva administrativa del Estado en manos de su ungido. Quien como al exfutbolista “se le sale de las manos”.
Somos culpables que los niños en La Guajira mueran por física inanición y la desnutrición desde el vientre los persiga. Los romanos hace siglos antes de Cristo encausaron el agua para beneficiarse llamando acueducto aquel invento, y dos mil años después ni eso hayamos replicado para saciar la sed a las gentes, bestias y plantíos en La Guajira y en cientos de municipios colombianos. Tristemente, veo llegar el atardecer de la República reseca y sin proyectos que hidraten la esperanza de quienes siguen votando por políticos que están empeñados en perpetuarle los males y desgracias a los pobladores. Saben muy bien que los males que duran cien años a ellos conviene más no a los pueblos que los seguirán eligiendo engañados que este sí les va a cumplir y olvidan de campaña en campaña el engaño de siempre.
Foto: ÁLBUN PERSONAL
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