CÚCUTA.- La historia bíblica del buen samaritano se repitió en Cúcuta con los deportados desde Venezuela. Cuatro familias que han sufrido por el desplazamiento forzoso ordenado por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, encontraron una mano amiga que los sacó de la calle.
Los colombianos devueltos a la fuerza, en agosto, por la guardia venezolana abandonaron el estado de indigencia en el que vivieron los últimos meses y ahora tendrán techo digno. Cucuteños caritativos se compadecieron con la situación de esos seres humanos y les ofrecieron la comodidad del hogar en la ciudadela Juan Atalaya.
Desde el momento del desalojo de las viviendas en San Antonio y Ureña, cientos de hombres y mujeres, niños y adultos, aguantaron humillaciones, ultrajes y vejámenes por parte de los uniformados del vecino país. A la vuelta a Colombia, de donde partieron en procura de mejorar la vida, encontraron respaldo y apoyo para vivir en albergues.
El paso del tiempo y la terminación de la ayuda ofrecida por el Gobierno dejaron a la intemperie a 24 familias. Los demás partieron para donde familiares o consiguieron acomodo por sus medios. Los desamparados llegaron al Centro de Migraciones, pero también debieron abandonar el lugar.
Las últimas semanas las vivieron en la calle, bajo carpas y en condición de mendicidad para obtener el alimento diario. Al paso de los vehículos por el Canal Bogotá jóvenes y adultos pedían la moneda que se convertiría en el sustento familiar. Uno de esos transeúntes se conmovió con las necesidades ajenas y les ofreció un espacio para guarecerse del calor.
“Porque acá nos toca mendigar todo; desde un champú hasta lo que requieren las mujeres para el aseo personal”, dijo Marleny Ortiz al recibir ayuda oficial. La secretaria de Equidad y Género de Norte de Santander, María Eugenia Riascos, acompañó a las familias en el proceso de traslado al nuevo hogar.
Los niños sufren por la epidemia de piojos ocasionada por la falta de agua para el aseo personal. El riesgo mayor lo afrontan adolescentes y jovencitas, “porque pasa mucha gente y nos grita y propone de todo”, expresó Ortiz.
Los beneficiados con el ofrecimiento del buen samaritano criollo en mayoría son mujeres cabeza de hogar, jóvenes y niños. La situación social, económica y de salubridad de estos seres humanos “es denigrante”, manifestó Riascos al conocer de primera mano lo que han vivido desde el desplazamiento.
En las afueras del Canal Bogotá permanecen ocho familias y esperan ser reubicadas. La Secretaría de Equidad y Género busca ayuda en las entidades públicas y privadas para brindarles mejor calidad de vida.
Foto: PRENSA GOBERNACIÓN
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