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DESPEDIDA DE MONSEÑOR. “Quiero pedir perdón si he ofendido a alguno”

CÚCUTA.- La Catedral de San José de Cúcuta albergó, este 8 de agosto, a centenares de fieles católicos que deseaban escuchar y ver por última vez a monseñor Julio César Vidal Ortiz como director de la Diócesis. El coro entonó la primera canción y dio apertura al desfile de decenas de sacerdotes que acompañaron al pastor en el recorrido de despedida por el templo. En el grupo relucían los ornamentos de monseñor Luis Madrid Merlano, arzobispo de Nueva Pamplona; monseñor Omar Alberto Sánchez, obispo de Tibú, y monseñor Gabriel Villa, obispo de Ocaña.

“Lo primero que quiero hacer es una consciente y profunda acción de gracias, gracias a Dios que se fio de mí y me encomendó esta iglesia particular de Cúcuta, me asistió en todo momento y me condujo por caminos de luz y de gracia”, dijo monseñor Vidal Ortiz al comienzo de la homilía.

Los fieles escucharon con atención las palabras de agradecimiento al culminar, anticipadamente, cuatro años de gobierno diocesano. Y la lista la inició con los hermanos en el ministerio episcopal,  siguieron los sacerdotes, a quienes les deseó lo mejor y por quienes orará “para que crezcan en fidelidad a Dios, a la Iglesia y al hombre”.

El reconocimiento se extendió a los formadores del seminario, a los seminaristas, al personal de la Curia, del Centro de Comunicaciones y del Centro Asociado, a los fieles que lo apoyaron con la oración, las palabras y el ejemplo, a los laicos, a los grupos parroquiales, a los movimientos, a las asociaciones, a las autoridades civiles, a la Gobernación, a la Alcaldía, a las ramas del poder, a las instituciones militares y policiales, a los organismos internacionales, ONU, OEA, Caritas, a los periodistas, a los clubes sociales y a la ciudadanía de Cúcuta y del Área Metropolitana, porque lo acogieron con cariño, devoción y respeto. “Quiero pedir perdón si he ofendido a alguno con mis actitudes y palabras”.

Monseñor Julio César dio vuelta al libreto y pasó al segundo punto en el que tenía dividido el sermón. “Quiero someramente explicarles algunas de las causas que me llevaron a presentar anticipadamente la renuncia a la dirección de la Diócesis”. Los feligreses aguardaban ese momento, en el que el pastor les diría de frente por qué se va.

Hace cuatro años vino trasladado desde la Diócesis de Montería. Al llegar dijo que “no traigo ni oro ni plata, pero traigo un corazón para amarles desde Dios y una boca para anunciarles a Jesucristo como camino, verdad y vida”. En este tiempo vivido en la capital de Norte de Santander ha tratado de cumplir esa sentencia “sin guardarme nada para mí, ni escatimar ningún esfuerzo del proceso de la evangelización”.

Explicó, con voz firme, que la labor iniciada para proyectar la Diócesis a 9 o 12 años, para celebrar el sínodo y para continuar el compromiso asumido durante seis décadas por 9 obispos “necesita nuevas energías, y por eso exige un obispo más joven y con mejores capacidades para que haga este trabajo”.

Monseñor Julio César  da el paso al costado en atención a los signos de los tiempos “para bien de esta iglesia particular, que es lo que importa. Por amor a la Iglesia abandonamos la dirección de la Diócesis”.

El segundo de los motivos lo explicó con similar energía y sin detener la lectura. Y no es otro que “tener más tiempo para intimar con Dios”. Aprovechará las horas libres para dialogar con Dios, alabarlo, bendecirlo, darle gracias y pedirle perdón. Además, porque quiere tener más espacio para la predicación. Este deseo, lo confesó, lo lleva en lo más profundo del corazón.

El tercer momento de la predicación lo dedicó a la ordenación de los diáconos. Pedro, Robinson, Víctor y Gabriel se prepararon durante varios años para ese instante. Las familias, el seminario, las parroquias, los sacerdotes, los religiosos y los fieles contribuyeron para que mediante el discernimiento serio hayan descubierto el plan de Dios.

El diaconado les permitirá saborear el sacerdocio de Cristo como cabeza de la Iglesia. A partir de hoy asumen el celibato, la virtud de la pobreza y la obediencia, y hacen una opción libre y consciente de seguir radicalmente a Cristo que fue casto, pobre y obediente. “Esta opción es un don y una conquista”.

La orden del diaconado les da el poder de predicar, presidir los sacramentos del bautismo y el matrimonio, efectuar exequias, presidir funerales, llevar el viático a los enfermos y, sobre todo, ejercer la caridad. “Deben mostrar el amor de Dios para con los más pobres, los excluidos, los desechabales”.

Al término de la homilía pidió a los fieles orar por el nuevo obispo monseñor Víctor Manuel Ochoa. “Ámenlo, acójanlo, apóyenlo y obedézcanle, como lo han hecho conmigo”. Dio la espalda, tomó el báculo pastoral, se bajó del púlpito y continuó la ceremonia de ordenación de los cuatro diáconos. El sucesor llegará a la ciudad el 14 de agosto, y tomará posesión de la sede episcopal el 15, en la Catedral de San José, a las 10:00 de la mañana.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Foto: www.contraluzcucuta.co

 

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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