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MENSAJE DE LOS OBISPOS. “¿De qué sirve una guerra donde todos estamos perdidos?”

CÚCUTA.- Los obispos de Norte de Santander, encabezados por monseñor Luis Madrid Merlano, enviaron los feligreses un mensaje lleno de esperanza, a raíz de los últimos hechos de violencia ocurridos en el departamento.

La preocupación de los pastores de la Iglesia Católica  se manifiesta al reconocer que “en nuestros pueblos hay zozobra, incertidumbre, miedo y confusión”. Y para aliviar la situación señalaron que “como Pastores del pueblo de Dios, queremos caminar adelante, en medio y detrás del rebaño, como siervos de la comunión y la esperanza”.

El siguientes es el texto del documento suscrito por los titulares de la Arquidiócesis de Pamplona y las Diócesis de Cúcuta, Ocaña y Tibú:

“Los nortesantandereanos y todos los que habitamos en este territorio estamos hoy urgidos y necesitados de esperanza. Justamente porque todos añoramos un mejor futuro para el departamento y hemos empezado a creer en la paz y la reconciliación, y hoy nos vemos afectados y desilusionados por los hechos graves de violencia que con dolor padecemos. En nuestros pueblos hay zozobra, incertidumbre, miedo y confusión. Con este mensaje queremos convocar a una cruzada por la esperanza.

“Quienes están trabajando hoy por la paz en el departamento y han empezado a soñar que es posible superar el conflicto y creen que el diálogo y la negociación son la única salida posible al mismo; quienes piensan que tarde o temprano todos los grupos entrarán en procesos de paz, por la fuerza de la razón histórica y la sensatez política y creen que el futuro nos exige reconstruir con honestidad nuestro territorio, deben confirmar la esperanza.

“Los graves hechos de los últimos meses, realizados quizá para demostrar poder por la violencia, ciertamente frenan la reconciliación, la concordia y la justicia, pero no deben llevarnos a perder el horizonte de esperanza, al contrario, estos actos nos confirman que la guerra no es la salida, que la radicalización y la violencia cruda no son la solución. Ahora más que nunca, hay que invocar la esperanza.

”La degradación del conflicto genera caos, dolor, incertidumbre, desasosiego. Estos sentimientos nos roban el horizonte de futuro que todos anhelamos y que posibilita la paz. Ante esta cadena de hechos en el país y en nuestro territorio, nos quedamos perplejos preguntándonos quiénes no están haciendo lo correcto. Entramos en confusión y quizá radicalizamos también nuestras posiciones y empezamos a considerar de nuevo la guerra como parte de la solución. No podemos perder el horizonte. ¡Invoquemos la esperanza!

“A los actores armados les queremos decir que se pueden tener razones grandes para hacer la guerra, para recurrir a la fuerza, para ir hasta la muerte y la destrucción. Pero también la guerra necesita, para hacerse “comprensible”, un marco amplio de sensatez. Sin la básica racionalidad, sin parámetros de ponderación y equilibrio finalmente no se entiende su propósito, no se cumple el objetivo, se cae en el absurdo. El propósito no puede ser causar daño, sino avanzar en aquello que la guerra pretende resolver. ¿De qué sirve una guerra donde todos estamos perdidos, donde finalmente todos nos sentimos víctimas y donde solo ganan los interesados en alimentar este conflicto?

“Quienes se atreven a tomar las armas por una causa, deben procurar por todos los medios saberse correctamente interpretados. Hacemos una invitación a quienes ejercen el poder de las armas a la sensatez. Hacemos una invitación a la cordura, para darle razones al pueblo que sufre que esta es una causa que intenta construir una nueva nación en la que el miedo, la exclusión, la barbarie, la injustica, lo incorrecto no va más. Por ello, desde las filas de la guerra también es necesario invocar la esperanza; se debe reconocer el derecho a la paz, se debe creer que podemos llegar a ella y salvaguardar desde ya toda forma de vida. Aquí, en estas filas, se necesita hoy más que nunca una mirada de esperanza; si se tiene el coraje para asumir la guerra, se debe tener el coraje para asumir la paz.

“Como Pastores, queremos ser una voz de esperanza para nuestro Pueblo, del que todos somos parte. Nos duelen los daños de esta escalada de violencia, los desplazados, los secuestrados, los niños en la guerra, todas las muertes, los daños graves al medio ambiente. Pero la fidelidad de Dios es la esperanza de su Pueblo que sabe que nunca estará solo y que Él lo conduce por el desierto, no importa cuánto tarde y con cuantos obstáculos encuentre; Dios siempre lo lleva por un camino de liberación. No olvidemos nunca que somos su Pueblo, que no sucumbe ante cualquier forma de destrucción, creemos en Jesucristo victoria sobre el pecado y la muerte.

“Amado Pueblo de Dios, los invitamos a sentirnos uno, a caminar juntos en medio de la oscuridad, a no desfallecer, a consolar a los que sufren, a quien tiene duelo, dolor, incertidumbre, miedo, pérdida, sentimientos de venganza. En la dificultad, en la penumbra, necesitamos caminar y crecer como pueblo de Dios, ahí se aquilata verdaderamente nuestra fe. Confiemos solo en quien es verdaderamente nuestro defensor, nuestro guía, nuestro liberador, nuestra verdad plena. Él es el único que sabe sacar bien de donde se afirma y se ufana el mal. Dios es fiel, siempre fiel y hace camino en nuestra historia de dolor y sufrimiento. El mismo Señor nos dice: “Ten ánimo, se valiente, espera en el Señor”.

“Invoquemos la esperanza, confirmemos la esperanza. La reconciliación y la justicia finalmente llegarán, no podemos desfallecer en este propósito y todos somos parte de este camino hacia la paz que tenemos derecho a exigir, a defender y a construir. Como la guerra nos afecta a todos, la paz es responsabilidad de todos. No será duradera una paz que la definan otros; necesitamos ser todos parte de ella, para que sea la justa paz del Pueblo. Es un proceso, con momentos difíciles, no desesperemos ante los hechos que nos confunden y nos duelen. No invoquemos la guerra para superar la guerra, no invoquemos la muerte para derrotar la muerte. No llenemos de más dolor nuestro futuro. Siempre hay una nueva oportunidad para todo. Recordemos que nunca está más oscuro que cuando va a amanecer. En el nombre del Señor, no perdamos el coraje.

Como Pastores del pueblo de Dios, queremos caminar adelante, en medio y detrás del rebaño, como siervos de la comunión y la esperanza”.

Monseñor Luis Madrid Merlano – Arzobispo de Nueva Pamplona

Monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos – Obispo de Ocaña

Monseñor Julio César Vidal Ortiz – Obispo de Cúcuta

Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos – Obispo de Tibú

Foto: pulzo.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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