Con sinceridad expresé por Twitter al presidente Juan Manuel Santos y a la dirigencia de las Farc mi gratificación y sentidas felicitaciones por la conducción acertada del complejo proceso de diálogo desarrollado en La Habana, con el cual le han manifestado a Colombia y al mundo que por fin estamos a las puertas de la paz. Quiero decirles que esta placentera sensación no es solo mía, se expresa en la sociedad colombiana que ha visto pasar más de 50 años de guerra fratricida, que solo nos ha dejado violencia, muertes, viudez y orfandad, por doquier. El presidente Santos hace honor a su condición de marino, conduciendo ‘contra viento y marea’ en medio de mares procelosos, la delicada y frágil nave de la paz, con la vocación de conducirla segura a feliz puerto, para beneficio de los colombianos.
Por eso resulta incomprensible que exista un grupo de colombianos que sin la menor consideración y compasión con nuestra atribulada nación haya decidido decretarle la guerra, sin cuartel, al cese bilateral del fuego y a la paz. Actitud comparable con expresiones de marcado deterioro ético que hace recordar episodios de la pavorosa Guerra Civil Española, ocurridos en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, regentada en esos neurálgicos momentos por don Miguel de Unamuno, cuando en medio de la celebración del Día de la Raza (hoy de la Hispanidad), 12 de octubre de 1936, el general del ejército español José Millan-Astray y Terreros interrumpió la magistral intervención del rector gritando: “Muera la intelectualidad traidora. Viva la muerte”. Unamuno respondió a ese necrófilo e insensato grito diciendo: “Este es el templo de la inteligencia y yo soy el sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitareis algo que os falta, razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”.
Para el presidente Santos, el 2015 es el año para consolidar el proceso de paz y por esta razón les ha pedido a la sociedad colombiana y a los aliados políticos que salgan y vayan por las regiones y los campos haciendo pedagogía y educación acerca del contenido y avance de las negociaciones. Sabe que el escenario central del conflicto se encuentra en las zonas rurales y será allá, precisamente, donde se deben concentrar los esfuerzos y hacer realidad la presencia de las políticas de Estado que buscan satisfacer las necesidades por largo tiempo insatisfechas de la desfavorecida sociedad rural. Será con los líderes de esas regiones, conocedores del dolor de la guerra y la violencia, con quienes logrará sacar adelante sus inéditas y valientes propuestas de paz.
Desde este ángulo esperanzador, la convocatoria educativa debe hacerse a los distintos estamentos de la sociedad civil que son escuchados y tienen liderazgo en los grupos de población que dirigen y a su vez, se sienten comprometidos con la tarea de ayudar a jalonar los Acuerdos de La Habana. El presidente Santos debe convocarlos como un poder renovador determinante para la superación de la violencia. Es la hora para que en una decisión histórica convoque a las instituciones religiosas, universitarias y académicas, a maestros, empleados, trabajadores, estudiantes, empresarios y los comprometa en esta acción pedagógica, que haga posible abrir de una vez y por todas las duras y oxidadas puertas que nos conduzcan al cambio social y a la paz.
Está bien que el presidente Santos recurra la Iglesia católica, con su santidad el papa Francisco que tan importante esfuerzo hizo en el mejoramiento y apertura de las rotas relaciones Cuba-Estados Unidos. Estamos seguros de que al ser convocada ayudará en nuestro proceso de paz por intermedio del presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Augusto Castro. Tener al lado de la paz a los miles de sacerdotes que orientan a la grey colombiana, es contar con una inmensa legión de pedagogos que pueden explicar las profundas conveniencias y ventajas que para el mejoramiento social y humano traerán los Acuerdos de La Habana a nuestro país.
Del mismo modo, recurra a los partidos de la Unidad Nacional y al Partido Liberal donde militaron sus antepasados, con la certeza de que será de muy buen recibo su convocatoria. La sociedad civil, irradiada a lo largo y ancho de la nación, comprendiendo la dimensión social de los Acuerdos y de la implementación de las nuevas concepciones de la política de Estado en los temas económicos, políticos y sociales, significará un verdadero aporte inédito a este proceso.
Todo esto es lo que nos lleva a expresar alegría y confianza al encontrarnos en las puertas de la paz, y queremos hacer un llamamiento fraternal a quienes persisten en actitudes escépticas y negativas, que es hora de decirnos entre todos, con fe y esperanza: “Venga esa mano país”.
ALONSO OJEDA AWAD
Ex embajador de Colombia.
Director programa Paz. Universidad Pedagógica Nacional.
Foto: www.lapatria.com
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