1.- La relación entre Colombia y Venezuela es de tantos sustentos y factores de interrelación que cualquier acción o conducta que atente, contraríe o produzca alteración o daño a los propósitos de unión y cooperación que se gestaron desde la colonia y se consolidaron con la independencia, debe ser objeto de permanente atención, porque cualquier indiferencia, dejadez o proliferación de situaciones y hechos que deterioren o produzcan malestar en uno u otro lado de los límites y las regiones que nos interconectan y proyectan, para enmendar, corregir o superar el error o concepto que haya producido malentendidos, reclamos o justo clamor reivindicatorio.
Anotamos lo anterior, porque lo más ilógico, contraproducente y ajeno a la vocación de estos pueblos hermanos lo constituiría el provocar barreras limitantes o la aceptación de medidas que contradigan o hagan ilegítimo el compartir mutuo y la búsqueda de un mayor y mejor vivir para pobladores y descendientes.
Además, cuando se presentan situaciones complejas, difíciles y de amplio espectro –como las que se registran en orden a diversos y múltiples causas que obligan a juicios y exámenes claros y rigurosos, por las implicaciones que se prevén puedan producir nuevos hechos o ampliar los existentes, esos nexos de historia, vecindad, complementación y aprovechamiento de ventajas comparativas en lo social, económico y político, que diariamente advierte y señala la ubicación geopolítica- el sentido de fraternidad, la identidad democrática y el espíritu de pertenencia, junto a la necesidad de no sucumbir, nos debe motivar para propiciar entendimientos, acuerdos, establecimiento de reales y pragmáticas asistencias y coparticipaciones que fortalezcan la labor trasformadora y en conjunto, junto al desarrollo y vigencia de proyecciones positivas.
2.- Con ese criterio, y porque la fuerza está en la unión y en la labor asociada, presencial y con visión hacia el futuro, resolviendo cuanto acontezca en el presente o pueda entorpecer el futuro, algunos amantes de estas tierras, llamadas a configurar un porvenir más próspero y halagüeño, reiteradamente hemos solicitado un encuentro binacional al más alto nivel y una mejor utilización de los recursos tanto humanos, como de toda la naturaleza, con el fin de crear fuentes de empleo; mejoramientos infraestructurales viales, férreos, aéreos y fluviales; capacitaciones; y definición de incentivos, estímulos, mecanismos y procedimientos o reglamentaciones especiales que hagan factible el irrumpir de una conciencia y gestión motora con más amplias perspectivas. Y para calificar a las dos naciones como artífices y vigías de la integración futurista de América ante el mundo.
3.- Por eso, y porque la liga que pueden provocar y llevar a efecto Colombia y Venezuela exige una acción inteligente y superior a las preocupaciones partidaristas o de grupo político que trascienda en efectividad más allá de los límites y sirva de guía y orientación, para todos y sin excepciones, vivamente esperamos que para mayor firmeza del proceso de paz que tanto ansía Colombia y para que llegue a una feliz culminación, también Colombia y Venezuela ratifiquen esa confianza que da vigor a la solidaridad, en un acto solemne y para que el ejemplo de esa fraternidad, se extienda y proyecte internacionalmente, para beneficio y ejemplo al planeta.
¿No podría el Complejo Histórico de Villa del Rosario ser la sede de los próximos encuentros al más alto nivel y el fiel guardián de las políticas de Estado que se aprueben y establezcan?
JOSÉ NEIRA REY
Foto: culturayturismoencucuta.blogspot.com
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