CÚCUTA.- A Pedro, hace 30 años lo tentó el diablo y se dejó llevar por el deseo de ganar plata sin mayores esfuerzos. Por ese pecado pagó dos años de cárcel en Venezuela. Ahora, es otro miembro de la población en condición de calle que deambula por Cúcuta desesperanzada, abandonada y castigada por la sociedad.
Este hombre de ojos claros, piel maltratada por el tiempo, tufo de muchos días de consumo de alcohol, apariencia física deplorable, vestimenta mugrosa y hablar interesante vive en el infierno que escogió ese día que aceptó llevar 500 kilos de marihuana hasta más arriba de Caracas.
Hoy, con el pesar por haberse dejado arrastras por esa vana ilusión, forma parte de los 90 hombres y mujeres que comparten el Centro Día, lugar donde encuentran desayuno, almuerzo y recreación. Esas actividades se cumplen de 7:00 de la mañana a 3:00 de la tarde. En la noche regresan a los andenes que abandonan mientras el sol los acaba de curtir.
María Estela Contreras, es directora de Corprodinco, corporación que, junto a la Alcaldía, atienden desde marzo esta población. “La condición para ingresar es que estén en la calle. Al ingreso se registran y participan en las actividades diarias”. En la casa no se permite el consumo de droga, ni el ingreso de armas. Hay unas normas mínimas de convivencia a las que deben someterse.
“Son seres humanos ansiosos, con depresión, con conflictos, y hay que tener estrategias para manejar las relaciones entre ellos y con el equipo de ayuda”, dijo la directora. En el lugar hay historias que conmueven, que hacen más grande el compromiso para con estos adultos, porque muchos no tienen familia.
En la casa se cansaron de soportar esa condición de calle y no los admiten. Otros, son adultos mayores abandonados, algunos intentan salir de la droga y no son capaces. “Eso hace que sea difícil que tengan una oportunidad. El programa mitiga en parte esas carencias y busca que vuelva a tener los derechos vulnerados”, aseguró María Estela Contreras.
El Centro día aprovechó el rezo de la novena de aguinaldos para congregar a los habituales residentes. En la última jornada participaron los empelados de la corporación, llevaron regalos y compartieron el almuerzo.
El sacerdote Gerluiz Muñoz presidió la eucaristía y les trasmitió el mensaje para “que nunca se les acabe la esperanza”. No hubo la tranquilidad que se respira en estos actos religiosos. Algunos estuvieron atentos, otros participaron atraídos por la música y los cantos del coro ‘Los Zagales’ y los demás se mantuvieron en su mundo.
“Ustedes también son Navidad”, le dijo el sacerdote exfranciscano y ahora miembro de la Diócesis de Cúcuta. Los invitó a vivir el nacimiento de Jesús en paz, a pesar de las dificultades que afrontan por la condición social en la que están enfrascados. A la hora de la comunión los que quisieron compartir el Cuerpo de Cristo no pudieron por no haber cumplido con el sacramento de la confesión.
“Tan bacano que es el cambio extremo”, dijo de repente José (*). Quizás se acordó de algún momento de la vida y dejó escapar ese pensamiento. Agitó la maraca artesanal hecha con alambre y tapas de gaseosas, y volvió a callar. El compañero de al lado no prestó atención a esas palabras o las entendió.
El cura sonrió, aunque no lo hizo para congraciarse con la frase de José, sino porque también debió recordar un pasaje agradable de su vida en varios países. La ceremonia concluyó. ‘Bombillo’, ‘La Rola’ y todos los asistentes recibieron la hayaca, el café con leche y el pan servidos por los empleados de Corprodinco que cambiaron la actividad interna en la corporación por este compartir.
“Algunos casos pueden ser recuperables. Implica esfuerzos de los sectores público y privado, tener otras etapas de atención, tener el Centro Noche, tener un espacio de tratamiento, tener un espacio que permita tener la oportunidad de generación de ingresos en la etapa final, implica inversión de recursos para permitir que dejen de consumir”, es la conclusión de la directora María Estela Contreras.
A Pedro le dieron la oportunidad de tocar la flauta y entonó un villancico. Mientras estuvo en la cárcel de Santa Ana aprendió a leer música y a tocar varios instrumentos. Es saxofonista, conductor, decorador de vehículos y vendedor de lo que sea. Solo necesita una mano que le proporcione el plante porque “vendo de todo”.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Foto: www.contraluzcucuta.co
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