1.- El grado de indiferencia y pasividad ciudadana ante los diversos hechos que sucedidos sobre el presente y el futuro de varios desarrollos que tienen asiento en la ciudad y que repercuten en varias áreas, es verdaderamente impresionante, porque las entidades públicas y privadas en lugar de propiciar acercamientos, en procura de entendimientos, con los similares fronterizos venezolanos y para hallar políticas de Estado, que velen por el desenvolvimiento y el desarrollo de las acciones que se deben cumplir, lo que hacen es descabezar proyectos, como ocurre con la Zona Franca de Cúcuta, y aniquilar todo el esfuerzo que se cumplió, para dar vida a esa iniciativa que lleva 40 años de existencia.
Y lo hacen sin valorar implicaciones, ni hallar alternativas, con el fin de evitar el colapso de un cierre de actividades. Y más cuando los terrenos que son del Estado fueron aportados para la iniciativa. Por eso, la inconsecuencia de haber donado cerca de 20 hectáreas a la Policía para un edificio administrativo y el error de erigir el Centro de Convenciones sobre lo que queda, cuando el Complejo Histórico de la Villa del Rosario pide a gritos atención y asistencia de primer orden para activar lo cultural y turístico, de tan importante referencia Latinoamericana.
Por todo esto, más la suma de muchas situaciones-incluida la ausencia de encuentros que reanimen lo binacional fronterizo – es por lo que puede afirmarse que el mayor problema de Cúcuta y de la frontera no es lo económico, sino lo humano, por la falta de presencia y participación en el análisis, evaluación y definición de situaciones y temáticas, que inciden y repercuten en todo y todos.
2.- Por eso, organizaciones como la Cámara de Comercio de Cúcuta ameritan la mayor consideración por el sector empresarial, gremial y laboral, dada la importancia de múltiples factores que califican y determinan a este organismo de representación, control y proyección. Y que debe ser ajeno a todo intento de ‘rosquísmo’ privado o político, porque si esto se inoculare como se ha insinuado en algunas publicaciones, el daño sería inconmensurable. De ahí el obligante compromiso ciudadano de velar por lo propio. Y del Gobierno en escoger a los representantes y de los organismos paralelos del sector venezolano.
3.- Una referencia como la advertida, igualmente, conduce a que la escogencia de nombres para los cargos de mayor responsabilidad se haga con trasparencia y escogiendo los candidatos dentro de aquellos, que pueden obrar con mayor acierto en orden a los conocimientos y a la sana y honesta proyección de su vida.
Esos pasos son los que pueden dar firmeza a la presencia ciudadana y a la conformación de acciones y conductas trasformadoras, que penetren en toda la estructura y aceleren el cambio y la renovación de cuadros, que es exigente, en todo el marco y panorama, de la dirigencia regional y fronteriza. Todo esto, sin olvidar la comprometedora relación fronteriza y la conveniencia de mantener un intercambio amable, responsable y con respaldo en auténticas y ejemplarizantes políticas de Estado, que precisen y definan lo auténtico y real, de lo efímero y circunstancial. Sí, porque hay vacíos y faltan presencia, participación y, esencialmente, unión, labor en equipo y valoración de acciones y conductas positivas.
Además, porque la vecindad, la ubicación geoestratégica y lo alusivo a la historia en lo social, económico y político hace de la fraternidad colombo-venezolana un emporio de opciones para estructurar un mejor futuro y unas buenas y mejores relaciones ahora y a toda hora. Y para lograr acuerdos sobre los derechos de uso y las acciones de convergencia para el común desarrollo.
JOSÉ NEIRA REY
Foto: www.contraluzcucuta.co
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