En buena hora convocó la emblemática Sociedad Económica de Amigos del País (Seap), bajo la conducción del presidente honorario y senador de la República Horacio Serpa, al foro ‘El futuro del campo” y que contó como panelistas, entre otros, con Rudolf Hommes, ministro de Hacienda en el gobierno de César Gaviria; Ana María Ibáñez, decana de Economía de la Universidad de los Andes; Ricardo Álvarez, del Observatorio de Restitución de Tierras de la Universidad del Rosario, y Álvaro Godoy Suárez, catedrático.
Fue interesante escuchar de Carlos Villamil Chaux, ex gerente general del Incora (1969), decir que lo que se está pactando hoy en los diálogos de La Habana fue lo que trató de hacer en su tiempo el presidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), cuando con verdadera voluntad política impulsó el programa de Reforma Agraria, antes de que la fuerza de los terratenientes la hundiera en el famoso pacto de Chicoral, que puso fin, en muy mal momento, a estos esfuerzos reformistas.
Rudolf Hommes, analista económico y ex ministro de Hacienda expresó, que es hora de resarcir al sector rural y a los campesinos de Colombia por el abandono, la violencia y la exclusión en los que el establecimiento los ha mantenido. Estamos demorados en cubrir la deuda social que tenemos con ellos. Lo que se hace ahora en los diálogos con la insurgencia, debimos haberlo hecho en 1955. No solo es tierra lo que se les debe entregar a los campesinos, que si bien mejoraría los efectos redistributivos del campo, es además urgente, contribuir a la productividad y para ello solicitó un paquete de acciones que debe incluir educación, créditos, asistencia técnica, salud, comercialización y trasporte, todo esto en el contexto de una estructurada Reforma Agraria.
Planteó, además, que si la sociedad colombiana no es capaz de superar el sistema clientelista existente, el que es corrupto desde la base y construir una democracia participativa y participante, en la que las decisiones en el campo se tomen con criterios y base comunitaria, no nos va a ser posible superar las graves carencias de exclusión y miseria que son arrastradas por la sociedad colombiana desde los siglos pasados.
Ana María Ibáñez expresó preocupación por la tendencia marcada a la alta concentración de la tierra. El uno por ciento de la población es poseedora del 40 % del total de las hectáreas y el 2,0 % lo es del 80 % del total de hectáreas cultivables en el país. Esta concentración es mayor en los valles de los grandes ríos y en las tres cordilleras. La informalidad en que se encuentran los derechos de propiedad rural, ha facilitado el despojo de tierras por las bandas criminales, de las cuales 2,1 millones de hectáreas no se podrán recuperar. Además, 21 millones de hectáreas están mal usadas en Colombia y 7,3 millones de hectáreas aptas para la agricultura no son cultivadas ni explotadas. Fue taxativa y clara al decir que dar solo tierra a los campesinos no los sacará de la pobreza.
Es necesario un esfuerzo integral que incluya todos los factores que inciden en el económico, técnico, cultural, político y social. Es preocupante el grado de desnutrición que presentan los niños campesinos en zonas rurales de franca miseria. Se refirió a un estudio de la Universidad de los Andes, en el que los niños rurales están por debajo en habilidades cognitivas en relación con los niños urbanos.
Al terminar el foro me asaltaron dos recuerdos: Uno, el de Hans Blumenthal, ex director de Fescol, quien al dejar su cargo dijo que para Colombia es urgente hacer la Reforma Agraria, que debió haberla hecho décadas atrás. El otro es el del sociólogo y capellán de la Universidad Nacional de Colombia, Camilo Torres Restrepo, quien desde el Frente Unido, su movimiento político, pidió hace 48 años una Reforma Agraria Integral, propósito que se está logrando hoy en los diálogos de La Habana.
Es nuestra esperanza que una vez diseñada y estructurada la soñada y anhelada Reforma Agraria, la institucionalidad del país, con apoyo de la sociedad colombiana, se haga presente con la vocación y la fuerza necesarias para lograr la implementación en todos los ámbitos que demanda y de este modo ver un día el campo en paz, el agro en un proceso claro y seguro de crecimiento y desarrollo, que les permita a los campesinos con gusto, alegría y tranquilidad entregar los mejores esfuerzos a ‘sembrar’ agua, proteger la frontera agrícola para la conservación de los bosques que nos purificará el aire y a la construcción de la despensa de alimentos que requieren los centros urbanos.
ALONSO OJEDA AWAD.
Ex Embajador de Colombia
Director Programa Paz de la Universidad Pedagógica Nacional
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