BOGOTÁ.- El número de municipios en riesgo para las elecciones de Senado se incrementó en 38 % al pasar de 291 municipios en riesgo, en 2010, a 410 en 2014. Para las elecciones de Cámara se refleja un leve descenso del 5 % y pasó de 407 municipios, en 2010, a 386 municipios.
Para el caso del Senado, en Norte de Santander, 7 municipios están clasificados de riesgo medio; 15 de riesgo alto y 2 de riesgo extremo. De los 40 municipios del departamento 24 tienen problemas (60%). Para la Cámara de Representantes 5 son de riesgo medio; 7 de riesgo alto y uno de riesgo extremo, para el 33 %.
En la investigación de la Misión de Observación Electoral (MOE) se tuvieron en cuenta las siguientes variables para el caso del Senado.
1.- Niveles atípicos en la participación electoral.
2. Variaciones bruscas en la participación
3. Atipicidad en votos nulos y tarjetones no marcados
4. Limitaciones a la competencia electoral
La intensidad del riesgo detectado para las elecciones de Cámara de Representantes es similar a la evidenciada en el 2010. Para las elecciones al Senado la intensidad cambia drásticamente. Los municipios en riesgo alto y extremo aumentan en 532 % y 725 %.
El mapa de riesgo de las elecciones de 2014 da evidencia de la tendencia que se empezó a vislumbrar desde el 2011: los armados y los ilegales no son los principales generadores de riesgo. Son los políticos los que en el territorio generan la mayor cantidad de riesgos electorales.
La capacidad de intimidación, coerción y de influencia electoral por parte de actores ilegales se ha reducido mientras que el riesgo por fraude electoral asociado a los políticos ha aumentado.
La elección más riesgosa, tanto por número de municipios y por la diferencia con los resultados de 2010, es la de Senado. El 37 % de los municipios del país cuentan con riesgo por posibles maniobras fraudulentas por parte de actores políticos.
Los resultados permiten concluir que las elecciones en Colombia no necesitan más fuerza pública, sino, por el contrario, más jueces, mejores fiscales y autoridades de control capaces para prevenir y castigar el fraude electoral. Cada vez más estamos mejor blindados contra los ilegales pero desprotegidos frente a los políticos corruptos.
No quiere decir esto que los ilegales no tengan capacidad de influencia, sino, que se ha reducido elección tras elección.
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