Mientras el Ideam pronosticó 10 días de lluvias en Cúcuta, similares a las de la noche del 4 de mayo, el alcalde Donamaris Ramírez pidió la declaratoria de calamidad pública por afectación de las lluvias.
Cúcuta, así no queramos, es una ciudad obsoleta, que nunca se ha preocupado por el saneamiento básico. Los dirigentes pasan por los cargos solo con ansías de recuperar la inversión de la campaña, reforzar el clientelismo, adjudicar contratos mal logrados y desangrar al municipio. Ninguno ha tenido la clara y firme intención de adelantar el Plan Integral de Desarrollo para sacar a la ciudad a flote.
Los dirigentes políticos usan el dolor de la ciudad y de los habitantes para llegar a los cargos públicos. Nadie ha sentido dolor por el terruño, ni ha replanteado las estructuras del alcantarillado, no se ha trazado el plan de contingencia que dé resultados, el alcantarillado es obsoleto, las calles son angostas, los cerros están habitados, por eso cada vez que la lluvia la visita vive el caos que se vio la noche del sábado.
Los comerciantes pierden, los ciudadanos más. Los barrios se inundan, las emergencias están a la orden de la noche. Es hora de apartarse de los individualismos y trabajar por la capital del departamento.
Si el pronóstico del Ideam llega a cumplirse la ciudad estará a las puertas de convertirse en otro Armero. La ciudad se partiría en pedacitos, los cerros taparán las vías y se vivirán tragedias que deben dimensionarse. La ciudad debe prepararse para lo peor, porque está en situación de alto riesgo.
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