CÚCUTA.- Una tarde llena de sorpresas para alguien que no conoce la sección de urgencias del Hospital Erasmo Meoz. La observación, los datos, cumplen una parte importante para recordar. El sentimiento de lástima embarga al ver pacientes a lado a lado en los pasillos, a la espera de atención médica.
2:30 de la tarde. Urgencias presenta una gran cantidad de pacientes en espera como si hubiera sucedido una catástrofe. Se ven caras pálidas, ánimos por el piso, deshidratación, familiares junto a ellos segundo a segundo.
Se escuchan ruidos que provienen de diferentes partes. Son los monitores que controlan la presión, el ritmo cardiaco, el pulso, y la máquina que lleva el control de los pacientes
Por los pasillos, además de familiares y pacientes, se ven de un lado a otro, enfermeras, camilleros y universitarios, algunos con prisa y otros con paso normal.
Las camillas en cada sección, los cuartos y los pasillos, están apilados, amontonados, sofocados entre los 30 centímetros separan una camilla de la otra. Son 73 camillas.
Guardias del Inpec esperan sentados frente a un abuelo.
– ¿Quién es el hombre con varios cables y un tanque de oxígeno que vigilan?
– Es un preso. Lo trajimos, porque se le subió la tensión y no respira bien. Está bajo la supervisión de las enfermeras con medicamentos y sueros
– ¿Qué delito cometió?
– Hurto.
Los nombres de los pacientes están colgados en ventanas y escritos en cartón. Las pertenencias las deben cuidar, porque si las descuidan al momento desaparecen.
4:00 de la tarde. Dos camilleros atienden a 80 pacientes. Tres ambulancias permanecen parqueadas sin ninguna función. El olor adentro es penetrante. Huele a orines y suero, es desagradable para pacientes delicados de salud.
4:15 de la tarde – ¡Son una parranda de mentirosos! – gritó una mujer en medio del llanto. – Llevo tres días esperando y esperando y nada que ayudan a mi mamá. ¿Quieren que se me muera?
El silencio se apoderó por unos segundos de la sala de urgencias
– Señora, cálmese debe esperar- dijo el doctor.
– ¿Esperar? Será esperar a que se muera. Les faltó estudio, a conciencia!
Un enfermero, impaciente por el escándalo, pidió la presencia del celador de turno.
– Señora, si no se calma deberá abandonar la sala de urgencias.
La mujer respiró profundo. Renegó un poco más dentro del cuarto donde estaba la camilla con la mamá, una abuela de la tercera edad. Paró el llanto.
Los baños en urgencias son feos, antihigiénicos, oscuros y tienen olor penetrante a orines. Aquí, falta rescatar la condición humana.
ERIKA LORENA VERA
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Contraluz.CO Sólo Periodismo