La llegada de los fenómenos ambientales no debe ser algo que nos preocupe; por el contrario, es una situación que no es desconocida. Conocemos de los alcances de estos fenómenos que nos han dejado miles de damnificados, barrios hundidos en lodo y un municipio menos en el departamento. Sabemos cuáles son las consecuencias, entonces, lo que se debe hacer es tomar medidas desde ahora para aminorar esos efectos, y para ello, todos debemos trabajar en conjunto.
No entiendo porqué, el alcalde Donamaris Ramírez, en una de sus brillantes decisiones, decide esperar a que sucedan las cosas, eso sí, en conjunto con la Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental (Corponor) y otras entidades que se deben involucrar en estos asuntos,
Luego de algunos estudios en los que el resultado es la inminente reducción de los caudales de los ríos Zulia y Pamplonita, y que avizoran que el Zulia pasará de 40 metros cúbicos de agua por segundo a tan solo 17 y el Pamplonita de 12 metros cúbicos a 7 y con la temida posibilidad de bajar a 5. El Zulia abastece al 30 por ciento de Cúcuta mientras que el Pamplonita aprovisiona al 70 por ciento restante.
Estando así las cosas, por qué luego de esa reunión la sabia conclusión es esperar a que lleguemos al número más bajo para tomar las leves medidas que se anuncian, y que consisten en oficiar a propietarios de lotes para que los poden, y tratar una vez más de aplicar el tan mentado comparendo ambiental a quienes propicien quemas indiscriminadas.
Por qué esperar a estar en una situación crítica y delicada para iniciar con estas medidas insulsas; por qué, si sabemos lo que se nos viene, no se comienza con las reprimendas desde ahora, y se construyen planes de contingencia si los hay. A desempolvar los mapas de riesgoy a mejorar el plan de emergencias, emprender simulaciones y simulacros donde se involucrea las entidades del municipio y del departamento, empresas privadas, estudiantes medios de comunicación, etcétera.
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