¿Qué se hicieron los rudos campesinos,
De mirada serena y de rostros curtidos,
De las breñas agrestes…
Y de caminos lentos?
¿Dónde están los arrieros aquellos,
Los del ceño fruncido y resuelta figura,
De machetilla al cinto…
Y con la ruana al hombro?
A la fonda, no acude, ni aparece,
La peonada risueña, de mocetones fuertes,
Con bandolas y tiples…
De tonadas…de coplas y de versos.
No volvieron a verse por el campo,
Aquellos cacharreros,
Los del fardo repleto, de baratijas varias…
Con perfumes… con secretos y sueños.
Mujeres solitarias y tristes… de luto revestidas,
Con sus pechos heridos,
Amamantan sus hijos…
Ateridos de frio.
De todo este inventario… de parientes y amigos,
Entre valles, montañas y senderos estrechos,
Se han perdido por siempre…
Esos hombres
arrechos.
Los rumores del río, en profundo gemido…
Se escuchan, susurrando un lamento,
Que más parece un réquiem…
Por un deudo querido.
Todo es silencio y soledad ahora…
Porque todos se han ido,
Unos por los atajos, otros por laberintos,
Buscando una esperanza… o el fin de algún destino.
CIRO A. RAMÍREZ DÁVILA.
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