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365 días sin Gramalote

CÚCUTA.- Hoy, hace un año, 3.000 gramaloteros, repartidos entre niños, adultos y ancianos, dejaron atrás la tierra que los vio nacer y crecer. Hoy, hace 365 días, terminaron 150 años de historia para esta gente. Hoy, hace 12 meses, comenzó a escribirse la tragedia que no se detiene para hombres y mujeres.

La noche corría en medio de la normalidad. De pronto, se escuchó un estruendo a lo lejos. La tierra rugió y despertó a los habitantes de Gramalote, al occidente de Norte de Santander. La naturaleza no quería cobrar ninguna vida humana, por eso les dio tiempo de salir.

En cuestión de minutos el casco urbano se resquebrajó y cedió ante la falla geológica que acabó con ese pueblo de gente amable, brava y sincera. Después, surgieron las lamentaciones, el llanto y el dolor por lo perdido.

Los gramaloteros pasaron de ser humildes propietarios a asilados en albergues, arrimados en casas de familiares y arrendados donde consiguieron. La vida les cambió, y de ese momento no terminan de recuperarse.

En los últimos 365 días han sufrido lo impensable, porque en su tierra tenían poco, pero con eso les bastaba para vivir. En la ciudad tienen menos y no les alcanza para sobrevivir.

A Cúcuta, Santiago y cualquier otro municipio adonde partieron para buscar asilo llegaron como extraños, los miraron como damnificados y los trataron como víctimas. La condición humana desapareció y se convirtieron en otra cifra provocada por el invierno.

Los nombres de José, Enrique, Pedro, María, Sandra, Josefina, se esfumaron entre las ruinas y aparecieron apelativos generalizados. De las viviendas unifamiliares que heredaron de los viejos, pasaron a habitaciones compartidas y salones de clase medio acomodados para que mitigaran el dolor.

La libertad quedó presa entre los escombros de las casas grandes y con solares amplios donde las frutas se daban silvestres. Pasaron a vivir hacinados, a deambular de día y de noche en procura de explicaciones que jamás llegarán y a recibir alimentos con sobrenombre de ayudas.

Allá, tenían identidad propia y caminaban con la cabeza erguida, fruto del orgullo que les inspiraba el pueblo. Acá, son errantes y muchos los tratan con desdén y los menosprecian, porque quedaron a la merced de la voluntad política de los gobernantes.

     

Hoy, hace un año, desapareció Gramalote. Todavía falta ver correr muchas horas en el reloj de cualquier tecnócrata bogotano o cucuteño para reponerles los bienes materiales sepultados por la madre natura. Aunque el dolor, seguro, perdurará y lo llevarán por siempre en el corazón.

Será la segunda vez que trasladen el municipio. Ahora, la vereda Valderrama cederá parte de sus predios para levantar no al nuevo Gramalote, sino de nuevo a Gramalote.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Fotos: MIGUEL PALACIOS

mipala128@hotmail.com

 

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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