Inicio / Destacado Barra / Cúcuta, palabras al viento

Cúcuta, palabras al viento

Adoro a Cúcuta, aprecio a muchos de sus habitantes, pero me duele la indiferencia de la mayoría de los cucuteños para con su ciudad.  Desde mis años de universidad, escuchaba de un profesor de ingeniería la frase la ‘mediocridad del facilismo’, creo  ahora que es la que más identifica a sus habitantes.  Nada les duele, nada les conduele, los políticos destrozan la ciudad, sus recursos, sus sueños, sus ideales. El habitante de Cúcuta carece de la mínima noción de lo que se define como indignación; para nada.  La ciudad se cae ante sus ojos, en el día a día, y les importa un sieso (sí, sé qué significa la palabra sieso).

Los políticos, todos, sin importar su investidura, se aprovechan de la región, de la ciudad, de sus habitantes, pero sobre todo, de sus recursos económicos y permitimos que ocurra año tras año y no existe el menor atisbo de una protesta o sanción social, que les exija que las cosas cambien, que la ciudad se trasforme en lo que debe ser: polo de desarrollo fronterizo, económico, industrial, científico, educativo, cultural.  Hace años, durante una visita de Manuel Zapata Olivella, médico, antropólogo, escritor y folclorista colombiano, de quien en vida me permitió la gentileza de llamarme su amigo, me preguntó en algún momento, ¿por qué razón Cúcuta no era un modelo de ciudad y ejemplo, en lo comercial, educativo, cultural, para el resto del país y para Venezuela? Siendo un antiguo entronque de caminos. Le respondí, a pesar de mi juventud, por la gente maestro, por sus gentes. Sus gentes ven caer la casa de su vecino, pero mientras la suya no se vea afectada, nada lo conmueve. No somos solidarios, no nos importa nada, la filosofía del ‘importaculismo’ En la UFPS conocí una connotación más elegante pero más diciente: ‘la mediocridad del facilismo’. Ese es el rasgo que identifica a la mayoría de los cucuteños.

Los políticos se enriquecen, sus familias y allegados se enriquecen, todo ese enriquecimiento proviene del dinero que los cucuteños pagamos en impuestos.  No pueden abrir cuentas bancarias para esconder sus ganancias ilegales. Tampoco pueden correr el riesgo de guardar esos dineros en bancos venezolanos, si es mucho, los “coño e chicos” piden explicaciones y los pueden embargar. Entonces, los entierran. Sí, los entierran y pagan en efectivo con dineros sucios llenos de humedad.  Todos en Cúcuta lo sabemos, pero a nadie le importa, mientras nos paguen.

La Universidad Francisco de Paula Santander se desmorona académicamente por la mala administración de su rector. Sí, con minúscula, como minúsculo es el rector, que permitió que se perdiera la licencia de funcionamiento de la facultad de Licenciaturas más antigua del país. Los estudiantes de licenciatura no sé, ignoro, cómo se van a graduar.  Algunos profesores preocupados, escribieron un artículo denuncia que quisieron publicar en La Opinión, pero a La Opinión no le interesó el asunto y la denuncia jamás se publicó.  Entre los 300 primeros puestos de los exámenes Ecaes no aparece ningún egresado de la UFPS en ingeniería, contaduría, administración y licenciaturas.  Ese es su nivel académico actual.  Pero desde la rectoría se cuelgan afiches y pasacalles que rezan: “Felicitaciones a los estudiantes de la Universidad Francisco de Paula Santander por su alto nivel académico”.  Al parecer, es alto, debido a la altura en la que se cuelga el pasacalle.  Si en las universidades de la ciudad no se tiene un buen nivel académico, la ciudad no será competitiva, no será productiva, no habrá generación de empleo, no habrá crecimiento económico, la ciudad estará rezagada, pero eso a nadie en Cúcuta le importa.  La educación es un inconveniente, los candidatos a la Alcaldía de las últimas elecciones, ni siquiera mencionaron el tema educación.
 Por segunda vez, en los últimos cuatro años (2007), la ciudad es afectada por un derrame de hidrocarburos, en su principal y más importante cuerpo de agua, el río Pamplonita y es el más importante, porque es la principal cuenca abastecedora de agua para algo más de un millón de habitantes.  Como profesional ambiental petrolero, sé que Ecopetrol, operadora y dueña del Oleoducto Caño Limón – Coveñas –debe tener un plan de contingencia  licenciado y aprobado por el Ministerio del Ambiente y Corponor.  Sé también, que periódicamente, ese plan debe ser revisado y actualizado según las condiciones cambiantes del corredor por donde trascurre el oleoducto, esa es tarea tanto del Ministerio como de Corponor, estas, las autoridades ambientales, deben exigirle ese plan a Ecopetrol y velar por su debida actualización y funcionalidad basado en las características técnicas, ambientales y sociales del derecho de vía del oleoducto.  Pero de manera más urgente, relevante, fundamental, en todo el derecho de vía que se encuentra en el área de influencia directa del río Pamplonita, porque convierte a este corredor, en un tramo de muy alta vulnerabilidad ambiental.
Después del derrame del 2007, como profesional ambiental, creía, ingenuamente, que toda la ciudad, todos sus habitantes, todos sus políticos, hubieran tomado acción para prevenir la repetición de ese evento.  No ha sido así.  Ni los dirigentes de la región –que sabemos no sirven para nada y cuyos intereses no van más allá de lo que los pueda beneficiar- el Ministerio del Ambiente, Corponor, Aguas Kpital, la Gobernación de Norte de Santander y la Alcaldía de Cúcuta, pasado el efecto de los hechos, olvidaron el asunto. Típico sentir y pensamiento de la región.  Tal vez se basan en la frase: “El que contamina paga”. Sí, Ecopetrol debe pagar por su negligencia, que no es solo en Cúcuta, el saldo en rojo de Ecopetrol a nivel nacional son los derrames de hidrocarburos, los más graves, los sucedidos en Cúcuta, sobre la cuenca del río Pamplonita.  Pero no es menos cierto, que las entidades que he mencionado, líneas arriba, también son responsables de lo sucedido.  Estas inoperantes entidades, deben garantizarles a la ciudad, a los habitantes de la cuenca del río Pamplonita, que la vulnerabilidad de la ciudad sea reducida al mínimo, pero no, se excusan en la negligencia de Ecopetrol: Ecopetrol paga.  No, el Ministerio del Ambiente, Corponor, la Gobernación, la Alcaldía y Aguas Kpital deben pagar también por su irresponsabilidad, por su negligencia, por su falta de criterio, por su inoperancia, por su falta de visión.
Con lo anterior, quiero decir por si alguno de los funcionarios de las entidades que he mencionado, no ha entendido: todos ustedes deben garantizarle a la ciudad, a los habitantes de la cuenca, que las bocatomas de agua para el suministro de agua potable, no volverán a ser contaminadas.

Los eventos acaecidos la madrugada del 11 de diciembre de 2011, no puede volver a ocurrir.  Estas ineficientes entidades deben diseñar, junto con la asesoría de Ecopetrol, un plan de contingencia que proteja y aísle las bocatomas de captación de los acueductos.  Pero, además, Ecopetrol, la más grande empresa del país, debe destinar los suficientes recursos para implementar un sistema que permita hacer un monitoreo permanente, con recorredores de línea constantemente, con la actualización periódica y continua del plan de contingencia, con la actualización de los equipos de contingencia, con la preparación constante del personal técnico así como de obreros para atender la contingencia, con simulacros permanentes, único procedimiento eficiente para mejorar los tiempos de respuesta frente a la contingencia.  Pero además, basado en los archivos históricos del oleoducto cuya revisión permita anticipar roturas normales del tubo, bien por las características geológicas del derecho de vía, información que tienen, pero también anticipar la reposición de segmentos del oleoducto que están deteriorados.  El Oleoducto Caño Limón – Coveñas tiene una edad de más de 25 años, es un sistema de trasporte de hidrocarburos viejo y por lo tanto susceptible a roturas, a fugas, a daños que puedan generar un nuevo derrame, por eso la calificación de muy alta vulnerabilidad.

Desafortunadamente, creo, que la ciudad, con ese espíritu empobrecido de sus pobladores, permitirá que este hecho vuelva a ocurrir en el futuro.
Cúcuta no le importa a nadie en el país. Menos les importa a los cucuteños.

ALEJANDRO GUERRERO LAVERDE

Biólogo y ecólogo

alejandro_guerrero@walla.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

Podría Interesarle

RECUPERARTE. Programa para impulsar la transformación urbana de Cúcuta

CÚCUTA. El alcalde Jorge Acevedo recorrió las obras del programa Recuperarte, con el propósito de …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.