CÚCUTA.
La historia comienza en la antigua Federación a la que perteneció Brayan Guerrero. En 2018, es el año de la fundación de la Escuela Cobra Ozunu Kai y desde entonces se ha mantenido en el tiempo. El hoy maestro es apasionado por las artes marciales y en un momento de la vida soñó con ser formador de campeones para la vida.
En los últimos siete años el anhelo se ha cumplido. Por el tatami han pasado niños y jóvenes que llegan ansiosos por conocer de qué se trata ese deporte y se quedan. El aprendizaje, clase tras clase y noche a noche, los mantiene con el ánimo en grado superlativo. Así lo demuestran en cada entrenamiento o en los momentos de competir.
El 9 de octubre, como reconocimiento a la entrega, la dedicación y la disciplina recibieron un nuevo color. Luego del examen, pasaron al frente y escucharon las palabras de aliento del maestro y se ciñeron el cinturón, que mide el nivel de experiencia, el aprendizaje técnico y el crecimiento personal del practicante. “El arte marcial me ha dado una familia. Los alumnos son mis hijos, mi compañía y mis secuaces”.
Brayan ha recorrido varios países en los que ha representado al país en diversas competencias. Este año cumple dos décadas de carrera deportiva. “Alguna vez hice fútbol, pero nunca me gustó”. En la infancia, inspirado por las películas de Bruce Lee y Jackie Chan, lo que quería era dar patadas como lo hacían los actores. “Era un niño soñador”.
Al regresar en el tiempo, reconoce que no imaginó que llegaría hasta el punto en el que se encuentra. Empezó sin apoyo y sin credibilidad. Todo lo alcanzó como fruto del esfuerzo personal. “Maravilloso, hasta el momento, todo”.
La Escuela siempre ha estado en el barrio La Libertad (Comuna 3) y el número de atletas que han pasado por las diferentes sedes no está claro. “Siempre he tratado de buscar en el alumno generar un cambio positivo en lo personal y lo social”. Ese concepto va más allá del aprendizaje para solo dar puños y patadas.
Algunos han alcanzado reconocimiento en el exterior por los triunfos en competencias. “En el país nos ha ido bien. Nos conocen, algunos nos respetan; otros, no tanto, pero de eso se trata”. Cobra Ozunu Kai tiene dos títulos binacionales y Brayan suma buena cantidad de triunfos. El objetivo próximo con los muchachos es que sigan el crecimiento deportivo.
“Los títulos se conseguirán con el tiempo, con la persistencia y con el apoyo de los padres”. El trabajo en equipo vincula a los papás para que en casa la relación sea armoniosa y de buen ejemplo.
La proyección con la escuela apunta hacia México, donde cada año hay competencia. “He estado seis años consecutivos”. Este año van dos representantes. Lo ideal es que la experiencia la viva la mayoría de los alumnos. “Estoy a gusto con los resultados obtenidos a lo largo de los años”.
La voz de los alumnos
Bárbara asiste a la Escuela porque le gusta el deporte y la disciplina que impone. Comenzó el proceso hace dos meses y ha aprendido a dar patadas y puños. “Es una experiencia buena”.
Yazmín Urbina está convencida de que este deporte no es para todos. Quienes lo practican aprenden de respeto y se abren a un mundo diferente. “Las artes marciales son un estilo de vida”. La ceremonia de ascenso comienza con el cinturón blanco, que lo reciben los principiantes, y significa pureza o inocencia.
“La idea, al comienzo, es llegar a cinturón negro y a dan, que es otro nivel superior”. La idea es continuar y mantener la perseverancia en la Escuela.
Adriana Lucía es cinturón negro. “Alguien del común no llegará a tener el grado como el de nosotros”. La explicación es sencilla. “Esto es una pasión y no es fácil llegar a donde estamos”. En ese largo camino se presentan dificultades que pueden hacer pensar en desertar, dejarlo todo a un lado y no volver a las prácticas.
“El maestro siempre ha sido pilar y siempre ha visto las capacidades más allá” de lo que se muestra en las prácticas o en los combates. “Hasta aquí llegamos y aquí estamos”. La idea es continuar hasta que “el cuerpo me lo permita”.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Contraluz.CO Sólo Periodismo


