Lucas: 23, 34
En el evangelio del médico Lucas, el evangelio de la misericordia, Jesús empieza con la palabra Padre y todos sabemos que en la cruz está orando, en contacto con el Padre, que lo fortalece, que lo anima, pero también le permite experimentar lo que asumió, la humanidad. Por eso, en la cruz, contemplamos lo humano y lo divino de Jesús, el Dios con nosotros, el Emanuel, que siente el abandono, que siente la soledad. Pero hoy muestra la dignidad de Dios, el Dios que es Padre misericordioso.
En esta primera palabra quiero definir a Jesús como la parábola de la misericordia del Padre. Los evangelios nos muestran parábolas de la misericordia. La palabra del padre misericordioso, mal llamada parábola del hijo pródigo, la parábola de la oveja perdida, la parábola de la dracma perdida, Pedro que le pregunta a Jesús. ‘Maestro, ¿cuántas veces tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?’ Y Jesús le responde, ‘no te digo hasta 7 veces, Pedro, sino hasta 77 veces 7’. Es decir, perdonar siempre.
Digo que Jesús en la Cruz es parábola de la misericordia y del perdón, porque lo que enseñó por medio de parábolas, palabras y signos, hoy se encarna en Él para que lo encarnemos nosotros.
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. No sabemos lo que hacemos, porque el eclipse del pecado original ha embotado nuestra mente y nuestro corazón y nos cuesta comprender la lógica de Dios. Nos cuesta contemplar el misterio. Y dentro de la lógica de Dios, hay algo ilógico, perdonar hasta a los enemigos. Perdonar a los que nos ofenden, bendecir a los que nos injurian y nos calumnian, Eso es ilógico. Eso no cabe en la razón. Eso se lee y se comprende solo a la luz de la fe con la sabiduría que nos viene de Dios, como don del Espíritu Santo.
La ley del talión del judaísmo, sigue viva en nuestra mente y en nuetro corazón, ‘ojo por ojo, diente por diente’. Me la hace me la paga, dentro de la lógica humana. Jesucristo, parábola de la misericordia, hoy en la cruz nos enseña que en los momentos más difíciles de la vida debemos perdonar. En los momentos de la tribulación, como nos muestra hoy desde el árbol de la vida, el árbol de la cruz.
En lo más profundo de su agonía, aflora el perdón que Él encarna. Jesucristo encarna la misericordia del Padre, por eso, hoy Viernes Santo, contemplando al crucificado, contemplando su corazón abierto, dejémonos seducir por su gracia y dejémonos llenar por su amor y su misericordia, para ser capaces de perdonarnos a nosotros mismos. Cuántas heridas, cuántos resentimientos, cuántas recriminaciones, para nosotros en el corazón cuando no alcanzamos las metas, los objetivos, los logros, los ideales.
Perdonemos al otro. Cuánto resentimiento guardado en nuestro corazón, conservando una amargura del pasado, dejando pasar el presente e impidiendo que actúe la gracia en nosotros, y preocupados por la incertidumbre del futuro, especialmente en este tiempo del coronavirus.
Este obstáculo para la familia, como lo es la pandemia, nos ha dado potencialidades, volvernos a reunir como familia, volvernos a encontrar, volvernos a escuchar, volvernos a mirar a los ojos, mirarnos a la cara y compartir juntos. Que el perdón sea la experiencia que nos ayude a crecer y a renovarnos en familia.
‘Padre, perdónalos porque o saben lo que hacen’. No pecamos por malos. Pecamos por ignorantes, porque como humanos hacemos el mal que no queremos. Dejamos de hacer el bien que sí queremos. La parábola de la misericordia y de la cruz, que es Jesucristo, nos enseña que donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia.
Reconciliarnos y perdonarnos, claro que se puede.
PADRE FABIÁN STAPER
Párroco Cristo Resucitado
Urbanización Niza (Cúcuta)
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