Los colombianos se acostumbraron a las acciones oscuras por parte de los grupos estatales en contra de la población. Desde lo legal, hasta los disparos de fusiles del Ejército, que “defiende a la población colombiana”. El pueblo pide soluciones, los gobiernos envían a la milicia y el Esmad, soluciones de represión y silencio.
Aunque parezca ilógico, la rama ejecutiva (Presidencia, Gobernación, Alcaldía) y la policía persiguen a los vendedores ambulantes de esta ciudad de frontera. Lo paradójico es que los delincuentes hacen de las suyas en las calles y transitan como ‘Pedro por su casa’.
Tal parece que las soluciones más rápidas de William Villamizar Laguado y Pepe Ruiz Paredes son movilizar a la Policía y al Esmad para que correteen e intimiden a los vendedores ambulantes, específicamente en el corregimiento La Parada.
¿El nuevo Código de Policía contemplo que Cúcuta es la ciudad con mayor índice de desempleo e informalidad? O será que ese pequeño datico no lo tuvieron en cuenta el gobernador de Norte de Santander y el alcalde de Villa de Rosario, antes de dar las órdenes de movilizaciones bélicas. Tal parece que la moda de los dirigentes en este momento es lanzar contra el pueblo la fuerza militar ¿Esa es la solución al desempleo, la informalidad y el hambre en la frontera?
La Parada, es un sector con presencia de paramilitares, bandas delincuencias, bacrim, bloques guerrilleros y subgrupos que quieren disputarse el territorio, y hacer de este corregimiento un lugar sin oportunidades laborales dignas, pero sí oportunidad para la violencia despiadada.
La alcaldía de Villa del Rosario no ha tomado las medidas para contribuir de manera correcta. Los millones de dólares que se producen a diario en La Parada, a costa del contrabando, contrasta con el miedo y la pobreza del lugar. Los ciudadanos les temen a los grupos delincuenciales, a la policía y al Esmad, que los agreden como si fueran los delincuentes, y les temen a las decisiones de la alcaldía. Entonces ¿quién protege a la gente honrada de La Parada que es obligada a convivir entre bandidos?
Seguro, la respuesta es “si no son bandidos, por qué viven en La Parada, donde solo hay muerte, desapariciones, contrabando y gasolina”.
Aquí hay sueños, y los sueños que se forjan en la Institución Educativa la Frontera. Miles de niños todos los días se esfuerzan para no ser maleteros, gasolineros o paracos, y llevar el pan de manera digna a casa, cuando tengan el cartón de bachilleres en las manos.
Nadie, absolutamente nadie, tiene la potestad de restringir esos sueños, que pasan el río Táchira todos los días, para llegar al colegio y mostrar la tarea, redactada entre la zozobra de las balaceras en las trochas y calles del barrio La Playa (Colombia) y la invasión Mi Pequeña Barinas (San Antonio- Venezuela).
Esos sueños de los niños deberían ser el objetivo principal del Gobierno, y no corretear a quien trabaja en el puente internacional ‘Simón Bolívar’ vendiendo cocosetes en cajitas que no sobrepasan los 25 centímetros.
Los que dirigen desde arriba, nunca han pensado desde abajo. Esta situación no se va a solucionar con la represión bélica. Aquí se necesitan políticas serias desde la presidencia de la república, asertivas en la gobernación y aplicadas inmediatamente desde la alcaldía de Villa del Rosario.
Los vendedores ambulantes son acusados por tener que pagar una vacuna para trabajar en el sector ¿y si no la pagan? los grupos paramilitares que se han adueñado del corregimiento los matan o los desaparecen, así como han desaparecido a más de 1600 hombres y mujeres en el municipio, según el investigador Javier Osuna. Pero todo sigue en el silencio, Esmad para los vendedores ambulantes.
¿De qué van a vivir las familias de los vendedores ambulantes? ¿Qué van a desayunar los hijos?, porque el gas lacrimógeno no alimenta, asfixia. Cuantas veces más vamos a ver a los vendedores de pasteles, agua, pollo frito, galletas y dulces, recoger del suelo los productos en la mejor de las instancias, si no es que las fuerzas represivas del Estado se las llevan.
¿De quién es esta maldita frontera, del Estado, los paramilitares, las bacrim, de las más de 20 balaceras que son de rutina, del olvido, o simplemente es la frontera de nadie? Pero sí es la frontera que produce millones de dólares al día, gasolina, contrabando y negocios ilegales de una cantidad de gente pulcra de la ciudad.
La frontera necesita presencia y trabajo del Estado, no gas lacrimógeno. Los niños necesitan un territorio que les ofrezca maneras de vida diferentes. Y los vendedores necesitan trabajar, para darles educación a los hijos, y que mañana no sean maleteros, gasolineros, contrabandistas ni paracos.
DON ANÓNIMO – Sin pelos en la lengua
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