Dieciocho años después. Querido ‘Magú’. Siento que tu ausencia en Colombia no ha sido en vano, a pesar del silencio provocado por el terror para afrontar cara acara la corrupción desde todas las esferas conocidas.
La facilidad de manipular a los colombianos aumenta, la mentira se convirtió en forma de vida y la censura el pan de cada día. Pero, seguramente, tu espíritu me confirmaría que nada fue en vano, porque aun sin vida demostraste qué tan sucio es el sistema político que nos gobierna.
Te dolerá escuchar lo que tengo por decir, pero seré sincero. Después de tu muerte no mucho cambió. Tu inexistencia abrió una brecha gigantesca para la intimidación de las voces que trataban de cambiar el rumbo del país, a un territorio de paz y reconciliación.
Los gobiernos tomaron precauciones para no acabar nunca la ignorancia y la pobreza cerebral, de ahí que en 18 años hemos estado en los últimos lugares de los niveles educativos. Los colegios se encargaron de hablar más de Dios, el cielo y el infierno que de la realidad y la historia de nuestro país. Fue más importante el uniforme que el contenido pedagógico, los temas, la crítica, la lucha para construir juntos una Colombia democrática, donde todos nos aceptáramos las diferencias.
En Cúcuta nos topamos con docentes que nos señalaron de “resentidos sociales”, y pusieron a compañeros contra nosotros, argumentando que no queríamos a Colombia. Dime, si buscar la forma de dialogar sin violencia, escuchar al otro, proponer caminos para mejorar las actividades del colegio, emprender actividades en la comunidad ¿si eso no era amar a Colombia, Cúcuta? ¿Entonces qué era? Ese tipo de profesores incentivaron el odio, el rencor.
Otros docentes no esperaron que los estudiantes llegaran ignorantes a las puertas de las universidades públicas y en las clases de sociales y filosofía discutimos la verdad. Tiempo después recurrimos a los libros y la historia, abrimos las pestañas y los oídos. ¡Y dijimos no más! Por eso miles de jóvenes en los barrios más peligrosos se rebelaron contra la violencia, formaron colectivos de paz y luchan día a día para trasformar otras historias de vida que cambiaron el fusil por lápices y la silla para escribir.
Aún persiste el miedo entre nuestras voces, los que divagamos en la oscuridad del desasosiego, ¡y si me pregunta por qué!, una de las razones es que en Colombia han asesinado a más de 57 líderes sociales, solo en el 2017 ¿y sabes qué hace el Estado mientras sucede esto?, nada. Tan impune como el silencio de tu voz.
Así como nadie se hizo culpable de tu muerte, nadie se hace responsable de la pobreza de Colombia, de la crisis en Cúcuta, de la informalidad de nuestros trabajadores, de la incrementación de natalidad, de la desforestación de la selva virgen a mano de multinacionales, de la exterminación de comunidades indígenas por grupos inversionistas estadounidenses y europeos, de la corrupción cantante en gobernaciones y alcaldías. Nadie, absueltamente nadie, tiene la culpa de la situación por la que pasa la frontera. Esto también es un crimen de lesa humanidad, como el de JaimeGarzón.
Imagino el 2017 con tu presencia, YouTuber, alcalde de Bogotá o presidente de la república. A pesar de haber estudiado pedagogía, biología, aviación y derecho no terminaste ninguna y solo después de haber fallecido la Universidad Nacional, en honor y en acto simbólico, entregó el título. Por fin te graduaste en la inmensidad de conocimiento que trascendió a la muerte. No pasaste por la deshonra de falsificar títulos como Peñalosa. Y en tus conferencias siempre dijiste que también eras estudiante del vigésimo noveno semestre de derecho.
A pesar de lo anterior, todos te recuerdan como abogado, pedagogo, humorista crítico, activista, actor, filósofo, locutor, periodista, mediador de paz, alcalde de Sumapaz, trabajador social y un tipo con las gónadas bien puestas. Escuelas, parques, barrios, calles, plazoletas, monumentos llevan el nombre Jaime Garzón en honra a la irreverencia en la insaciable búsqueda de la verdad, reconciliación, equidad, democracia y un gobierno que realmente trabaje para la gente, y que no la gente trabaje para ser esclava del Gobierno.
Antes de establecer una relación legal, ejercías una humana, y nunca fuiste el mismo Heidy, Mr Magu, Jaime o tus personajes Inti de la Oz, Emerson de Francisco, Quemando Central, Compañero John Lenin, Néstor Eli, Godofredo Cínico Caspa, Dioselina y el que nos dejó una gran duda, porque no sabíamos si era un personaje o eras tú en la máxima expresión de personalidad, Heriberto de la Calle.
También, debo decirte que entre tantas falsa almas el expresidente César Gaviria dijo que “la irreverencia de garzón siempre fue bienvenida”, lo paradójico es ¿entonces por qué tener que callarlo? Revolucionaste cosas que jamás imaginaste y quedamos unos cuantos con tu legado, porque nunca vas a desaparecer y moriste físicamente, pero tu discurso está en la memoria de cada uno de nosotros, y ahí vives para siempre.
Me despido, no antes sin afirmarte que los hombres también lloramos, inevitablemente las lágrimas bajan por mis ojos al memorizar todo tu legado. En pocas palabras, y como diría Cesar Augusto Londoño, “Y hasta aquí los deportes, país de mierda” (pum palmada contra la mesa, impotencia). La diferencia es que hoy no habrá un “hasta aquí”, porque aún estás presente con todos nosotros. El gran miope con gónadas en la voz, Jaime Garzón.
ISMAEL GAMBOA
Contraluz.CO Sólo Periodismo