1.- Estamos próximos al cumplimiento de dos años del cierre de la frontera y, que se sepa, nadie ha presentado un resumen de las pérdidas y extravíos que se han cometido y acumulado a lado y lado de los límites, como consecuencia de la separación de las familias, las demoras en la obtención de recursos, la contracción de la demanda, los mayores costos, la crisis en el transporte, las idas y retornos de miles de personas buscando asistencias y alternativas, más el olvido e indiferencia hacia el hallazgo de soluciones y alternativas para una faja territorial que sabe lo que significa y representa la calificación de zonas de integración, pero que calla – en una actitud increíble – porque sus voceros, obligados a velar y defender su suerte, se abstienen de argumentar y pedir apoyos.
Es tan grave lo acontecido – y prosigue – que a esta altura del año nadie sabe tampoco cuándo se inaugurará la nueva vía con el Puente de Tienditas y sus ajustes protocolarios para el transporte y la función aduanera. Y, como si esto fuera poco, las intercomunicaciones de los sectores público y privado, para conectar y mejorar los servicios e intercambios indispensables entre ciudades vecinas y limítrofes – como el agua, el gas, lo aduanero, lo bancario y su modernización, en lo vial, férreo y aéreo – no se plantean por las gobernaciones, alcaldías y asociaciones profesionales y gremiales privadas, porque no hay entendimientos. Y no aludimos a los presidentes de las dos repúblicas, porque estos han viajado a diferentes partes del mundo. Y, menos, a un primario encuentro bilateral fronterizo, entre naciones hermanas y para una situación que reclama atención y urgencia en las soluciones e incentivos, en lo socio económico y político.
2.- Y se han propuesto alternativas, como las que personalmente llevamos a las Cancillerías, en nombre de los que creemos en la integración y las conductas que se deben asumir desde las fronteras, para el progreso de las dos naciones. Pero no tenemos apoyos y hasta nos cierran las puertas – quienes podrían auxiliarnos – bajo el concepto de que somos vehementes y reiterativos. ¿Y no es acaso eso lo que hay que hacer? ¿Por qué esta apatía y letargo?
3.- ¿Qué tal si se contabilizara que el promedio diario de ingreso de vehículos, había llegado a 40.000 diarios y que el movimiento entre sectores, es mínimo y los diálogos y encuentros, no constituyen una convocatoria y un seguimiento general?
JOSÉ NEIRA REY
Contraluz.CO Sólo Periodismo