La sostenibilidad del proceso de reasentamiento es uno de los cuestionamientos más importantes una vez terminada la reconstrucción. Entendiendo por sostenibilidad el mantenimiento en el tiempo no solo de la infraestructura construida en el nuevo casco urbano de Gramalote, sino la consolidación de las relaciones sociales de sus habitantes, los procesos de reactivación económica y el fortalecimiento de la administración local, entre otros.
El proceso de reasentamiento de Gramalote es único en Colombia. En el país no se había adelantado un proceso de estas características y magnitudes, que ha implicado reasentar el casco urbano, alrededor de 950 familias, la refundación de un pueblo entero afectado por una tragedia y que ha tenido que vivir hasta el momento cinco años dispersos mientras se reconstruye el casco urbano. Esto genera retos importantes no solo en el momento de la reconstrucción, como se describió anteriormente, sino además en el momento del traslado y los años que le siguen.
La sostenibilidad de la infraestructura y del tejido social está entrelazada, no se puede hablar de una sin pensar en la otra. En este sentido, la población va a gozar de un pueblo nuevo, con unas condiciones distintas a las que tenía antes del desastre, pero que requieren por parte de la comunidad una acción diferente al convivir con esa infraestructura, porque además de las viviendas nuevas que se les entregarán, el nuevo casco urbano va a contar con un importante porcentaje de espacio público y áreas verdes, característica que no tenía Gramalote antiguo.
El funcionario de la gobernación entrevistado comenta que: “Para lo cual lo único es empezar a vivir allá para empezar a crear una cultura de esa conservación. De aquí, diría yo, no podrían ir aprendidos, eso tiene que ser la gente allá aprendiendo y en ese aprendizaje se van a cometer errores se van a cometer intervenciones no deseadas y ahí es donde uno diría se requeriría de una administración municipal con mucho carácter”. (Rodríguez C., 2016).
Pero por más que la infraestructura implique un cambio de mentalidad y de dinámicas de la comunidad en términos de cuidado del espacio público, algunos funcionarios manifiestan que en términos generales, va a seguir pasando lo que históricamente ha pasado, es decir, Gramalote seguirá siendo un municipio de sexta categoría donde sus mayores ingresos vienen de las transferencias nacionales, seguirá siendo esencial el intercambio urbano-rural, ya que la economía siempre se ha basado en ese intercambio.
Según la exalcaldesa de Gramalote: “Eso responde más a la dinámica de la comunidad, que tiene esos mecanismos de recuperación social”. (Rodríguez S., 2016).
En este orden de ideas, el nuevo casco urbano representa una oportunidad para que los gramaloteros se re-piensen como sociedad, donde la propiedad de la vivienda implica una dinámica desde la formalización de la vida del municipio, por ejemplo con el pago de impuestos y servicios públicos, lo que a su vez trae consigo el reto de la generación de ingresos, que entre otras acciones se podrá ver fortalecido con la posibilidad de convertirse en un nuevo foco de desarrollo turístico en el departamento, una alternativa a lo que tradicionalmente el municipio de Gramalote estaba acostumbrado.
Al respecto, la anterior alcaldesa del municipio comenta que: “Tan bueno es tener equipamientos nuevos como tan difícil es mantenerlos… Ahí va a significarle a la administración municipal una gran capacidad de gestionar hacia adentro con la ciudadanía para que esto sea un ejercicio de que todos cuidamos, todos velamos, todos disfrutamos, como también hacia el mismo gobierno nacional para revisar cómo va a ser esa transición del casco urbano”. (Rodríguez S., 2016).
Una vez sea entregado el casco urbano y el acompañamiento del Fondo Adaptación a través de AECOM, cumpla sus objetivos y finalice, la sostenibilidad del pueblo ya dependerá exclusivamente de sus habitantes liderados por la administración municipal de turno. Para los entrevistados es claro que los pueblos, sin importar las condiciones o los obstáculos que hayan atravesado, tienen
sus propias dinámicas y son capaces de sostenerse, en especial Gramalote y su institucionalidad, que ha pasado por situaciones particulares que le exigen ser cada vez más creativa y tener más capacidad de respuesta.
El gobierno nacional en cabeza del Fondo ha venido haciendo un acompañamiento para ese fortalecimiento, para poder hacer una reingeniería institucional y una restructuración administrativa. Esto es un reto en sí mismo puesto que la alcaldía de Gramalote tiene complejidades en su operación, no tiene secretarías creadas y los perfiles de los actuales funcionarios no cumplen con las necesidades de estos despachos. Esto que implica que antes de que se finalice el acompañamiento es necesario dejar fundadas las bases de una mejor administración local.
Otro reto importante que tendrá la administración municipal en el nuevo casco urbano, está relacionado con el cobro de los servicios públicos y garantizar su sostenibilidad.
La exalcaldesa Sonia Rodríguez, explica con detalle este reto en términos de sostenibilidad de infraestructura y del tejido social: “El Fondo contrató unos expertos, unos consultores locales de aquí del Norte de Santander, que hicieron un ejercicio muy juicioso y muy riguroso, que terminó demostrando, que sostener los servicios públicos, no da que se haga contratando un privado, la cultura ciudadana todavía no da todavía para hacerlo a través de una APC o de una cosa meramente comunitaria, todavía no da el nivel, entonces creo que la única alternativa es que siga siendo la alcaldía el operador director, para garantizar los subsidios y demás” (Rodríguez S., 2016).
Como se ha descrito en apartados anteriores, el Esquema de Ordenamiento Territorial, es claro y firme en algunas normas sociales de cuidado de los espacios públicos del nuevo casco urbano. Esto refuerza la necesidad de una institucionalidad municipal fuerte y “con carácter”, que haga cumplir las normas que le dan piso al nuevo Gramalote y que además genere dinámicas sociales y culturales que garanticen la sostenibilidad de la infraestructura y de la innovación normativa que implicó el EOT.
Para la gobernación, esto implica que: “Si no hay una administración que controle, que tenga inclusive una apropiación de ese modelo urbanístico y que esté pendiente de cualquier posible infracción que se pueda cometer, pues se estropearía, digamos ese experimento, si uno lo pudiera llamar como experimento. Ahora bien, el Plan de Ordenamiento Territorial, es un plan que a mi juicio debe, en la medida en que la comunidad uso de su casco urbano, debe reestudiarse y debe acomodarse” (Rodríguez C., 2016).
Finalmente, existe la preocupación por la población joven que va a llegar al nuevo casco urbano, pues ya lleva viviendo 5 años en una ciudad como Cúcuta donde es posible que tengan más oportunidades que en Gramalote, tendrán la expectativa de estudios de educación superior o técnicos, por lo que se convierte en un reto de la sociedad gramalotera ofrecer oportunidades y fortalecer los vínculos de los jóvenes con el municipio. Algunos funcionarios aseguran que se está trabajando en esto y que se evidencia un grupo importante de jóvenes con gran sentido de pertenencia y compromiso hacia Gramalote.
En conclusión, queda claro que la sostenibilidad es el mayor reto que tienen los habitantes de Gramalote a futuro. Necesitan adaptarse a las nuevas condiciones de vida; generar ingresos desde lo que les ofrece el nuevo casco urbano recuperando sus relaciones urbano-rurales y fortaleciendo la institucionalidad.
El proceso de reasentamiento del nuevo casco urbano de Gramalote se convierte en una oportunidad de repensarse como sociedad y de generar oportunidades económicas y sociales no solo para aquellos que anhelan volver a su pueblo sino para los jóvenes que llegarán a sembrar un nuevo futuro en Gramalote.
(*) La experiencia de intervención en Gramalote: Un caso de reasentamiento en Colombia, Sur América.
Foto: http://sitio.fondoadaptacion.gov.co
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